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4 May 2022 - 2:00 a. m.

Análisis: Colombia necesita estadistas

Para el fortalecimiento de nuestra democracia, necesitamos líderes políticos demócratas y estadistas con experiencia y visión comprensiva de las variables política, económica, social, cultural, ambiental y científico-técnica e innovativa, tanto a nivel nacional como internacional.

Especial para El Espectador

Alfonso Lopez Pumarejo, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo.
archivo et
Alfonso Lopez Pumarejo, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo. archivo et

Hoy, más que nunca, se me presenta como crítica la ausencia apropiada de líderes políticos demócratas con vocación de estadistas. Y es que al realizar un análisis serio del papel del sistema educativo y la política contemporánea colombiana, encontramos que una de las deficiencias sustantivas es que no estamos preparando los estadistas que necesita nuestro sistema político.

Y cuando nos referimos a un estadista ¿cómo lo conceptualizo? Entiendo que, como su nombre lo indica, un estadista es un hombre de Estado. Es un líder político democrático con experiencia y visión comprensiva de las variables política, económica, social, cultural, ambiental y científico-técnica e innovativa, tanto a nivel nacional como internacional. Así mismo, está acompañado de un equipo de gobierno que conoce y propone alternativas viables a esos problemas e instancias.

Un estadista es en fin, un líder político democrático que ha tenido práctica como burócrata y/o tecnócrata y ha demostrado, con su labor, su capacidad tecnopolítica para ejercer el poder éticamente y con visión de futuro. Es un ciudadano muy bien formado, que tiene vocación de servicio público y lo ha ejercido pensando en las futuras generaciones.

Ejemplos de estadistas occidentales, a lo largo de los siglos XX y XXI, son: Winston Churchill, Charles De Gaulle, François Mitterrand, Franklin Delano Rooselvet, Mahatma Ghandi, Konrad Adenauer, Ludwig Erhard, Wilhelm Röpke, Frederich Ebert, Willy Brandt, Ángela Merkel, John F. Kennedy, Barack Obama, Felipe González, Ricardo Lagos, Óscar Arias Sánchez, Fernando Henrique Cardoso…, Alfonso López Pumarejo, Darío Echandía, Alberto Lleras Camargo, Carlos Lleras Restrepo, Gilberto Echeverry Mejía…

Refriéndonos al proceso político colombiano durante los siglos XX y XXI, notemos que un gran número de colombianos estamos ahítos de las incompetencias, indelicadezas, corruptelas, abusos de poder, leguleyadas y politiquerías de quienes han accedido a la Presidencia de la República y, en los últimos decenios, a amplios grupos del Congreso, de gobernaciones y alcaldías. Ellos han abusado de la generosidad y, a veces, de la ingenuidad, pobreza e ignorancia, de sectores mayoritarios nacionales. Pero, ahí está la historia(1) para indicar a quienes sirvieron con valor civil, dedicación, conocimiento y eticidad, y a los que se beneficiaron y enriquecieron en el ejercicio del poder.

Ahora en 2022, nos encontramos en un momento histórico significante para que repensemos la conveniencia de elegir estadistas y no buscadores y beneficiarios del poder político, psicopatologizados(2) por el ejercicio del mando. Los ciudadanos de nuestra generación tuvimos la fortuna de conocer y ver actuar estadistas y líderes políticos que respetaron la dignidad y grandeza del cargo.

Entonces, en nuestros días los colombianos queremos civilistas respetuosos de los derechos humanos y del fuero de los militares, que ejerzan legítimamente como Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas, como corresponde a un régimen presidencial democrático. Que conozcan el funcionamiento complementario de las tres ramas del poder público y que, consecuente con las tendencias del último decenio en América Latina y el mundo, gobiernen organizando estructuralmente el sistema de pesos y contrapesos e impidan la concentración del poder en el ejecutivo, y que como corresponde, no se realicen artimañas contra la respetabilidad de los magistrados de nuestras Cortes.

Confiamos tener Jefes de Estado que sean capaces de conducir y definir el proceso de paz. No para bajar la guardia frente a los grupos subversivos, narcotraficantes, paramilitares y sus combinaciones, sino para abrir posibilidades de celebrar acuerdos políticos y decisiones de autoridad, encaminados a concretar en la práctica histórica el Acuerdo de Paz firmado en 2016. Debe estar claro que, en este proceso, se seguirá empleando, en la medida que sea necesario, la acción represiva del Estado.

Esperamos tener presidentes que fortalezcan la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría, la Contaduría General de la Nación, la Jurisdicción Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad, y que tomen decisiones en relación con el Consejo Superior de la Judicatura. Que gobiernen en la Casa de Nariño, asesorados por los colombianos mejor capacitados y comprometidos. Insisto: burócratas y tecnócratas sin los cuales no es posible cristalizar la democracia participativa en nuestros días(3).

Necesitamos que los estadistas dispongan de un programa previamente definido; que designen a sus ministros para realizar un proyecto nacional que concrete como ejes: la descentralización, la regionalización, la planeación democrática indicativa, la democratización y la construcción de la paz.

En cuanto a la administración y la gestión pública profesional, anhelamos que promuevan, al más alto nivel, el fortalecimiento de la Escuela de Alto Gobierno, adscrita a la Escuela Superior de Administración Pública y fundada en 1997, para la formación -al más alto nivel- de los funcionarios pertenecientes a las tres ramas del poder público.

Tenemos urgencia de presidentes que conozcan la diversidad regional y local, y aborden la nueva configuración de los procesos urbanos y rurales; que hayan estudiado las deficiencias existentes en los ámbitos de la pobreza, la vivienda, los servicios de agua potable, luz e internet. Así como en la educación, el trabajo, la salud, la cultura, la seguridad, el vestido, la recreación y el medio ambiente, y propongan alternativas viables para solucionar las injusticias histórico-estructurales, especialmente en el campo colombiano.

Que sepan articular las políticas monetaria, fiscal, cambiaria, exportadora (cafetera, minera y petrolera…), con metas realistas que faciliten la redistribución de los ingresos y el desarrollo nacional, teniendo en cuenta el proceso globalizador(4).

Los demócratas colombianos deseamos elegir estadistas que fortalezcan las relaciones de Colombia con el resto del mundo, especialmente con los latinoamericanos –como lo dispone nuestra Constitución- y que sepan ampliar nuestros mercados promoviendo las exportaciones, aprovechando las excepcionales riquezas nacionales, incluyendo la industria y el conocimiento. Así mismo, que promuevan alternativas actualizadas para nuestras amplias zonas fronterizas.

Confiamos poder elegir presidentes que, por su experiencia y vocación de servicio a Colombia, congreguen la capacidad productiva de los gremios y concerten, con los líderes sindicales, políticas que permitan dinamizar un desarrollo integral, que no identifiquen el desarrollo con el mero crecimiento económico. Que a sabiendas de la vocación agropecuaria colombiana, fortalezcan la modernización del sector y sus instituciones, protegiendo a los más pobres(5).

Necesitamos jefes de Estado que estén dispuestos a articular la ciencia, la tecnología y la innovación y comprendan el gran poder que estas tienen como fuerzas dinamizadoras de nuestra sociedad. Que, preservando la libertad de prensa, agencien una política con los medios de comunicación, de tal manera que, estando abiertos a los avances del mundo, profundicen los valores nacionales con conciencia latinoamericana e impulsen nuestra identidad múltiple, como Nación progresista y equitativa. Así mismo, que definan planes, programas y proyectos para la preservación, conservación y disfrute de nuestro patrimonio cultural, artístico e histórico.

Anhelamos primeros mandatarios que den a la mujer la participación propia de su calidad intelectual y capacidad administrativa, demostrada en el ejercicio de la función pública. Deseamos que impulsen una moderna organización deportiva que consolide y desarrolle las potencialidades nacionales al respecto.

Complementariamente, me permito enunciar temas en torno a los cuales conviene adelantar diálogos entre diversos partidos y movimientos que faciliten concretar políticas en torno a: la reducción de la pobreza y la miseria, con un enfoque de equidad; la consecución de la paz y la seguridad ciudadana; la defensa de la democracia y del Estado Social de Derecho; la erradicación de la corrupción y la politiquería; la reconstrucción de la ética ciudadana; la preparación para enfrentar el cambio climático; la recuperación del desarrollo económico mundial; la amenaza del proteccionismo en el comercio internacional; la lucha mundial contra el narcotráfico y el paramilitarismo; y el respeto a los derechos humanos.

Esperamos que los estadistas colombianos contribuyan eficientemente a resolver los cinco imperativos globales del siglo xxi, a saber: i. El desarrollo sostenible. ii. La prevención como un marco para la cooperación internacional. iii. La construcción de un mundo más seguro y más protegido. iv. Apoyar a los países en transición y v. Trabajar con y para las mujeres y personas jóvenes.

En gran síntesis: los demócratas estamos invitados a elegir, entre mayo y junio, a un presidente ético; que nos permita seguir trabajando para cristalizar una Nación democrática, justa (con estructuras que organicen la equidad ante el poder); pacífica (con ausencia de violencia abierta, estructural y cultural); libre (sin sometimiento a potencia mundial alguna e interrelacionada con todas las naciones); y con capacidad de institucionalizar un proceso de desarrollo sostenible.


* Exdirector de la Escuela Superior de Administración Pública, Esap, fundador de la Escuela de Alto Gobierno. roasuarez@yahoo.com

Referencias

1. Para un acercamiento serio a una “mirada integral al país”, me permito recomendar la lectura de los siguientes textos: Jorge Orlando Melo (2020): Colombia: Una historia mínima. Planeta Colombiana. Bogotá; Guillermo Perry. (2019). DECIDÍ CONTARLO. Debate. Penguin Random House. Bogotá; Enrique Santos Calderón. (2018). El país que me tocó. Debate. Bogotá; Hernando Roa Suárez. (2018). El liderazgo político. Análisis de casos. 5ta Ed. Ibáñez. Bogotá.

2. Empleo el término, en la forma como fue utilizada por el profesor y tratadista Harold Laswell y sus discípulos.

3. Estúdiese el papel estratégico que al respecto deben desempeñar específicamente, la Escuela Superior

de Administración Pública y su Escuela de Alto Gobierno, fundada hace 25 años.

4. El estudio de los aportes post keynesianos nos dan claridad para aplicar salidas viables y democráticas en nuestro país.

5. Importantes proyectos, realizaciones y leyes en trámite, se están adelantando al respecto.

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