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Algunas lecciones de la historia

Desde siempre, el país ha sido testigo de los acuerdos para construir gobiernos con diferentes fuerzas políticas. Uno de los momentos cumbre de estas iniciativas fue el Frente Nacional, en el que liberalismo y conservatismo se rotaron el poder.

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Redacción Política
05 de junio de 2010 - 08:59 p. m.
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Para solucionar crisis políticas, la historia de Colombia abunda en convocatorias a la unidad nacional. En 1895, por ejemplo, para no inhabilitarse en su aspiración a ser reelecto, el presidente conservador Miguel Antonio Caro le entregó el cargo a su designado Guillermo Quintero Calderón. Cuando el mandatario encargado quiso recomponer el gabinete ministerial para darles participación a todas las fuerzas, Caro, autócrata por naturaleza, reasumió de inmediato, desautorizó las alianzas y siguió gobernando con los suyos.

En parte, esta exclusión política fue la causa de la Guerra de los Mil Días (1899-1902). Gobernaba el conservador Miguel Antonio Sanclemente, pero por enfermedad dejó el cargo a José Manuel Marroquín. Éste quiso impulsar reformas para darle aire al liberalismo, pero el ex presidente Caro forzó la presencia de Sanclemente, quien echó atrás los acuerdos. En julio de 1900, conservadores y liberales distantes de Caro, a través de Marroquín, dieron golpe de Estado. Ya en el poder, Marroquín se olvidó de las reformas.

Después de la guerra, en 1904 entró a gobernar el conservador Rafael Reyes, quien invitó a los partidos a unirse a su gobierno de “Paz, concordia y trabajo”. Varios liberales, entre ellos Uribe Uribe, aceptaron la alianza y participaron en el gobierno. Sin embargo, éste desbordó en el autoritarismo y después de que Reyes logró que le ampliaran su período de gobierno, se comenzó a gestar una fuerza de liberales y conservadores que lo forzó a renunciar en 1909. Esta unión política llegó al poder a nombre del Partido Republicano.

Los republicanos sólo duraron cuatro años en el poder. En las elecciones de 1914, una alianza de liberales y conservadores llevó a la Presidencia a José Vicente Concha. Con él se afianzó la “Hegemonía conservadora”. No obstante, para las elecciones de 1930, con un electorado hastiado de “la rosca” y un partido de gobierno dividido, los liberales volvieron a la Presidencia con Enrique Olaya. Su gobierno tuvo como lema “la concentración nacional”, es decir, participación de los dos partidos en posiciones de poder.

En cambio, el presidente Alfonso López impulsó la “Revolución en Marcha” con la Reforma Constitucional de 1936, a la cual se opusieron el conservatismo y buena parte de los liberales. Por eso nació la Asociación Patriótica Nacional (Apen), para enfrentar las reformas sociales de López. Uno de los líderes de esta empresa fue Eduardo Santos, quien sucedió a López en 1938, impuso un estilo de menos política y más administración, y desde su primer día dejó claro que iba a ser más Jefe de Estado que jefe de partido.

En 1942 volvió Alfonso López, pero no pudo reeditar su “Revolución en Marcha”, porque la oposición le hizo la vida tan difícil que lo forzó a renunciar en 1945. Un año más tarde, los conservadores volvieron al poder con Mariano Ospina, con un Congreso de mayoría liberal. Cuando asesinaron a Jorge Eliécer Gaitán en 1948, la salida fue un gobierno de unidad nacional para contener la crisis. Un año después se deshizo, se precipitó el Estado de Sitio y, sin oposición, en 1950 ganó la Presidencia el conservador Laureano Gómez.

Lo tumbó el general Rojas Pinilla tres años después en un “Golpe de Opinión”, pues llegó a la Casa de Nariño del brazo del liberalismo y una fracción del conservatismo. La idea fue la unidad nacional. Y esa misma directriz obró cuatro años después para acabar con la dictadura. Y para complementar la idea, a través de los pactos de Sitges y Benidorm, liberales y conservadores impulsaron un plebiscito en 1957 que creó el Frente Nacional y les permitió alternarse en el poder, con equitativa participación burocrática, durante 16 años.

El Frente Nacional frenó la violencia partidista, pero excluyó a otras fuerzas políticas. Éstas fueron creando movimientos que naufragaron ante los candidatos frentenacionalistas. Después de esta experiencia, el liberalismo triunfó dos veces, pero en 1982, con un discurso multipartidista de convocatoria nacional, ganó la Presidencia Belisario Betancur. En 1986 ganó el liberal Virgilio Barco y decidió hacer un gobierno de partido. La oposición conservadora fue tenaz. Ni siquiera ante la ofensiva narcoterrorista hubo tregua política.

En 1990 ganó César Gaviria y en medio de la crisis, con gran respaldo social, nació la Asamblea Nacional Constituyente que reformó la Carta Política. Todas las fuerzas políticas tuvieron representación, pero el organismo planteó un dilema  al revocarle el mandato al Congreso. Cuando se restituyó el Poder Legislativo, éste pasó la cuenta de cobro y dejó la Constitución de 1991 en veremos. Después vinieron Samper y la crisis del 8.000, donde a cada momento crítico volvió a surgir la tesis de un gobierno de unidad nacional.

Cuando Andrés Pastrana, a partir de 1998, embarcó al país en la aventura del Caguán, en cada crisis siempre apareció la invocación a un Frente Nacional por la Paz, o un gobierno de unidad. La historia prueba que no ha sido otra cosa que unión política para facilitar gobernabilidad. La diferencia es que en los tiempos de Álvaro Uribe, el Partido Liberal se hizo trizas, a la colectividad que él mismo formó terminó sumándose el conservatismo y la gobernabilidad tomó el nombre de programa de Estado: la Seguridad Democrática.

Ahora vuelve y juega la tesis del gobierno de unidad nacional y quien lo invoca es el candidato del Partido de la U, Juan Manuel Santos, para garantizar su victoria en las urnas el próximo 20 de junio. Se habla de unión programática, pero en el fondo se sabe que es gobernabilidad, puestos, la clase política cerrando filas frente a otras opciones de gobierno. Del lado de Mockus se habla de Alianza Ciudadana. ¿Será capaz de cambiar el peso de la historia cuando se sabe que su soporte es el voto de opinión contra las maquinarias?

Por Redacción Política

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