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26 May 2021 - 9:34 p. m.

Con Álvaro Escallón Villa muere el último de los grandes

Con la desaparición de Álvaro Escallón Villa muere uno de los grandes, no solo por su tamaño, sino porque durante muchos años se movió en importantes sectores que tenían que ver con la política y la diplomacia.
Álvaro Escallón Villa falleció a los noventa y seis años, esperando cumplir los noventa y siete el 30 de octubre próximo. / Archivo particular
Álvaro Escallón Villa falleció a los noventa y seis años, esperando cumplir los noventa y siete el 30 de octubre próximo. / Archivo particular

Puede asegurarse que fue el último de los que trabajaron al lado del presidente Alfonso López Pumarejo luego de haber dejado el manejo del Estado y cuando fue designado por Mariano Ospina Pérez como representante permanente de Colombia en la recién creada Organización de las Naciones Unidas. Fue necesario que Eduardo Zuleta Ángel, conservador y gran amigo de López, mediara para que aceptara el ofrecimiento del Gobierno.

A pesar de que la familia Escallón Villa, de Cartagena, era conservadora, dueña del periódico el Diario de la Costa, tenían una gran cercanía con López Pumarejo. Cuando el exmandatario fue designado en tan importante cargo en Washington, la madre de Álvaro, doña Emma, le pidió al nuevo embajador que “se llevara al chiquito de la casa”. Fue su secretario privado. Desde entonces comenzó su relación con la familia López y comenzó a crecer tanto que con los años se le conoció como el “largo” Escallón.

Era la época en que Colombia pisaba fuerte en ese organismo internacional, que reemplazó a la Liga de las Naciones. López Pumarejo consiguió que se eligiera a nuestro país como miembro del Consejo de Seguridad y era oído con el mismo respeto que se le prestaba a Warren Austin, el representante americano, o a Andrei Gromiko, el representante soviético, o a Emilio Parodi, el francés.

Contaba el mismo Álvaro que en el organismo internacional se creó una dependencia que tenía que ver con la energía atómica, que entonces comenzaba. Le pidieron al embajador López que propusiera un candidato y, con el pragmatismo de que hacía gala, dijo: “Pues que nombren a Escallón, que de los que están aquí, fue el último que vio álgebra”.

El MRL

La cercanía con la familia determinó que fuera de los fundadores del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), que se inició con Alfonso López Michelsen. Sus amigos se reunían en Bogotá a tomar café y a hablar de poesía y de política. Estaban, entre otros, Álvaro Uribe Rueda, Indalecio Liévano Aguirre, Jorge Gaitán Durán, Francisco Zuleta, Felipe Salazar Santos, Ramiro de la Espriella y el mismo Álvaro Escallón.

López Michelsen se había ido a vivir en México, exiliado, luego de que en el gobierno de Roberto Urdaneta Arbeláez —designado, encargado del poder por enfermedad de Laureano Gómez— turbas habían incendiado las casas de los jefes liberales Alfonso López Pumarejo y Carlos Lleras Restrepo y las sedes de los periódicos El Espectador y El Tiempo.

Lleras Restrepo y López Michelsen se exiliaron en México y López Pumarejo lo hizo en Miami.

Los jóvenes liberales que se reunían en Bogotá, en tardes de bohemia, le insistieron a López Michelsen que asumiera la dirección de un periódico que tratara temas del país luego de las dictaduras y finalmente aceptó hacerlo desde la distancia, en México, en donde estaba dedicado a escribir —hizo su única novela, Los elegidos— y a rehacer varios de sus estudios políticos y de ciencia constitucional.

Así nació el Movimiento Revolucionario Liberal, que paradójicamente combatió el Frente Nacional —propuesto por López Pumarejo— y la alternación, que luego la adicionó el Congreso en el gobierno de Alberto Lleras.

En la administración de Carlos Lleras Restrepo (1966-1970) se produjo la unión liberal que llevó a López Michelsen a ser el primer gobernador del creado departamento del Cesar y luego canciller.

En 1976, López Michelsen fue elegido presidente de la República. Nombró a Álvaro Escallón gobernador de Bolívar, en donde se enfrentó a las castas políticas de la región. Combatió a un parlamentario conservador, Joaquín Franco Burgos, quien desde la Comisión Cuarta de la Cámara manejaba auxilios parlamentarios para el obispo, monseñor Tato, que en su momento combatió El Espectador.

Además, le confió López Michelsen a su amigo y gobernador Álvaro Escallón la misión de buscar con el exministro Jaime Castro un proceso de paz con el Ejército de Liberación Nacional (Eln), pero la soberbia que siempre ha caracterizado a este grupo subversivo, como la oposición ostensible de las Fuerzas Militares, encabezadas por el entonces General Álvaro Valencia Tovar, frustraron esos propósitos.

Misión diplomática

En sus últimos años –que fueron muchos–, Álvaro Escallón Villa fue diplomático en China y en Polonia. En este último país, como cualquier cartagenero lanzado, se metió en una asamblea del Partido Comunista polaco, pero ante su presencia, que no se podía esconder por su tamaño, con buenos modales le aconsejaron retirarse del certamen. Si a veces uno no le entendía hablando cartagenero, mucho menos en polaco.

Con los chinos siempre tuvo excelentes relaciones, tanto que en una ocasión invitó a Colombia a Xi Jinping, hoy presidente de ese país –era uno de los veinte vicepresidentes de China–, a quien lo ofreció una recepción en el Jockey Club de Bogotá.

Cuando lo presentó y predijo que iba a ser presidente de su país, uno pensó que era cuento chino.

Álvaro Escallón Villa falleció a los noventa y seis años, esperando cumplir los noventa y siete el 30 de octubre próximo.

Qué grande fue.

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