Por: Marc Hofstetter

Vaivenes argentinos

La Navidad la pasaron los argentinos —acostumbrados a los bandazos macroeconómicos, vaivenes fiscales, saltos cambiarios e inflacionarios y a una montaña rusa en sus ingresos— con la extraña sensación de calma económica. El gobierno de Macri, que había heredado un coctel económico complejo, que incluía la falsificación de las cifras de inflación, el gasto público financiado con emisión del Banco Central y con ahorros pensionales, un déficit fiscal enorme y el acceso al mercado financiero internacional proscrito, parecía haber dado con las teclas para encauzar la economía hacia aguas calmadas.

Había logrado regresar a los mercados financieros internacionales, las cifras de inflación volvían a decir la verdad, el Banco Central había pactado con el gobierno una reducción paulatina del financiamiento monetario del gasto público, la inflación empezaba a ceder (el informe del Banco Central de octubre hablaba de “metas… del 10 % ± 2 % en 2018”) y la política monetaria trataba de emular las mejores prácticas internacionales. Pero un ajuste con tantas aristas requiere que todas las piezas calcen; en medio de la calma había ya algunas señales de que no todo cuadraba.

Pasada la Navidad reventaron las primeras grietas. El Banco Central viendo que las metas de inflación que había reiterado dos meses antes serían difíciles de cumplir, las subió significativamente (el Día de los Inocentes). Y, días más tarde, en lo que es difícil no calificar como un enorme error de política, el mismo Banco bajó las tasas de interés, señalando que las nuevas metas de inflación eran coherentes con una política monetaria más laxa. Los argentinos y los mercados interpretaron esto como un paso atrás en el plan de ajuste y buscaron refugio en las divisas, una estrategia que han aprendido tras décadas de malas prácticas macroeconómicas.

Las presiones cambiarias obligaron al Banco Central a vender reservas internacionales y echar atrás la reducción de tasas de interés. Las grietas forzaron al gobierno a recurrir al FMI, que prometió US$50.000 millones para ayudar a calzar las piezas del ajuste.

Esta semana, ante nuevas señales de incertidumbre, el presidente Macri anunció que pediría al FMI un anticipo de los recursos prometidos. El discurso, diseñado para tranquilizar al mercado, resultó otro mal cálculo sobre los efectos de una comunicación: la moneda perdió la quinta parte de su valor a pesar de que el Banco Central subió las tasas de interés al ¡60 %!

Esa tasa de interés es insostenible y enviará la economía invariablemente a otra recesión, una más en su larga lista: desde 1960, los ingresos medidos por el PIB de los argentinos han decrecido en 21 años diferentes; en Colombia, en uno solo. En términos per cápita, nuestra economía es ahora 3,5 veces más grande que en ese entonces; la argentina, 1,8 veces. La tasa de cambio se ha duplicado desde el año pasado y empujará el alza a la inflación, que vuelve a superar el 30 %, menos de un año después de los anuncios que la vislumbraban en un dígito. Esta historia es un buen recordatorio sobre la importancia de los buenos fundamentos macroeconómicos, que en Colombia tenemos y sin los cuales el desarrollo económico es imposible.

@mahofste

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2018-08-31T23:14:21-05:00

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