Por: Jorge Gómez Pinilla

Voto obligatorio, es ahora o nunca

Partamos de las siguientes consideraciones:

- La primera fuerza política de Colombia es el abstencionismo: los que no votan usualmente son más de la mitad de los votantes, llegándose en casos hasta un 65 por ciento o más de apatía electoral.

- Una votación en la que vota menos del 50 por ciento del censo electoral debería declararse ilegítima, porque no se conoce la voluntad de la mayoría de los electores.

- La gente no vota porque cree que todos los políticos son corruptos, pero es precisamente cuando se abstiene de votar que patrocina la elección de los corruptos. A nadie más que a un político corrupto le conviene que la gente no vote, porque le queda más fácil hacerse elegir armando redes clientelares o acudiendo a la compra de votos al menudeo.

- Votar debería ser un deber ciudadano, como pagar impuestos.

- El voto en blanco como medida de protesta tiene un peso político mayor -y decisivo- cuando va acompañado del voto obligatorio, incluso podría forzar a una nueva elección si se impone por la mitad más uno.

En conclusión, el voto obligatorio es más positivo que negativo, y todas estas consideraciones deberían servir como motor de empuje de una iniciativa que convoque al mayor número posible de políticos, con una doble finalidad posible:

1-) Presionar al Congreso para que expida una ley que obligue a los colombianos a votar en las dos siguientes elecciones, como un instrumento pedagógico: cuando los votantes comparen los resultados entre lo que era una elección donde ganaba el abstencionismo y otra en la que TODOS votan, aprenderán a valorar la importancia de cada voto individual.

2-) Impulsar a una recolección de firmas similar a la que se adelantó para sacar adelante la consulta anticorrupción, que obligue al Congreso a convocar a un referendo para que el pueblo decida si quiere o no el voto obligatorio.

La primera opción es la ideal, pero, considerando que el voto obligatorio es cuchillo para el propio pescuezo de los políticos y en tal medida se hacen los morrongos para su aprobación, queda la segunda opción: más demorada, pero definitiva.

Estas reflexiones nos hemos venido haciendo en El Unicornio, medio digital de resistencia y denuncia periodística creado en días recientes contra los abusos de los políticos en general, y contra la censura de prensa que ha venido desplegando este gobierno en particular.

He querido entonces abusar de la confianza de El Espectador y aprovechar esta columna para anunciar que desde El Unicornio estamos lanzando la iniciativa aquí descrita, la cual en una primera fase comprende acercarse a los políticos favorables a la idea de imponer el voto obligatorio, con el propósito de hacer causa común para llevarla a buen puerto.

Fue así como en días pasados entrevisté al exvicepresidente Humberto de la Calle, y frente a la iniciativa de imponer el voto obligatorio manifestó estar “totalmente de acuerdo. Con lo que estamos viendo de corrupción en la política, el fantasma de la financiación ilegal no ha sido derrotado. El voto obligatorio permitiría incorporar tal cantidad de votantes nuevos, que minimizaría el impacto de la financiación ilegal y podría generar una oleada a favor del cambio”.

La misma inquietud aquí planteada se la transmitiremos a políticos como Claudia López, Gustavo Petro, Ángela Robledo, Camilo Romero, Antonio Navarro, Jorge Enrique Robledo, Iván Cepeda, Germán Navas Talero, Juan Fernando Cristo, Gustavo Bolívar, Leonidas Gómez, Roy Barreras, Rodolfo Hernández, Juanita Goebertus, Inti Asprilla o los hermanos Carlos Fernando y Juan Manuel Galán, entre otros, a la espera de encontrar la receptividad necesaria para seguir impulsando este proyecto de saneamiento de la vida democrática y lucha frontal contra la corrupción electoral.

Noticia en desarrollo.

DE REMATE. Mientras en Brasil un expresidente de la República acaba de salir de la cárcel, en Colombia, si la Corte Suprema de Justicia actuara en derecho, un expresidente estaría a punto de entrar en ella. Paradoja o coincidencia, es lo que hay. En su última columna Daniel Coronell reveló que la misma defensa de Álvaro Uribe pidió a la Corte que no le impongan a su cliente una medida tan "agresiva" como mandarlo a la cárcel, sino que le pongan "un brazalete electrónico". Esto trasluce, sin asomo de duda, una confesión tácita de culpa.

En Twitter e Instagram: @Jorgomezpinilla

 http://jorgegomezpinilla.blogspot.com/

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