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Análisis de Rodrigo Pardo. De CAP a Petro: ¿volver a vivir?

Al cumplirse 100 años del nacimiento de Carlos Andrés Pérez vuelve a reconstruirse, otra vez, la relación bilateral con Venezuela. ¿Qué es distinto?

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Rodrigo Pardo * @RPardoGP / ESPECIAL PARA EL ESPECTADOR
30 de octubre de 2022 - 02:00 a. m.
De parte del gobierno de Gustavo Petro, Armando Benedetti se presentó como embajador de Colombia ante el gobierno de Venezuela. Aquí con el presidente Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores.
De parte del gobierno de Gustavo Petro, Armando Benedetti se presentó como embajador de Colombia ante el gobierno de Venezuela. Aquí con el presidente Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores.
Foto: AFP - YURI CORTEZ
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Se cumplió el viernes pasado el centenario del nacimiento de Carlos Andrés Pérez, (1922), quien fue presidente de Venezuela en dos ocasiones: 1974-79 y 1989-93. Un político impetuoso, nacido en Táchira, cercano a Colombia, y uno de los mandatarios de su país con mayor proyección internacional. No terminó su segundo período por decisiones judiciales en su contra, el 21 de mayo de 1998, en relación con pagos ordenados por él como mandatario de un rubro -la partida secreta- que le permitía hacer gastos sin pasar por el Congreso. Pero en sus dos períodos presidenciales fue activo y modernizante -y controvertido, por supuesto-, y aprovechó un momento de auge petrolero para impulsar la economía, construir obras de infraestructura, poner en marcha el ambicioso programa de becas Mariscal de Ayacucho y vincular a Venezuela a las grandes corrientes internacionales.

Mucha agua ha corrido bajo los puentes, pero desde las presidencias de Pérez en Venezuela hasta hoy se mantienen realidades que siguen vigentes a pesar del paso de los años y de las oscilaciones que ha tenido la historia de los dos países. A raíz del centenario de CAP se ha recordado su legado y también se han hecho paralelos entre las distantes -y distintas- coyunturas políticas en los dos países y en la relación bilateral.

Justo cuando el gobierno de Gustavo Petro decidió reabrir relaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro después de un cierre largo y penoso. Ha pasado mucho tiempo y, en consecuencia, se han modificado muchas cosas aquí y allá entre los dos momentos. Pero también hay imágenes que tienden a repetirse, como la del fin de una crisis en los lazos bilaterales a raíz de una coyuntura de cambio político interno. Antes fue en Venezuela, con el arribo de CAP al palacio de Miraflores, hoy es en Colombia con la llegada de Petro a la primera magistratura. No son momentos parecidos, ni mucho menos, pero demuestran que la relación binacional -¿interdependiente?, ¿cercana?, ¿inevitable?- va más allá de la repetición y superación de momentos internos complejos de esos que tienden a repetirse una y otra vez en estos países.

Los embajadores recién nombrados (Armando Benedetti de Colombia y Félix Plascencia de Venezuela) tienen una tarea difícil de reconstrucción. Después de un largo cierre de un lustro en los canales diplomáticos, las embajadas no existen y las que perduran están semidestruidas. Y hoy son, también, una imagen del estado de las relaciones diplomáticas y constituyen una lección sobre el hecho de que cuando hay problemas graves se necesitan más -y no menos- instrumentos de comunicación. Más, en vez de menos, diplomacia.

La gran pregunta es qué harán los gobiernos de Bogotá y Caracas una vez consolidado el acuerdo para reabrir las relaciones (que ya está en marcha). Los problemas no son menores. Reactivar las economías y los instrumentos de trabajo, en muchos casos conjuntos, es una tarea que tomará tiempo de reconstruir. El futuro de la democracia en el país vecino y la paz interna a este lado de la frontera son asuntos nacionales y domésticos, pero ya está visto que afectan, también, los vínculos binacionales. La paz en Colombia y la democracia en Venezuela son los determinantes de la buena relación en el largo plazo.

Los dos países han superado, más de una vez, momentos de rompimiento y coyunturas binacionales complejas. ¿No es un momento de alguna manera semejante al de los años 90 que se necesita (y que a la vez es propicio) para explorar nuevos caminos? Vale decir, ¿para revisar y reconstruir los instrumentos de entendimiento bilateral? Los dos países podrían hacer una revisión de sus experiencias anteriores y de las de otros países que han pasado por situaciones difíciles. De paso: ¿se encontrarán los presidentes Petro y Maduro? ¿Están limadas las asperezas del pasado? Y el gran interrogante: ¿existen la madurez y los instrumentos para tratar asuntos delicados como la falta de democracia en Venezuela y los efectos de la violencia colombiana a este lado de la frontera?

El momento, en síntesis, es crucial. No será fácil reconstruir una relación afectada por la parálisis larga que han tenido los mecanismos de entendimiento entre Bogotá y Caracas. Pero también es una gran oportunidad para revisar instrumentos que no funcionaron en el pasado o lo hicieron solo de manera parcial. De lo que se trata, ahora, es de construir un camino nuevo y menos vulnerable.

* Excanciller de Colombia y periodista.

Por Rodrigo Pardo * @RPardoGP / ESPECIAL PARA EL ESPECTADOR

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