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Cálculos de paz en el camino de la reelección

La convocatoria del Consejo Nacional de Paz cambió el tono de la campaña política, pero la opción de una constituyente sigue siendo la pelea de fondo.

María del Rosario Arrázola / Natalia Herrera Durán

29 de marzo de 2014 - 09:00 p. m.
La Constituyente de 1991, representada en sus tres presidentes: Álvaro Gómez Hurtado, Antonio Navarro Wolff y Horacio Serpa Uribe. / Archivo - El Espectador
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De La Habana no llegan noticias de avances en los diálogos entre el Gobierno y las Farc en los últimos días, pero en Colombia sí se mueve el tema, pese a estar atravesando por la recta final de las elecciones presidenciales. La noticia fue la convocatoria del Consejo Nacional de Paz por el presidente Juan Manuel Santos, justo en el momento en que se incrementan las voces que, desde distintas orillas ideológicas, piden una asamblea constituyente como fórmula para refrendar acuerdos de paz o reformar las instituciones.

Aunque después de las elecciones legislativas del 9 de marzo el balance de sus resultados puso a la campaña reeleccionista a darle un giro a su discurso, tomando cierta distancia de los diálogos en La Habana para incrementar su agenda social, la crisis causada por la destitución de Gustavo Petro en la Alcaldía de Bogotá regresó el asunto a primer plano. Sucedió porque Petro anunció que por ahora se va a dedicar a impulsar la convocatoria de una constituyente, con la disposición de debatir el tema hasta con sus más férreos antagonistas.

“Una constituyente tiene que verse como el tratado de paz, como el encuentro de los diferentes que se han vuelto enemigos. Por eso no me asusta que el uribismo también la plantee”, expresó Gustavo Petro a El Espectador, horas después de su destitución. El pasado jueves, en la plaza de La Paz, en Barranquilla, el exalcalde, cumpliendo con lo anunciado, emprendió una gira por el país no sólo para seguir protestando por su destitución, sino para insistir en lo que denomina una necesaria asamblea constituyente para concretar la paz.

Un día antes, luego de reunirse con la exsenadora liberal Piedad Córdoba en la Casa de Nariño, el presidente Juan Manuel Santos anunció la renovación del Consejo Nacional de Paz, que se encontraba inactivo al menos desde hace 12 años. En la antesala del anuncio trascendió que la excongresista, quien acudió a Palacio acompañada de los dirigentes de Marcha Patriótica, le propuso al jefe de Estado incluir en las elecciones presidenciales una papeleta simbólica de apoyo al proceso de paz, y de paso insistió en la opción de la constituyente.

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Durante su anuncio en Ibagué, en el marco de la XIV Cumbre de Gobernadores, el presidente Santos justificó la convocatoria del Consejo Nacional de Paz diciendo que “estaba esperando a que el proceso madurara lo suficiente para justificar ese paso”. En otras palabras, consideró adecuado atender un reiterado reclamo que distintos sectores políticos venían haciéndole frente a los diálogos de La Habana: un espacio para que la sociedad civil pueda participar abiertamente en las discusiones de paz entre el gobierno Santos y la insurgencia.

Los analistas sostienen que fue un acierto que el país, representado en sus gremios, partidos y organizaciones sociales, tenga ahora la oportunidad de acercarse al proceso de paz. Además, se llena un vacío detectado en las encuestas: la mayoría de los colombianos creen en la paz, pero dudan de las verdaderas intenciones de las Farc. El gesto presidencial es democrático, pero lo que va a aparecer tarde o temprano es la encrucijada de cómo refrendar los acuerdos de paz, y uno de esos caminos es, sin duda, el de la asamblea constituyente.

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Por eso el Consejo Nacional de Paz, creado por medio de la Ley 434 de 1998 (ver recuadro), se va a ver enfrentado a este dilema. Con un camino más: la propia ley prevé que pueden intervenir en este organismo, presidido por el primer mandatario, voceros de las organizaciones armadas ilegales que, a juicio del mismo Consejo, hayan manifestado su voluntad de participar en un proceso de paz. Y en el caso concreto de las Farc, llevan dos años negociando con el Gobierno y se han firmado dos acuerdos, pero su norte es claro: la constituyente.

Es más, ya han planteado incluso su propuesta estructural: 141 integrantes escogidos por designación directa o elección popular, con participación del Gobierno, todos los sectores políticos y las fuerzas guerrilleras, con circunscripciones especiales para las comunidades campesinas, indígenas y afrodescendientes, los trabajadores organizados, las víctimas del conflicto, la comunidad LGTBI, los militares retirados, entre otros. Un escenario de reforma a la Carta que refrende la paz y diseñe las instituciones necesarias para concretarla.

Sin embargo, que para las Farc sea su escenario ideal crea desconfianza. De alguna manera, nadie sabe qué camino pueda tomar una constituyente y, como lo manifestó el elegido senador Antonio Navarro, “convocar hoy una constituyente es jugar a la ruleta rusa con cinco tiros en el tambor, pues las Farc pueden errar en su cálculo y la asamblea quedar en manos de personas distintas a sus ideales”. Sin nombrarlo, una forma de advertir que con las realidades electorales los sectores adversos al proceso de paz pueden ganar esa apuesta.

De hecho, uno de los alfiles del uribismo, el senador de la U Juan Carlos Vélez, quien no regresará al Congreso precisamente porque ahora apoya al Centro Democrático, en septiembre de 2013 radicó un proyecto para convocar a una asamblea constituyente. Su argumento fue la incapacidad del Congreso para reformar el Poder Judicial. Hace pocos días el electo senador del Centro Democrático José Obdulio Gaviria recogió esta bandera y admitió que al menos su idea básica es una pequeña constituyente que permita despolitizar la justicia.

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En síntesis, todos los sectores agitan la opción de la constituyente, pero hoy es impensable saber cómo puede terminar. Eso sí, con el regreso del Consejo Nacional de Paz al menos queda en más manos la opción de apoyarla o rechazarla. Aunque el presidente Santos se ha mostrado reacio a la constituyente, y su vocero en La Habana, Humberto de la Calle, la ha definido como “un escenario de nueva deliberación más que un mecanismo de refrendación”, si el Consejo Nacional de Paz lo propone, Santos quedaría liberado de ser su promotor.

Una alternativa que también cuenta en estos tiempos electorales en los que la campaña reeleccionista afronta visibles apremios. El candidato a vicepresidente Germán Vargas ha tenido momentos de aplausos, pero también de abucheos, la crisis en Bogotá no termina de dar un ganador absoluto, la candidatura conservadora de Marta Lucía Ramírez se fue de frente contra el Gobierno, el Centro Democrático de Uribe y Óscar Iván Zuluaga tampoco baja la guardia y desde La Habana sólo llegan diatribas y discursos de las Farc.

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En un país en el que sus mayorías no votan, hoy los márgenes de maniobra de la campaña reeleccionista son relativos. Los diálogos en La Habana no ayudan porque en vez de anunciar resultados, sólo llegan cartas de respuesta a las peleas del expresidente Pastrana o disertaciones sobre cómo promover un programa de sustitución de cultivos ilícitos en el contexto del fracaso de la guerra contra las drogas. Un golpe militar a las Farc podría ayudarle, pero prevalecen más los rumores de la salida de otros jefes guerrilleros hacia Cuba.

Según fuentes cercanas al proceso de paz, a pesar de los comentarios, el presidente Santos ha sido enfático en que, por ahora, no se autorizará el viaje de un comandante más a La Habana. A no ser que antes del 25 de mayo se dé algún acuerdo que lo ambiente. Sin embargo, se sabe que, por ejemplo en las filas del uribismo, esa posibilidad sería su caballito de batalla electoral. En esos términos, a voto limpio, se está jugando la Presidencia 2014-2018, pero así no se quiera reconocer, la paz será el factor determinante a la hora de las urnas.

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A 56 días de la primera vuelta en las elecciones presidenciales, sin que los sondeos de opinión marquen una contundente tendencia ganadora, cada jugada sigue siendo de filigrana. La de esta semana fue la renovación del Consejo Nacional de Paz. Y al gobierno Santos le salió bien porque a buena hora le metió sociedad civil al hermetismo de La Habana. Pero la tercería acecha y un paso en falso es determinante. La protesta social que se avecina sigue sin conjurarse y en la trasescena del debate cobra fuerza una idea: la constituyente.

Los pinitos del Consejo Nacional de Paz

El Consejo Nacional de Paz, una idea que propuso el entonces ministro de Defensa de Ernesto Samper, Gilberto Echeverri, tuvo tres momentos determinantes como interlocutor de esfuerzos de paz entre el Gobierno y los actores armados ilegales. Los dos en 1998, el año de la sanción de la Ley 434 del 3 de febrero, que dio origen a este instrumento.

El primero, el 7 de febrero de 1998, durante los preacuerdos con el Eln, en el Palacio de Viana en Madrid (España), que no se concretó porque los documentos se filtraron a la prensa. El segundo, el 15 de julio, en Maguncia (Alemania), con Nicolás Rodríguez, alias Gabino, como nuevo comandante del Eln, que avanzó con tropiezos hasta que en octubre de ese año el Eln, tras dinamitar un oleoducto, provocó un incendio que mató a 84 personas en el corregimiento Machuca (Antioquia).

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Y el tercero, con las Autodefensas Unidas de Colombia, en el Nudo de Paramillo, que finalmente quedaron en el aire cuando se acabó la administración Samper.

La última constituyente

En diciembre de 1989, cuando el Congreso quiso imponer un referendo en favor o en contra de la extradición, fracasó una reforma a la Carta Política. En ese momento el presidente Virgilio Barco optó por hundir la reforma y se la jugó por la Constituyente. En adelante los protagonistas fueron los estudiantes de la Séptima Papeleta.

El 11 de marzo de 1990, César Gaviria ganó la candidatura por el Partido Liberal y se renovó el Congreso, pero la noticia fue el respaldo a la Constituyente. En las justas presidenciales, después de un decreto de Estado de sitio avalado por la Corte Suprema, la opción de la Constituyente se volvió un mandato ciudadano.

Cuando Gaviria asumió el poder, a través de otro decreto de Estado de sitio, convocó a la Constituyente. De nuevo la Corte aprobó la norma y el 9 de diciembre 1990, en elecciones libres, ésta fue creada. Entre el 5 de febrero y el 4 de julio nació la Carta Política de 1991. Hoy se dice que sólo faltaron las Farc en esa asamblea.
 

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@Nenarrazola

@Natal1aH

Por María del Rosario Arrázola / Natalia Herrera Durán

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