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Hace 42 años, cuando asumió la presidencia el dirigente liberal Alfonso López Michelsen, la novedad de su equipo de gobierno fue una joven de 24 años, educada en Harvard que llegó a desempeñarse como asesora económica del primer mandatario. Se trataba de Clara López Obregón, la misma economista y abogada que ahora regresa a la Casa de Nariño, esta vez en calidad de ministra de Trabajo en el gabinete de Juan Manuel Santos. Una dirigente política que llega a integrar el que el primer mandatario ha denominado el gabinete para el posconflicto.
En octubre de 1974, cuando Clara López llegó a trabajar a la presidencia, El Espectador le hizo un reportaje en el que fue presentada como “una esbelta y rubia bogotana de aficiones pasajeras, pero apasionada por disciplinas tan serias como la economía y la historia”. Además se destacaba como la persona que a su edad y en calidad de mujer había alcanzado la más alta posición en Colombia: la asesoría al presidente López Michelsen. Paradójicamente, la ministra de Trabajo de entonces también era una mujer: María Helena de Crovo.
Clara López Obregón es hija de Álvaro López Holguín, primo hermano del expresidente López Michelsen y nieto materno del expresidente Jorge Holguín Mallarino. Su madre, Cecilia Obregón, prima hermana del reconocido pintor Alejandro Obregón. En otras palabras, con ascendentes políticos y sociales de alcurnia. Además educada en Harvard —Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos— y la Universidad de los Andes. Sin embargo, siempre se caracterizó por su independencia y rebeldía frente a su propio entorno, y eso explica su militancia en la izquierda democrática.
Aunque se inició en la política, como muchas personas de su generación, junto al sacrificado líder liberal Luis Carlos Galán, en el Nuevo Liberalismo, a comienzos de los años 90 hizo un giro ideológico y se matriculó en las filas de la Unión Patriótica. De hecho, en defensa de las ideas de este partido surgido del proceso de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las Farc, surgió su primera candidatura. En 1998, buscó la Alcaldía de Bogotá, en tiempos en que el dueño del electorado en la capital era Antanas Mockus.
A partir de 2003, cuando surgió el Polo Democrático, Clara López apoyó esta convergencia de movimientos de izquierda, y se ha mantenido en ella, al punto de que ha sido su candidata en importantes proceso electorales. Compañera de fórmula de Gustavo Petro a las presidenciales de 2010 y ella misma candidata presidencial en 2014. Fue secretaria de gobierno de Samuel Moreno en Bogotá, y cuando este dejó la alcaldía por el escándalo del Carrusel de la Contratación en Bogotá, terminó el periodo de Moreno en calidad de alcaldesa encargada.
Ahora regresa a la Casa de Nariño investida como ministra de Trabajo, para reemplazar a quien fue uno de sus principales copartidarios en el pasado, el exalcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón quien tuvo un lánguido paso por la cartera de Trabajo. Ella sabe que buena parte de la dirigencia del Polo no está de acuerdo con el nombramiento, como tampoco la apoyó en 2014 cuando adhirió a la reelección de Juan Manuel Santos. Por eso su reto es mayúsculo. Primero demostrarle a sus copartidarios que puede ser la carta de defensa de los trabajadores, y también al país que es posible trabajar para el posconflicto.
A sus 66 años, retorna a la casa presidencial. Ya su reto no es hacerle frente a las alzas en los alimentos, la crisis causada por el Upac, las inversiones públicas, o la pelea contra la inflación, que caracterizaron el gobierno de López Michelsen. Ahora, el desafío es liderar la causa de los trabadores en momentos en que afrontan múltiples dificultades, como quedó claro en las marchas del Primero de Mayo. Y más allá del reto laboral, el de lograr que los trabajadores sean la fuerza mayoritaria que apoye el proceso de paz, desde la perspectiva de la vinculación de las Farc a la política. Es decir, lo mismo que quiso hacer la UP que ella defendió.
Y desde ya le reclaman promesas que realizó el presidente Juan Manuel Santos como candidato cuando aspiraba a la reelección presidencial: restituir el pago de horas extra y recargos dominicales. Así como ampliar la formalización laboral que en Colombia aunque la tasa de desempleo ha venido mejorando. El subempleo y la informalidad son de los más altos en la región.
Su cartera no es ajena a los coletazos los problemas económicos que enfrenta el país. El mes pasado, por primera vez el desempleo subió en el país, aunque en cifras se trata de aumento marginal, es un campanazo de alerta porque la generación de puestos de trabajo se está estancando. Un reto que no es de poca monta, Clara López Obregón tendrá que demostrar que su lucha política, que empezó en el gobierno hace 42 años, y que ha tenido una especial relación con los derechos laborales, no se trataba de un discurso trasnochado de izquierda, sino de una vocación social.