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MUCHO SE HA ESCRITO, OPINADO Y dicho sobre el libro publicado por la Fundación Arco Iris, con el título Parapolítica, la ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos, documento que pretenciosamente se promociona como “la investigación más escalofriante de la historia reciente”.
Su lectura, efectivamente, produce muchos escalofríos. El primero de ellos corre por cuenta de su abusiva y protuberante falta de rigurosidad académica. Las matrices implementadas en nada se compadecen con los preceptos elementales de la investigación científica, hecho que llama muchísimo la atención por cuanto el organizador del equipo es Mauricio Romero, un académico con experiencia en la esquematización de trabajos de esa naturaleza. Al menos esa es la imagen que me hice de él cuando ejerció como coordinador de mi tesis de pregrado.
La “obra” de Arco Iris es una compilación de baldones contra la clase política antioqueña en general y contra el presidente Uribe en particular, en la que se nota, claramente, un odio visceral de quienes le aportaron su granito de arena al panfleto en mención.
Produce escalofrío adicional la fuente de financiación de la seudoinvestigación o, mejor, de la parainvestigación que fue generosamente patrocinada por la Agencia Sueca de Cooperación para el Desarrollo Internacional (ASDI). Increíble pero cierto. Los obsecuentes y generosísimos suecos, esos mismos que albergan en su territorio a los encargados de hacerle propaganda a la banda terrorista de las Farc, no dudaron un segundo en girar un jugoso cheque para subvencionar el libelo de Arco Iris.
Tengo entendido que la cooperación internacional tiene un objetivo fundamental: el desarrollo. Si es así, entonces estamos frente a un preocupante caso de injerencia en los asuntos internos colombianos, porque Parapolítica, la ruta de la expansión paramilitar y los acuerdos políticos es un escrito puramente político, con un insoportable tufo proselitista y ya se imaginarán a favor de qué colectividad. ¿Qué hace el gobierno de Suecia financiando, a través de su agencia de cooperación, actividades relacionadas con el devenir político y judicial de Colombia? ¿Dicha actitud no obliga a darle una revisión a la política de cooperación de ese país hacia el nuestro?
Pero los suecos se defenderán con ese desesperante tono mamerto que al que a veces apelan. Tal vez, alegarán que ellos patrocinan el pluralismo, lo cual es falso, porque si así fuera entonces que nos digan por qué le tiraron la puerta en la cara al Centro de Pensamiento Primero Colombia, cuando acudió a ellos para buscar que, en la misma medida, financiaran la publicación del libro Parapolítica, verdades y mentiras, obra que acaba de salir a la venta y en la que sus autores revisan y controvierten a la farsa dañina de León Valencia y sus secuaces de Arco Iris.
El país ya conoce una presentación de la historia. La negra, la que es objeto de una inaceptable manipulación de la verdad, esa que es politiquera, pero que pretende mostrarse como una noble investigación científica. Ahora, corresponde examinar la otra parte, la que desvirtúa la totalidad de las conclusiones calenturientas de la anterior, exponiendo todas y cada una de las verdades y mentiras que se mueven en torno de la parapolítica. Una vez vista la fotografía completa, la opinión pública tendrá los elementos que le permitan definir ante cuál de las versiones inclinarse reverencialmente.
