
Barranquilleros reunidos en el Malecón del Río para ver el partido de la selección solo días después de la elección presidencial.
Foto: Cortesía
La tarde del 21 de junio convivieron dos sonidos en Barranquilla: la efusión y el silencio. En el norte, desde donde los edificios de mínimo cinco pisos solo salían camionetas, los pitos de las caravanas que se dirigían hacia La Ventana al Mundo para escuchar al nuevo presidente se convirtieron en el unísono de la ciudad. A varios kilómetros de allí, el silencio inundaba a La Playa, uno de los dos corregimientos rurales que rodean la capital de Atlántico. Dos ciudadanías que votaron por proyectos de país distintos, que expresaban el sentir de...

Por Nicolás Torres García
Politólogo de la Universidad Nacional. Ha colaborado con medios como La Silla Vacía o Context by Reuters cubriendo política y conflicto armado. Interesado en el Congreso de la República e investigar el poder desde las regiones.nitorresgntorres@elespectador.com
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