Por: José Manuel Restrepo

Y para crecer al doble, ¿qué?

Los más recientes datos del DANE dejan una profunda preocupación en relación con el crecimiento de la economía y su impacto en el empleo de los colombianos, asunto que de inmediato significa un efecto igualmente peligroso en el ingreso de las familias y, con ello, en su capacidad de consumo. Luego de muchos meses en que la tasa de desempleo venía disminuyendo o por lo menos era estable, agosto de 2017 muestra un incremento significativo en la tasa de desempleo del 8,5 % de 2016 al 9,2 % en 2017. El dato es aún más preocupante cuando se compara dicha cifra para las zonas urbanas más representativas del país, donde volvemos al doble dígito en materia de desempleo, al pasar del 9,2 % en 2016 al 10,5 % en 2017. De las 23 ciudades que estudia el DANE, en el 75 % de ellas el desempleo viene en aumento, asunto que no es de poca monta en función de las posibilidades de crecimiento a corto y mediano plazo. Está claro, entonces, que lo que preveíamos iba a suceder más temprano que tarde, empieza a ocurrir, y la desaceleración económica empieza a pasar la factura en materia de empleo. Es evidente que un país como el nuestro, creciendo en su PIB entre el 1 y el 2 %, tiene una dificultad estructural para sostener el nivel de ocupación.

A la preocupación anterior es menester sumar las ya frecuentes disminuciones o menores previsiones de las tasas de crecimiento proyectado del PIB de Colombia tanto para 2017 como para 2018 por organismos internacionales (FMI, Banco Mundial, Cepal, OCDE) y las estimaciones de los expertos en el sentido de que el nuevo crecimiento potencial del país se puede ubicar entre el 3 y el 4 %, cifra que es igualmente precaria si queremos seguir disminuyendo la tasa de desempleo y generando ingresos en la economía.

Lo anterior me recuerda un libro que fue publicado en referencia a la vida, obra, legado y secretos del presidente Alfonso López Michelsen bajo el título Palabras pendientes, un trabajo de entrevistas y conversaciones del presidente con el periodista Enrique Santos Calderón. Dicho libro tiene una parte en la que el presidente hace referencia a su preocupación sobre la fuente de crecimiento de largo plazo de Colombia. Comenta que por muchos años vivimos del café, por otros tantos del petróleo, y la pregunta de fondo que plantea es de qué vamos a vivir de allí en adelante (entre otras, con sentido visionario, anticipándose a lo que viene ocurriendo en Colombia en los últimos dos años). Llega incluso a recomendar a la juventud hacer uso de su inteligencia creativa para lograrlo. Para mi gusto, esta es una de las preguntas centrales que, entre otras, debería exigírsele a cada candidato presidencial, porque representa el almendrón de para dónde va Colombia. Siento de entrada que no existe una respuesta en las propuestas de candidatos, ni del Estado en su realidad actual.

Esta es la misma pregunta que nos dejó el vicepresidente del Banco Mundial, Paul Romer, en reciente visita a Bogotá, cuando afirmó que “Colombia debe pensar cómo crecer el doble”, para luego recomendar la urgencia de diversificarse, de acelerar la tasa de crecimiento y no dedicarse exclusivamente a pensar en cómo controlar las fluctuaciones, que es a lo que nos hemos dedicado con programas como PIPE 1 y 2 (Plan de Impulso a la Productividad y el Empleo) y ahora con Colombia Repunta. Todos ellos programas de acción a un muy corto plazo que han reposado especialmente en el sector construcción.

Para enfrentar la elevación en el desempleo que empieza a asomar la cabeza, no es suficiente proponer acciones a corto plazo que enfrenten la fluctuación; es indispensable pensar en identificar sectores estratégicos claves y focalizar acciones para su crecimiento y desarrollo, preparar políticas que nos preparen para el fin del bono demográfico y empezar a enfrentar trabas al desarrollo empresarial en temas como legislación de tierras, consulta a comunidades y licencias ambientales, así como acciones específicas para elevar la productividad y competitividad empresarial, en donde llevamos años de discurso y, a su vez, de estancamiento.

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