Por: Patricia Lara Salive

Vergüenza

Vergüenza y pesar produce hoy la política internacional de Colombia. Después de que el país se había ganado el mayor respeto mundial, en el último año y medio se ha perfilado como una nación que no tiene palabra, que incumple sus compromisos internacionales y que es incapaz de diseñar una política exterior que beneficie a sus ciudadanos, porque está arrodillada ante el ala radical del partido de gobierno, Centro Democrático, y ante los caprichos e intereses electorales de Donald Trump.

Es así como el presidente Duque, en cuanto se posesionó y para complacer a Trump, insistió en que se reanudara la fumigación de la coca con glifosato y se fue olvidando de los compromisos sobre sustitución de cultivos adquiridos con los campesinos, única forma inteligente de enfrentar el problema. Se empeñó en que su prioridad era tumbar a Nicolás Maduro y, en lugar de acordar un mecanismo de comunicación mínima con un vecino conflictivo con el que se comparten más de 2.000 kilómetros de una frontera llena de problemas, apoyó hasta el ridículo al autoproclamado presidente Juan Guaidó, un señor sin poder alguno y cada vez más cuestionado. Duque ordenó que, por primera vez en la historia, Colombia se abstuviera de condenar el bloqueo de EE. UU. contra Cuba en la Asamblea de la ONU y, lo que es peor, indujo a ese país, según lo dio a entender el comisionado de Paz, Miguel Ceballos, a que incluyera a Cuba en la lista de países que no cooperan en la lucha contra el terrorismo, todo porque Cuba ha cumplido su compromiso como país garante del proceso de paz con el Eln y se ha negado a extraditar a los miembros de la delegación de diálogo que llegaron a la isla por solicitud del Estado colombiano, porque existe un protocolo que debe aplicarse en caso de ruptura de los diálogos y que estipula cómo deben regresar los guerrilleros a Colombia.

Esa actuación del gobierno de Duque dio al traste no solo con la posibilidad de que se negocie la paz con el Eln, sino también puso en peligro cualquier negociación de paz de otros países, porque ninguna nación va a querer servir de garante de un proceso si corre el riesgo de que, por hacerlo, la incluyan en la lista de países que apoyan el terrorismo.

(Y de que Cuba esté en esa encrucijada, también es responsable el Eln. Pero ese será tema de otra columna).

Por ahora, lo único que nos queda es ofrecerle disculpas a Cuba y decirle gracias de todo corazón.

***

Señor presidente, una amenaza en la que el “Bloque Capital (Reorganizado)” nos declara “objetivos militares” al exministro Carlos Bula, al senador Alexánder López, al sindicalista Hernando Hernández y a mí, por promover la reanudación del proceso de paz con el Eln, dice: “No somos una organización fantasma ni tenemos que utilizar seudónimos estúpidos. Fuimos fundados hace algunos años por importantes personalidades del país. Nos disolvimos cuando la ofensiva comunista del gobierno Santos impidió nuestro funcionamiento. Hoy con un gobierno distinto nos estamos reorganizando”.

¿Usted qué opina de que hagan esas afirmaciones, presidente? ¿Por qué ese bloque paramilitar siente que tiene licencia para reorganizarse durante su gobierno?

Respetuosamente le solicito que, de manera pública y contundente, descalifique al Bloque Capital, rechace sus afirmaciones y anuncie que los perseguirá de modo implacable. De lo contrario, creeremos que es cierto lo que dicen: que Santos les impidió funcionar, pero que, en su gobierno, tienen licencia para reorganizarse y para amenazar, por ahora…

www.patricialarasalive.com, @patricialarasa

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2020-05-22T00:00:47-05:00

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