Augusto Espinosa Valderrama: una remembranza en el centenario de su nacimiento

El hijo del dirigente y congresista liberal muerto en 1986 recuerda su legado en este pequeño homenaje el día que cumpliría 100 años.

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Daniel Fernando Espinosa Silva
05 de junio de 2019 - 01:26 p. m.
Augusto Espinosa Valderrama, dirigente liberal. / Archivo familia Espinosa
Augusto Espinosa Valderrama, dirigente liberal. / Archivo familia Espinosa
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El 5 de junio del presente año se cumplió el centenario del nacimiento de mi padre, Augusto Espinosa Valderrama, quien se despidió de este mundo el 27 de septiembre de 1986, hace casi 33 años.

Es imposible olvidar a un ser humano integral y ejemplar, sobre todo cuando su vida fue brillante y quedó representada en un libro abierto para su familia y para el país en general.

Siempre dedicó su vida a servir a Colombia y a trabajar de manera incansable por su Partido Liberal.

En la presentación de su libro Escritos Políticos y Económicos “La Fidelidad a un Pensamiento y al Partido Liberal” quedó resumido su servicio a Colombia:

De la época del gran López Pumarejo, de la recordada y anhelada Revolución en marcha, y de las luces siempre presentes del período consolidador de Eduardo Santos, recorrí los caminos de los comienzos de mi vida política, al lado de Gabriel Turbay y Alejandro Galvis Galvis; la lucha por la candidatura del partido; los años de lucha regional; la creación del Comité de Acción Santandereana; mis años de ganadero durante la dictadura; la creación del Frente Nacional; mi paso por el Ministerio de Agricultura y la Gerencia de la Caja Agraria; la Presidencia de la Dirección Nacional Liberal y la unión con el M.R.L.; la Reforma Constitucional de 1968; el debate de “Vives Peñalosa”; la declaratoria de la emergencia económica por López Michelsen; la Asamblea Constituyente; la Reforma Constitucional de 1979; mis dos Precandidaturas, y la Campaña Presidencial de unión; mis últimos documentos trabajados con entusiasmo y dedicación como testimonio final”.

Su otra pasión fue el Partido Liberal, su desarrollo, sus ejecutorias y su voluntad de servicio hacia la satisfacción de las necesidades de la ciudadanía, primando, ante todo, los principios de igualdad, equidad y justicia.

Fue tanta su preocupación por el derrotero de su Partido Liberal, que sobre la organización de los partidos, en la presentación de su libro Reflexiones para el Cambio, en febrero de 1986, dejó un aporte que aún permanece vigente:

Esa falta de organización les resta fuerza y casi elimina por entero su disciplina interna. Con la consecuencia de perder operancia en la propia acción política y en las tareas gubernamentales y parlamentarias. Y con el resultado prácticamente fatal de la incapacidad para el cambio que se promete mas no se convierte en realidad. Faltan el hilo de la continuidad en el trabajo, la perseverancia en las orientaciones, la energía indomable que se requiere para oponer las transformaciones a fondo a la revolución violenta”.

No quería dejar pasar este onomástico de mi padre de forma desapercibida. La conformación actual de las edades de nuestros habitantes nos indica que una gran parte de las personas que estamos vivas no se acuerdan de este hombre que dedicó su existencia a prepararse para llegar al peldaño más alto de la organización del Estado colombiano.

En este momento, quiero recordar con fervor al familiar irremplazable e inolvidable, al padre ejemplar y absolutamente responsable, al esposo inigualable que siempre fue, al abuelo querendón que supo alcanzar a disfrutar a sus cuatro nietos mayores, pero también deseo rendir un homenaje al ciudadano íntegro, al político integral, al servidor público por excelencia, al parlamentario de siempre, al liberal de quilates, no sin antes dejar frente a su memoria, un testimonio de respeto, de admiración y de profundo amor.

(Puede complementar el conocimiento de Augusto Espinosa Valderrama en esta semblanza)

Por Daniel Fernando Espinosa Silva

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