Venezuela occidental y uribista

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Sí hay mal que dure 100 años y sí hay cuerpo que lo resista. Ahí estamos, hasta las rodillas, en un país que otra vez se hunde en la violencia, ahora con masacres de jóvenes y en la corrupción más desatada; la normalita de siempre más la del COVID-19. Ríos de millones, y el Gobierno cual hoja en remolino, teniendo que darles gusto a los empresarios que lo financiaron y ahora a los abogados de Uribe, que al parecer redactan o al menos inspiran las alocuciones presidenciales sobre la detención del jefe; lo que hace pensar, como teme Claudia López, que si Duque se pasó los dos primeros años entorpeciendo el proceso de paz y moviéndole la canoa a la JEP, pasará los dos que siguen resolviéndole el problemita a Uribe con la Corte Suprema.

El pasado fin de semana los colombianos asistimos a un alucinante espectáculo: esa triunfal ronda de medios de Uribe en la que pudo decir durante horas, sin ser controvertido por nadie, absolutamente todo lo que se le dio la real gana, regándose en insultos contra la Corte, el senador Iván Cepeda y quienes hayan tenido el atrevimiento de oponerse a sus intereses; en fin, una asombrosa performance que recordó ese viejo programa, El Show de las Estrellas, pues más que un imputado por fraude procesal parecía un ídolo de la canción, alguien que hubiera triunfado en algún concurso internacional o recibido un importante premio; algún Premio Nobel, casi. Lo curioso es que, tras semejante exhibición de poder y desprecio por la justicia, aún se queje de que la Corte piense que, en libertad, podría intervenir y contaminar su proceso. Si se comporta así en arresto domiciliario, ¿cómo sería sin restricciones?

Pero, sobre todo, ¿cómo es posible semejante irrespeto a la Constitución y que no pase nada? ¿Y que tenga el apoyo del presidente, garante de la Constitución? Estamos ya en la Venezuela chavista tan temida, el castrochavismo a la inversa. El gobierno Uribe III nos convirtió en una Venezuela occidental de derecha. Duque tiene su Aló, presidente y está dichoso. ¡Adiós a la Corte Suprema! Quieren además constituyente y un referendo para moldear la justicia. José Obdulio es el Diosdado del uribismo. Paloma es la Delcy Rodríguez. Allá nos tienen a Aida Merlano y acá les tenemos a Guaidó. Allá les temen a las declaraciones de Saab y aquí a las de Mancuso, por eso el Gobierno hace mal el trámite de extradición, pues ¿qué tal que de verdad lo devuelvan?

Y de postre, la última gran “jugadita”. Arrivederci, amigos. Uribe renuncia al Senado y deja a la Corte viendo un chispero. ¿Pero qué se creían? ¿Que iban a agarrar así de fácil a alguien que tiene 270 procesos que incluyen asesinatos y masacres? ¿Pensaron que se iba a rendir quien, en palabras de Claudia López, “fue el único narcoparamilitar que coronó la Presidencia”? Uribe muere matando, si es que muere; eso que él llama “ser frentero” y que en su región se considera una virtud casi teologal. Se saldrá con la suya, supongo, y Barbosita, que parece el decorador de Duque, pondrá su caso en el mismo refrigerador de la Fiscalía en el que está el de Santiago Uribe, junto a las aguas saborizadas y los productos Postobón. Y así podrán dedicarse todos a la campaña de Tommy Uribe, por una eterna Venezuela occidental y uribista.

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