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Álvaro Uribe, ex presidente

Uribistas y opositores vaticinan sobre el futuro del Presidente por fuera del poder: unos lo ven tirando línea y defendiendo su seguridad democrática y otros deprimido y defendiéndose ante la Corte Penal Internacional.

Hugo García Segura

05 de septiembre de 2008 - 09:36 p. m.
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Algunos como el secretario del Partido de la U, Luis Guillermo Giraldo, se niegan a aceptar la idea. Pero quiérase o no, algún día ello será una realidad: el presidente Álvaro Uribe Vélez será ex presidente. Puede que sea el 8 de agosto de 2010 o quizás ese mismo día pero en 2014.

Eso todavía no se sabe. Y si bien el mismo Primer Mandatario se ha encargado de sembrar incertidumbre al negarse a responder si le jalará  a una segunda reelección, también ha dado puntadas de lo que puede ser su futuro al decir que “no es bueno perpetuarse en el poder”, porque, según ha dicho, ello le quita “frescura a la democracia”.

Si nos atenemos a aquello de que “al buen entendedor pocas palabras”, es bueno entonces comenzar a imaginarse cómo será ese Uribe ex presidente, sobre todo teniendo en cuenta que en Colombia los ex mandatarios antes que pasar al olvido, como sucede en Estados Unidos, se convierten en punto de referencia para el ejercicio político de las nuevas generaciones, tiran línea, deciden el rumbo de los partidos y algunos, cuando hablan, “ponen a pensar al país”, como decían que sucedía con Alfonso López Michelsen. Claro, hay que tener en cuenta también las palabras de otro ex jefe de Estado, Ernesto Samper, quien alguna vez dijo que los ex presidentes “son como un jarrón chino, que nadie sabe dónde ponerlo, pero tampoco se atreven a regalarlo”.

A Uribe, unos se lo imaginan al frente de los destinos de un partido el de la U o el Liberal, o manejando El Ubérrimo su finca en las llanuras de Córdoba. Otros lo ven en la academia, en un medio de comunicación, de alcalde de un pueblito en Antioquia una de las cosas que le gustaría hacer, según expresó en una entrevista radial y algunos incluso creen que terminará defendiéndose ante la Corte Penal Internacional. Lo cierto es que, aun tratándose de un ejercicio de pura imaginación política, con un ambiente tan caldeado como el de los últimos días, las posiciones se polarizan y no falta quien lo vea “sufriendo la viudez del poder”, como dice la senadora liberal Cecilia López.

Otros, en cambio, como el senador uribista Jairo Clopatofsky, se imaginan a un Uribe ex presidente convocando a la unión de todas las fuerzas políticas afines a su pensamiento y dirigiendo el partido que le dio la luz en la política electoral: el liberalismo. “Lo vislumbro unificando al Partido de la U, invitando a Cambio Radical y a  otros de grupos pequeños, armando un gran bloque que se llamará el Partido Liberal”.

Por su parte, el presidente del Partido Conservador, senador Efraín Cepeda, cree que Álvaro Uribe será una persona que nunca dejará de opinar sobre los destinos del país y que siempre estará pensando en el “beneficio” de todos los colombianos.

Alguien que lo conoce muy bien, el senador Óscar Darío Pérez, quien trabajó con Uribe en los tiempos de la Gobernación de Antioquia, piensa que se tomará un año sabático al salir de la Presidencia, en el cual probablemente “se dedicará a estudiar en Estados Unidos y a defender su seguridad democrática de todas aquellas ONG de izquierda que han querido enlodar su mandato”. Lo que sí tiene claro Pérez es que “no se quedará quieto” y que habrá Uribe “para rato”.

El senador Juan Carlos Vélez, de la U, lo imagina con un criadero de caballos y como alcalde de Rionegro o algún otro municipio antioqueño, pero “siempre tirando línea en la política, hasta el día que se muera”.

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En la otra orilla, el juego de la predicción se convierte en malos augurios. “Probablemente va a hacer esfuerzos para seguir mangoneando al país desde afuera. Pero me lo imagino en una depresión horrible porque todos los problemas de inestabilidad emocional que hoy son manifiestos se le van a disparar”, dice el senador del Polo Democrático Jorge Enrique Robledo, al tiempo que su copartidario Jaime Dussán cree que estará “defendiéndose ante la Corte Penal Internacional por haber sido alcahueta de tantos crímenes”. Y el liberal Camilo Sánchez lo ve alejado de la política, defraudado al descubrir que hubo mucha gente que lo utilizó, y sintiendo con rigor “la soledad del poder”.

 

Por Hugo García Segura

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