Las joyas de la abuela

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No se necesita ser un experto para advertir los riesgos que entraña la intención del gobierno nacional de vender su participación mayoritaria en la empresa Interconexión Eléctrica S.A. (ISA), el segundo activo en importancia que posee la nación después de Ecopetrol.

Los colombianos (que somos, al fin y al cabo, los propietarios de ese activo) nos hemos enterado de esa intención en forma indirecta por las publicaciones de la prensa. Una de las más recientes fue la del viernes pasado en El Espectador, que muestra la solidez y el rendimiento sobresalientes de ISA, su alta calificación internacional y la considerable cuantía de los ingresos que entrega a la nación –un billón de pesos anuales en impuestos y dividendos en los últimos tres años–, todo lo cual la hace muy atractiva para los posibles compradores.

En el lenguaje esotérico que utiliza la burocracia, especialmente en el campo económico, el gobierno comunicó a la Superintendencia Financiera que está contemplando la venta como una manera de “optimizar la rentabilidad del portafolio de empresas en las que tiene participación la nación, y su mejor aprovechamiento”. Estas fueron las palabras empleadas en esa comunicación por Adriana Mazuera Child, directora de Participaciones Estatales del Ministerio de Hacienda.

Lo primero que habría que ver es cómo se van a “optimizar” los jugosos beneficios que el gobierno recibe por su participación en ISA. Todo indica que el producto de la venta iría en su mayor parte a tapar el hueco fiscal de 11 billones de pesos que enfrenta la administración y que la ha llevado a anunciar otra reforma tributaria. Si de esto se trata, lo que se tiene proyectado es semejante a lo que hace una familia en aprietos cuando vende las joyas de la abuela.

En efecto, basta con hacer unas simples cuentas para concluir que desprenderse de ISA traería más perjuicios que beneficios. La compañía ha venido creciendo en una forma exponencial, reflejada en el valor de su acción, que en 2015 estaba en 7.200 pesos y hoy vale 29.100; este es un crecimiento de 26 por ciento, en comparación con un discreto 1,77 por ciento de la bolsa de Colombia. El beneficio que esto significa para la nación se agrega a los dividendos y el impuesto sobre la renta y es una fuente muy importante de ingresos para atender las crecientes necesidades de caja.

Aunque ISA es más pequeña que Ecopetrol, tiene la ventaja de que participa en mercados regulados, con flujos de larguísimo plazo y muy predecibles porque no están atados a variaciones especulativas. Es la empresa ideal para un dueño con vocación de largo plazo, como lo es la Nación. Renunciar a sus ingresos es peor que vender la tienda; es como vender la pensión.

La indeseable probabilidad que se plantea en este caso trae a la mente el célebre apunte que se atribuye a Alfonso López Pumarejo y que retrata tan cabalmente el alma colombiana: “Como esta fiesta está tan buena, vámonos para otra fiesta”.

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