El país político apenas empieza a digerir la magnitud del fallo de la Corte Constitucional. No sólo hundió el referendo que buscaba habilitar una segunda reelección del presidente Álvaro Uribe, sino que de un plumazo cerró cualquier vía para que, a quien lo suceda, no le pique el bicho de tres mandatos consecutivos. De frente con El Espectador, en un extenso diálogo, el presidente del alto tribunal, magistrado Mauricio González, explicó por qué, así se hubieran cumplido a cabalidad todos los trámites de la iniciativa ciudadana, de cualquier manera, ésta habría naufragado en la Corte: sencillamente, una segunda reelección quebrantaba el espíritu de la Carta Política de 1991 y, por eso, era imposible aprobarla.
¿Qué magistrado propuso el debate sobre cómo una segunda reelección quebrantaba la democracia?
El origen fueron las múltiples intervenciones ciudadanas. Desde 2005 la Corte había dicho que la reelección era posible por una sola vez, con una ley de garantías que equilibrara la contienda electoral, entonces era entendible que ese debate trascendiera el de los vicios de procedimiento y se llegara al tema de la sustitución de la Carta Magna. Además, el ponente Humberto Sierra, de una manera muy inteligente y bien explicada, hizo un recuento de toda la jurisprudencia constitucional hasta nuestros días y también dejó, a nivel de ponencia, planteado el problema.
¿Se cerró el paso para que ni Uribe ni ningún otro mandatario pueda permanecer más de dos períodos en el poder?
La Corte cerró la posibilidad de que, vía Congreso o referendo, sea posible un segundo período de reelección presidencial.
¿La única forma de habilitar esa posibilidad sería a través de una asamblea constituyente?
La Corte dijo, sin entrar en ese tema, que el poder de sustitución de la Constitución sólo lo puede realizar una asamblea constituyente habilitada por el pueblo específicamente para tal cometido. Todos los caminos que partan de un acto legislativo en el Congreso, una ley convocatoria a referendo o una asamblea nacional constituyente con temario ilimitado están vedados para efectos de permitir una segunda reelección presidencial.
De todos los vicios analizados, ¿cuál fue el más polémico en el interior de la Corte?
En las últimas sesiones, el tema de los vicios de competencia, es decir, el exceso en el ejercicio del poder de reforma, así fuera a partir de una ley de referendo. En los vicios de trámite, el tema que más ocupó atención fue la irregular financiación de la campaña, que es una moneda de dos caras: por un lado, el desconocimiento de los montos máximos de financiación individuales y globales, y por otro, la ausencia de certificación del Registrador en cuanto al cumplimiento de dichos topes.
En la rueda de prensa usted expresó que a las mayorías no sólo las legitimaban los millones de firmas, sino el cumplimiento del trámite del referendo.
El punto central es que los procedimientos previstos en la Constitución no son un asunto baladí, sino un componente sustancial: la democracia tiene reglas, es un mecanismo a través del cual las fuerzas políticas y sociales dirimen sus controversias pacíficamente, a través de procesos participativos. Las formas, que equivalen a las reglas para dirimirlas, se convierten en esenciales. Por eso la Corte considera que estas reformas no son meros asuntos adjetivos, sino aspectos sustantivos del principio democrático. Las mayorías se legitiman frente a la comunidad política en cuanto observen esas formas. Y las minorías encuentran en ellas la protección de sus derechos políticos.
¿Eso quiere decir que la Corte les dio la vuelta a todos los argumentos esgrimidos por el procurador Alejandro Ordóñez?
Su concepto fue un insumo intelectual de bastante importancia. Otra cosa es que las conclusiones de la Corte hayan tomado otro camino, expresado en el fallo, es decir, en el reconocimiento de la entidad inconstitucional de los vicios que se encontraron tanto en el proceso de la iniciativa como en el trámite parlamentario.
¿Por qué usted y el magistrado Jorge Pretelt salvaron el voto, apartándose de la mayoría?
La unanimidad en los cuerpos deliberantes no es necesariamente un atributo. Las razones se expresarán en los salvamentos de voto, cuando todos hayamos firmado la sentencia. Por lo pronto, lo importante es que la decisión de la mayoría de la Corte es la voz de la corporación, y todos los magistrados, al margen de las posiciones que asumimos durante los debates, respaldamos esa voz.
¿Esos salvamentos tienen algo que ver con la aparente cercanía de ambos al uribismo?
Como dije, en este momento somos todos los magistrados responsables del rumbo jurídico que a la jurisprudencia constitucional le traza esta corporación. Las motivaciones de los salvamentos de voto serán puestos a conocimiento de la opinión cuando la sentencia se firme y pueda ser objeto de debate. No como presidente, sino como magistrado de la Corte manifiesto que respaldamos esta decisión.
¿Alguien aclaró el voto?
Sí, los magistrados en general hicieron una reserva de aclaración de voto sobre diversidad de aspectos, algo enteramente normal en una ponencia tan compleja que abarcó tan diferentes tipos de reflexiones jurídicas.
¿En qué punto fue donde más se aclararon votos?
Principalmente, sobre los vicios competenciales que tienen que ver con la teoría de la sustitución y sobre los vicios de la financiación de la ley.
La Corte analizó tanto la forma como el fondo de la ley. Si todo el trámite hubiera estado en orden, ¿igual se hubiera hundido el referendo?
Si se hubieran cumplido la totalidad de los requisitos de forma, tanto en la iniciativa legislativa como en el trámite parlamentario, esa iniciativa hubiera tropezado con la restricción que ofrece la jurisprudencia de la Corte respecto del alcance de poder de reforma constitucional, en la medida en que la Corte considera que la convocatoria a un referendo para aprobar una segunda reelección presidencial implica una afectación de la identidad de la Constitución, es decir, una sustitución parcial de ésta. Entonces habría sido declarada inexequible por esta razón.
¿Eso quiere decir que el mensaje para los promotores del referendo y todos los que se están dando golpes de pecho por el fracaso de la iniciativa, es que la propuesta de cualquier manera habría fracasado?
El mensaje de la Corte es que las formas de participación democrática no sólo son un fundamento del orden constitucional, sino que su estímulo y promoción son un deber del poder público y de todas las autoridades del Estado. Esos mecanismos de participación deben tener en cuenta dos aspectos: las formas que constitucional y estatutariamente están previstas para su desarrollo, y los límites en el poder de reforma de la Constitución.
¿Con esta sentencia queda claro que ese fantasma de la Corte uribista deja de ser cierto?
La Corte es un juez constitucional autónomo e independiente. Institucionalmente está comprometida con la guarda de la Constitución. No motivan sus decisiones los apelativos, ni los contras, ni los pros, políticamente hablando. Somos jueces de la Constitución, nada más.
¿Sintieron presión por parte de diversos sectores políticos o de la misma ciudadanía?
No. Como magistrados respetamos las manifestaciones de carácter popular, respetamos las instituciones, la dinámica y el pluralismo de los partidos políticos, pero en modo alguno nos sentimos presionados o influidos por las naturales expresiones que ellos tenían frente al suceso del control constitucional de esta ley. La Corte actuó en un ambiente de autonomía funcional y de perfecta independencia.
Pero si ustedes aceleraron tanto la decisión sobre el referendo es porque de alguna manera se sentía esa presión...
No, lo hicimos atendiendo un sentimiento nacional que nos pedía un pronunciamiento oportuno.
¿Le molestó a la Corte la visita del secretario jurídico de Palacio, Edmundo del Castillo, y de la candidata a Fiscal, Margarita Cabello?
Para nosotros fue un tema irrelevante. La Corte tiene una solidez institucional que está por encima del anecdotario.
Pero, ¿para qué visitaron al magistrado Nilson Pinilla 24 horas antes de esta decisión?
No sé cuál es la génesis de esas visitas. Lo cierto es que el magistrado Pinilla es un hombre de tal respetabilidad que está por encima de cualquier suspicacia.
¿Cree que los casi 4 millones de firmantes buscaban la reelección para el año 2014 o para 2010?
La Corte consideró que más que auscultar el espíritu que animó a las personas a ejercer su derecho de participación, se debía atener a lo que se derivaba del texto de la iniciativa firmada. Sobre mi opinión y la de otros colegas sólo cabe decir que todos, independiente de la aproximación jurídica que tengamos a los hechos, respaldamos y rodeamos la determinación.
Algunos sectores uribistas tildaron el fallo de político.
La decisión de la Corte fue en derecho, a través de una argumentación rigurosamente jurídica y en el marco de sus funciones de control constitucional.
¿Se dieron enfrentamientos?
Un motivo de orgullo de los nueve magistrados de la Corte son la altura y el respeto recíproco que reinó siempre en las deliberaciones. Hubo momentos de discusión fuerte, de argumentación, pero en todo momento de respeto por la opinión del otro y por la diversidad y el pluralismo en el interior de la Corte. Con este fallo se reforzó la cohesión interna, entendida como una orientación final a defender los derechos de los colombianos.
¿Les molestaron las filtraciones sobre cómo se votaría el referendo?
Fueron tan numerosas que terminamos acostumbrándonos. Además, entendemos que la inquietud de los medios de comunicación responde a la ansiedad de la opinión pública de anticiparse al conocimiento de los hechos.
Se dijo al mediodía del viernes que usted pidió aplazar la votación para el lunes. ¿Eso fue cierto?
En lo absoluto. Ningún magistrado siquiera sugirió la posibilidad del aplazamiento de la discusión. En la Corte entendimos que el país estaba esperando esa decisión y posponerla era inconveniente. La única razón por la cual el fallo no salió antes fue porque los magistrados, responsablemente, consideramos que no era posible pronunciarnos hasta no tener suficiente ilustración en relación con todos los temas.
¿La Corte teme que el Gobierno no acate el fallo o que recurra a otros mecanismos?
La Corte ha sentido que en todo este proceso de deliberación ha habido un alto nivel de cultura ciudadana y constitucional, tanto en la sociedad civil como en las autoridades públicas.
¿Se siente tranquilo con la labor cumplida?
Así es. Tranquilo con la labor cumplida y orgulloso de este cuerpo deliberante al que pertenezco.
¿Cómo fueron las discusiones?
Apasionantes, fascinantes. La Corte Constitucional desplegó un alto nivel intelectual en todo momento, al tiempo que un enorme grado de respecto por las diversas opiniones de cada cual.
En esencia, ¿cuál es el mensaje que le manda la Corte al país y a quienes, a través de mecanismos como el referendo, pretenden reformar la Carta Política del 91?
Que la participación es un derecho fundamental que tiene el pueblo en el marco de la Constitución y de las leyes. Que la Constitución es la garantía de los derechos de las personas y del pluralismo, la libertad y la igualdad de los colombianos. Y que la supremacía de la Constitución, cuya tarea nos compete ejercer, es la garantía de la vigencia de un orden jurídico e instituciones sólidas.
Con estos antecedentes se podría decir que el debate por el referendo de la cadena perpetua también será muy fuerte.
Ese va a ser un asunto muy interesante que vamos a abocar en las próximas semanas.
¿Será más intenso que éste?
No sé. Ese debate está desprovisto del trasfondo político agudo que rodeó el referendo en los escenarios externos a la Corte Constitucional y cuenta con un componente muy interesante de discusión jurídica en torno, por ejemplo, al marco internacional de los Derechos Humanos.
Con la salida del contendiente presidencial más fuerte, que era Álvaro Uribe, supongo que ya tiene su candidato presidencial.
Supongo que todos los colombianos lo tienen. Yo no he tenido tiempo de pensar en eso.