Por: Columnista invitado EE

Y llegado el caso, vivir por defender la paz

Por: Farouk Caballero

Hace 200 años necesitábamos guerreros en armas para lograr la libertad; hoy necesitamos guerreros sin armas para defender la paz.

Las batallas de hoy no requieren más muertos, sino mayor compromiso para que el mensaje de paz sea comprendido por un país sistemáticamente maleducado y desinformado. No es posible que las familias más jodidas de Colombia celebren el retorno de la guerra. Lo hacen por su desconocimiento, que es obra del mismo establecimiento para mantenerlos con vendas en los ojos y como ejércitos que desde hace dos siglos sacrifican a sus hijos para que mueran en batallas que solo favorecen a los poderosos; quienes, dicho sea de paso, jamás mandan a sus propios hijos a morir en el fuego absurdo que ellos incendian.

En La Habana se firmó el mejor acuerdo posible y el proceso de paz se hizo realidad. Las crisis no demoraron en aparecer, porque las dificultades de un proceso de tal magnitud histórica lógicamente vendrían. Y llegaron. Y llegaron con Santrich y llegaron con los excombatientes cazados por las fuerzas militares colombianas. Y llegaron con el genocidio de líderes sociales, muchos de ellos reclamantes de tierras propias que han sido usurpadas por familias tan poderosas como mercenarias.

Razones tienen Iván Márquez, Santrich, El Paisa y compañía para dudar de un gobierno inoperante en mil aspectos, pero decidido desde su campaña para hacer trizas la paz. Frente a esto hay que volver a los anteriores procesos de paz, en los que los militantes de la Unión Patriótica fueron cazados como hoy en día los líderes y excombatientes de las Farc. Esto ratifica que en Colombia el holocausto es cíclico. Por eso, dudan y frente a esto la literatura colombiana dejó testimonio en la pluma de Plinio Apuleyo Mendoza. Con su cuento “El día que enterramos las armas” se recuerda un holocausto anterior contra las Guerrillas del Llano en los cincuenta. Allí se lee una cita de una vigencia horrorosa en el caso de las Farc, pues una vez los guerrilleros quedaron sin armas, los cazaron: De un tiro. Como a Guadalupe y al Negro Suárez. A todos fue cobrándoles el Ejército su cuenta, uno por uno. Es tan fácil quebrar una ramita suelta… Los que se dieron cuenta del engaño y se volvieron al monte, tuvieron que quedarse para siempre con el rótulo de bandoleros. Y con ese rótulo de epitafio se murieron también”.

Agosto de sangre y memoria

Ahora bien, que Iván Márquez y compañía tengan razones de peso histórico absoluto para dudar, no significa que su salida armada sea el único camino, porque también Marquetalia debe quedar, de una vez y para siempre, en nuestro pasado. No para olvidarla, como hacen hoy día borrando con “informes” la verdad histórica del Palacio de Justicia. Debemos aprender de los fallos del pasado para blindar la paz y mirar un futuro sin guerra. Debemos trabajar con todo lo que tenemos para vivir por defender la paz. Para darle un país distinto a las nuevas generaciones, para que las familias menos favorecidas en este país tan desigual, no tengan que matarse entre sí, para que sus hijos no empuñen armas militares, policiales, paramilitares o guerrilleras. Para que no nos masacremos entre compatriotas y este mes sí que nos debe abrir los ojos desde los magnicidios del pasado.  

Hace 30 años, el 18 de agosto de 1989, el político liberal Luis Carlos Galán fue asesinado, pero los dueños del plomo olvidaron que no hay balas suficientes para masacrar las ideas. Podrán matar los cuerpos, pero jamás los ideales. Así lo dijo Galán y así debemos recordarlo, por eso es fundamental no olvidar, como él mismo lo dijo, que “si no se logra una paz definitiva, en un corto plazo se multiplicarían las acciones terroristas y la inseguridad se incrementaría en las zonas urbanas. Al caer el país en proceso de radicalización tendríamos que pasar por una nueva etapa de desolación y tragedia sin que nadie pueda predecir lo que ocurriría al final ni el precio gigantesco que pagaría la nación por un nuevo periodo de fanatismo y de locura”; No lo escuchamos, menos lo entendimos, pero el pueblo colombiano es tan resistente, que todavía estamos a tiempo para hondear las banderas del pensamiento de Galán y ofrendar nuestras vidas al servicio de la paz.

Del mismo modo, pero hace dos décadas, el 13 de agosto de 1999, fue masacrado el cuerpo de Jaime Garzón. Los sicarios acabaron con su vida, pero sus pensamientos son tan vigentes como eternos. Por eso, hay que decirle a cada familia, repetir en cada escuela, leer en cada salón de clase, pararse y decirle al vecino, hablar en el bus o en el taxi, en el avión o en el yate, sobre la última frase que dijo Garzón un día antes de recibir balazos cobardes. Vestía el buzo blanco con el que lo acribillaron el fatídico 13 de agosto. Le dijo a la prensa peruana esta máxima para proteger la paz en momentos de crisis como este: “ya más muertos no se necesitan en este país, más miedo no se necesita, se necesita que se sienten a hablar […] Cuando se distancien, otra vez hay que volverlos a sentar, cuando se pongan bravos, otra vez hay que volverlos a sentar, que no se levanten hasta que haya un acuerdo, porque todas las veces que se ha interrumpido, ha sido peor, más muertos, más tragedia, más agresión de lado y lado […] hay que darse la pela por la paz… y la paz es siéntese a hablar, por favor siéntese a hablar”.

Ahí están dos máximas para cambiar el discurso. Un puñado de señores de la guerra no nos vencerán. Ya está bueno que dejemos de repetir ese adoctrinamiento en las escuelas de la “Oración patria” donde nos forman como manadas descerebradas para dizque “llegado al caso morir por defenderte”. Basta ya, hay que vivir por defender la paz. Hay que guerrear con las armas de la razón, de la solidaridad y de la esperanza. Pasaron dos siglos de la Batalla de Boyacá que se ganó con sangre, hoy se debe continuar luchando en la Batalla de Colombia por la paz, que se ganará con cerebro, dolor de patria y compromiso con aquellos colombianos pobres ––militares, policías, paramilitares y guerrilleros— que siempre mueren en la guerra.

@faroukcaballero

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