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150 años del primer ministro negro, el más joven en la historia colombiana (análisis)

Luis Antonio Robles le gana por cinco meses a Luis Carlos Galán Sarmiento. Este artículo fue escrito por Daniel Mera Villamizar, director de la Fundación Color de Colombia.

Daniel Mera Villamizar, director de la Fundación Color de Colombia

05 de abril de 2026 - 07:01 p. m.
Luis Antonio Robles y Luis Carlos Galán Sarmiento.
Foto: Archivo Particular
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El 7 de abril de 1876, el presidente de los Estados Unidos de Colombia, el santandereano Aquileo Parra, nombró como Secretario del Tesoro y Crédito Público a Luis Antonio Robles Suárez, abogado del Colegio Mayor del Rosario.

El “diputado negro” Robles, como se le conocía en ese momento, había nacido el 24 de octubre de 1849 en Camarones, una comarca de la jurisdicción de Riohacha, La Guajira. Tenía 26 años, cinco meses y 13 días de edad al recibir la designación.

Casi un siglo después, el 7 de agosto de 1970, el presidente Misael Pastrana Borrero, huilense, nombró Ministro de Educación Nacional a Luis Carlos Galán Sarmiento, abogado y economista de la Pontificia Universidad Javeriana.

Galán había nacido el 29 de septiembre de 1943 en Bucaramanga, Santander. Tenía 26 años, 10 meses y ocho días de edad al ser designado.

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Aunque debe decirse que estamos hablando del pasado recordado o reivindicado, sin descartar que los historiadores puedan encontrar un ministro de menos edad, a hoy el hecho es que los colombianos deberíamos corregir el dato de historia política sobre quién ha sido el ministro más joven. No Galán, sino Robles, por cuatro meses y tres semanas de diferencia.

¿Un ministro muy joven improvisado?

Aunque sorprenda, tanto Robles como Galán tenían un recorrido y una personalidad política cuando fueron nombrados a los 26 años.

Luis Antonio Robles, de hecho, era representante del Estado Soberano del Magdalena en la Cámara de Representantes cuando Aquileo Parra lo designó.

Ya eran célebres sus debates con José María Samper, partidario de Núñez. “El partido radical ha encontrado su orador”, se decía.

Robles fue colegial del Rosario, una distinción de excelencia y liderazgo que muy pocos estudiantes alcanzan, y en el Claustro había conocido al expresidente Manuel Murillo Toro.

Una vez graduado en 1872, y siendo de nuevo presidente Murillo Toro, este lo designó Director de Educación Pública del Magdalena; en 1874 ascendió a Secretario General del mismo Estado, y ese año fue elegido diputado a la Asamblea del Estado, cargos en los que se destacó. En 1876 ganó las elecciones para la Cámara y regresó a Bogotá.

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Luis Carlos Galán, por su parte, al graduarse en 1965 entró al diario El Tiempo, donde “desarrolló una vertiginosa carrera como periodista, editorialista, asistente del director, columnista y miembro de la junta directiva, siempre con el apoyo del expresidente Eduardo Santos”.

Y un año antes de ser nombrado ministro, en 1969, el presidente Carlos Lleras Restrepo lo designó secretario de la delegación de Colombia a la Segunda Conferencia Mundial de Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en Nueva Delhi.

Pero la mejor prueba de que los presidentes Aquileo Parra y Misael Pastrana no se equivocaron con estos nombramientos es que Robles y Galán fueron protagonistas políticos durante dos décadas más, hasta sus prematuras muertes (Robles por enfermedad a los 49 años, y Galán por asesinato a los 46).

¿Pero cómo hizo un negro en esa época?

Hijo de un hogar campesino que había acumulado algunas tierras y ganado, Robles quedó huérfano de padre siendo muy niño, y entonces su madre, Manuela, tomó las decisiones fundamentales para su vida. Enviarlo a hacer la primaria en Riohacha, la secundaria en Cartagena y los estudios superiores en Bogotá.

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Claramente, Robles era un estudiante muy inteligente, con el espíritu para irse a otras ciudades, que contó con la fortuna de una mamá visionaria y los medios económicos.

En Bogotá hizo amistad con el dirigente magdalenense José Ignacio Díazgranados, quien ayudaría a la carrera del prospecto guajiro.

Naturalmente, el factor racial estaba presente, pero eso nunca lo detuvo. En 1876, recién llegado al Congreso de la República, otro representante quiso amilanarlo gritándole “negro” mientras intervenía.

Robles desnudó con prontitud su brazo y lo mostró a las barras y a sus colegas como para señalar a través de su piel la sangre que había en sus venas, cuentan sus biógrafos José Antonio Iregui (contemporáneo) y Jacobo Pérez Escobar (próximo a cumplir 101 años, vivo, secretario general de la Constituyente de 1991).

Exclamó: “Esta sangre, la misma de mi raza, sirvió también en la guerra magna para fecundar el árbol de la libertad: en la obra de la independencia ni la sangre de los negros escaseó, ni los blancos la hubieran repudiado como innecesaria. Sí, pertenezco a la raza redimida por la República, y mi deber es servirle a la que volvió pedazos el yugo secular”.

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El racista calló y las barras aplaudieron atronadoramente. Había triunfado el orador y quedaba la estampa de una sociedad que podía ofender y aplaudir (como hoy en un partido de la selección Colombia). Al poco tiempo, Robles fue elegido vicepresidente de la Cámara.

No solo había triunfado el orador, sino que había surgido una inmejorable descripción histórica de la legitimidad de la población negra en la creación de la república colombiana, que enlazó con elocuencia la gesta naval del general José Padilla en la independencia.

134 años después, la Universidad del Rosario esculpió una placa con el sentido de esas palabras de su antiguo colegial y la puso al lado de la de Rafael Uribe Uribe.

El presidente Aquileo Parra sabía que estaba nombrando ministro a una nueva “estrella del firmamento liberal”.

Tanta personalidad política tenía el joven Secretario del Tesoro y Crédito Público que estuvo encargado un tiempo del Despacho de Guerra y dejaría el ministerio para asumir como coronel la Jefatura del Estado Mayor del Ejército enviado a someter una revolución del Estado del Magdalena, episodio típico en el convulsionado periodo del federalismo.

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Robles luego sería presidente del Estado Soberano del Magdalena, derrocado por una expedición armada ordenada por Rafael Núñez desde la presidencia del Estado de Bolívar; y único vocero del liberalismo en el Congreso de 1892, bajo la Regeneración, que manipulaba los distritos electorales para impedir la elección de representantes liberales.

Al morir Núñez en 1894, Robles contestó en el Congreso el discurso laudatorio acerca del Regenerador, dando lugar a un gran debate en el que Fidel Cano, fundador de El Espectador, lo respaldó, a riesgo de ser clausurado el periódico.

Fue catedrático de Derecho Civil, Mercantil y Legislación de la Universidad Republicana, antecesora de la Universidad Libre de Colombia, autor de libros jurídicos y colaborador de opinión de múltiples periódicos.

Cuando Luis Antonio “El negro” Robles falleció en 1899, 29 oradores hicieron el elogio fúnebre ante una multitud desbordada en el cementerio central de la capital. Todavía sorprende el registro de la prensa de la época.

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Era el pueblo liberal doblemente adolorido, por la muerte de Robles y por la opresión, representado desde los dignatarios, los letrados, los militares, la prensa, hasta los artesanos ante el féretro de un símbolo del liberalismo radical.

Pocas semanas después, Rafael Uribe Uribe clamaría en la Cámara de Representantes:

“Por eso venimos hoy a deciros, por última vez, que nos deis libertad para exponer y defender nuestro derecho con el voto, con la pluma y con los labios; de lo contrario, nadie en el mundo tendrá poder bastante para impedir que tengan la palabra los cañones de nuestros fusiles”.

Los liberales sabían que estaban despidiendo a un timonel que les haría falta en la guerra civil inevitable. Tal vez eso ayude a explicar la impresionante conmoción nacional que causó la muerte de Robles.

En cualquier caso, 150 años después de su nombramiento como ministro, sigue siendo un símbolo y se le recuerda.

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Por Daniel Mera Villamizar, director de la Fundación Color de Colombia

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