Por: Madame Papita

Yo le pongo sazón

La base de la vida y el amor la cantaba Celia Cruz a su esposo, Pedro, y de ella, la reina del azúcar y la alegría, lo aprendí, y así lo aplico en mi vida:

“Una taza de cariño

Un chin chin de pimentón

Revolverlo con ternura

Y dar besitos a montón.

Una pizca de alegría

Un costal de comprensión”.

Tanto a la cocina como a la vida hay que ponerles sazón. Echarle aliños a ese pollo que no sabe a nada si no se alegra con buenos condimentos y hierbas. Endulzar los malos días con abrazos y compasión.

Por eso, recientemente renové la huerta de mi casa y ahora las especias siempre están frescas: tomillo, laurel, perejil, albahaca, cilantro y romero, pero también cidrón, yerbabuena y limonaria para las aguas aromáticas. Y es que a menos que me tome un té no me soporto una tizana de sobre; tener una huerta de aromáticas y especias no es caro, no requiere mayor espacio, se plantan en cualquiera matera y la retribución para la vida y nuestra cocina es toda.

El tener esa huerta ha hecho que cree platos de un minuto a otro solo con ver qué tengo para cosechar. Un pollo con papas al romero; un lomo al perejil; una pasta con albahaca, tomates frescos y queso mozzarella; un cerdo adobado en laurel y tomillo, y ni se diga el pavo que horneé en estos días lleno de todas las hierbas, cebolla, pimentón, ajo y vino.

Estoy convencida de que la base del amor a nuestra pareja y a quienes queremos está en siempre dar, aportar algo nuevo, ponerle condimentos al diario vivir, en la novedad de lo que entreguemos está la base de una relación divertida y llena de sabor. No estamos allí solo para los momentos de alegría y por eso es clave ponerle amor y energía a cada detalle, a cada comida, a cada día que compartimos juntos.

Y sabor por montones fue lo que encontré en un nuevo restaurante peruano de influencia nikkei y amazónica en plena avenida 85 de la Zona Rosa de Bogotá. Se llama Qun (@qunbogota), hace un homenaje a los cuatro elementos y divide su carta en tierra, agua, aire y fuego. Los ceviches, como siempre, son mi debilidad y amé el ceviche Ancón, clásico ceviche limeño de pescado de temporada con unos toques picantitos. Mi acompañante pidió el ceviche Paracas, que es una versión del milenario ceviche de trucha, aguacate o palta y leche de tigre de gulupa, con causa limeña y servido sobre una tierra de salsa mi Perú al ají amarillo. Todos los tiraditos son un tiro al piso: el de trucha y langostinos crocantes es una exquisitez y el de pulpo baby, con vieiras y pesca del día es delicioso y además hermoso de ver, lleno de brotes, flores comestibles y unos ricos croutons de camote.

De fuerte busquen una suculenta cazuela Matsuei de langostinos, pulpo y paiche que aseguro levanta un muerto; el chupe arequipeño, que es un rocoto relleno de camarones y queso, o el rey de la carta; el Yakimeshi, arroz al estilo japonés de pato Pekín al cilindro, chanchito a la caja china, camarones y cecina amazónica con mix de verduras. Todas estas delicias tienen su maridaje perfecto con un pisco sour o una chicha morada. ¡Salud y sazón!

@Chefguty

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