24 Jun 2021 - 8:58 p. m.

¿Crisis o exceso de liderazgos?: la baraja de precandidatos presidenciales del uribismo

Por el momento son seis los dirigentes de la colectividad que han expresado esa intención, sin contar al exministro Óscar Iván Zuluaga ni a Tomás Uribe, el hijo del expresidente Álvaro Uribe.

Con la confirmación de la senadora María Fernanda Cabal de que será precandidata presidencial por el Centro Democrático, la baraja de aspirantes en el uribismo sigue creciendo. En la lista ya están el exviceministro Rafael Nieto Loaiza, el senador Carlos Felipe Mejía, el representante Edward Rodríguez y la representante Margarita Restrepo. A ellos podrían sumarse las senadoras Paloma Valencia y Paola Holguín, que han insinuado intenciones, y hay quienes hablan de la posibilidad de que el exministro Óscar Iván Zuluaga entre a la baraja, mientras algunos siguen rogando para que Tomás Uribe, hijo del expresidente Álvaro Uribe, se meta en el juego electoral.

Incluso, en su anuncio hecho en la emisora W Radio, Cabal hasta habló de su eventual fórmula vicepresidencial: “Ojalá fuera un hombre y que hubiera pasado por la Fuerza Pública”. Y reiteró: “En mi partido veo un deseo de encontrar una voz que represente lo que finalmente el uribismo construyó”, lanzando incluso pullas al presidente Iván Duque, de quien siempre ha marcado distancia, refiriéndose al manejo del paro nacional: “El presidente lo dejó crecer, con la mejor intención, lo que afectó a los empresarios del país”.

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El que sean ocho los nombres que se mencionan en el uribismo, unos confirmados y otros no, muestra la encrucijada en la que se encuentra el Centro Democrático de cara a 2002. Aunque la colectividad no ha definido el mecanismo que se utilizará para escoger su ficha presidencial del próximo año, se presume que será a través de una consulta interna, aunque existe la opción de que sea también mediante una encuesta. Además, la idea es realizar después una consulta más amplia con otros sectores de la centro-derecha, para ir a las urnas con un candidato único lo suficientemente fuerte para mantenerse en el poder.

Sin duda, dos hechos que marcan esta proliferación de aspirantes en el uribismo tienen que ver con lo sucedido con el exministro Carlos Holmes Trujillo y la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, quienes eran las dos figuras con mayor proyección en esa apuesta electoral. El primero falleció a finales de enero pasado como consecuencia de las complicaciones por el COVID-19, mientras que la segunda aceptó convertirse en canciller del gobierno Duque, declinando así cualquier candidatura. De ahí que el mismo Álvaro Uribe les haya pedido a quienes quieren ser precandidatos mostrarse ante la opinión pública.

Y lo que se dice es que el pulso al interior del Centro Democrático por la candidatura presidencial de 2022 está al rojo vivo. Incluso, hay sectores que en voz baja se inclinan por que se incline de una vez por todas la balanza a favor de Óscar Iván Zuluaga, pues lo consideran el único con el suficiente peso político para hacerle contrapeso a Gustavo Petro, a quien ven como la ficha fija de la izquierda en la disputa electoral. No hay que olvidar que el exministro le ganó a Juan Manuel Santos en la primera vuelta de 2014 y que el perfil bajo que ha mantenido obedece a los líos jurídicos por el caso Odebrecht, los cuales poco a poco se han ido despajando. En los mentideros políticos se rumora que hacia finales del año estará tomando una decisión definitiva.

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Una lectura que hacen los críticos a esa proliferación de precandidatos, no solo en el uribismo sino en todos los sectores, tiene que ver con una crisis de liderazgo. Según la exministra y exdirectora de Planeación Nacional Cecilia López Montaño, si bien hay personas de alto nivel y reconocida trayectoria que tienen todo para estar en la contienda, con serias posibilidades de ganarla, “la gran mayoría no tiene los mínimos requisitos para siquiera soñar con llegar a esa posición: no tiene experiencia, ni carrera en el sector público, y menos el reconocimiento necesario, a no ser que le pongan los votos uno de esos partidos que han demostrado poco criterio para seleccionar a sus candidatos”.

Y esgrime una tesis polémica: habla del “efecto Duque”. “Es decir, como ya tenemos un presidente que llegó sin la preparación mínima para ejercer ese cargo, ahora resulta que todo el mundo cree que puede, o mejor, debe ser presidente de Colombia. Pareciera entonces que los costos que está asumiendo el país por la inexperiencia del presidente Duque, en vez de prender luces rojas y advertir que nunca y menos ahora, ante la inmensa crisis de la pandemia, se puede correr el riesgo de repetir una Presidencia donde su cabeza no tenga la trayectoria necesaria”, escribió López en una columna publicada en el portal Las 2 Orillas.

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