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“Cualquier cosa puede pasar en la cita Trump-Petro”: internacionalista Arlene Tickner

Arlene Tickner, alta funcionaria de la cancillería en Estados Unidos (*), oriunda de ese país y colombiana por naturalización, examina, desde su perspectiva de profesional de relaciones internacionales, las situaciones que pueden presentarse durante la próxima reunión entre los presidentes Petro y Trump, en Washington. La saliente diplomática analiza, también, la que podría ser una dramática “repartición del mundo, posiblemente entre tres potencias (Estados Unidos, China y Rusia)”.

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Cecilia Orozco Tascón
18 de enero de 2026 - 01:00 p. m.
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(* Los análisis académicos expresados en esta entrevista son propios y no reflejan las posiciones oficiales del Gobierno de Colombia)

Opina la profesora Arlene Tickner: “(Mi consejo para la reunión con Trump) sería que el presidente dimensione bien la desventaja estratégica de la cancha en la que va a tener lugar el encuentro, en donde no jugamos de locales; y que no se deje provocar…”.
Opina la profesora Arlene Tickner: “(Mi consejo para la reunión con Trump) sería que el presidente dimensione bien la desventaja estratégica de la cancha en la que va a tener lugar el encuentro, en donde no jugamos de locales; y que no se deje provocar…”.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

La noticia sobre la reunión que, según se ha anunciado, tendrán, pronto, los presidentes de Colombia y Estados Unidos, fue una sorpresa para todos. Si se consideran las explosivas personalidades de Trump y Petro, además de los antecedentes de desacuerdos y agresiones verbales entre ellos, ¿puede predecirse que esa cita será difícil, tensa y poco productiva o habrá espacio para la mesura?

Tal vez no es del todo sorpresiva la llamada entre los dos mandatarios, si se tiene en cuenta que nuestra embajada en Estados Unidos viene buscando, desde hace un tiempo, un diálogo directo Petro-Trump; o si consideramos la preocupación que pueda existir en ciertos círculos oficiales conservadores, tanto estadounidenses como colombianos, por el impacto “no deseable” de las acciones recientes en Venezuela sobre la campaña electoral en Colombia aunque el timing (momento de la llamada), a pocas horas del discurso de Petro en la Plaza de Bolívar - con motivo de las movilizaciones en defensa de nuestra soberanía -, fuera imposible de anticipar. Sin embargo, el carácter provocador de ambos líderes lleva a pensar que cualquier cosa puede pasar en la cita presencial de febrero.

Precisamente algunos comentaristas han previsto que Trump podría tratar a Petro como lo hizo la primera vez con el presidente Zelensky, de Ucrania: de manera despectiva y humillante hasta por su vestimenta. O que la reunión puede ser agradable como sucedió en el encuentro Trump-Zohran Mandani, el recién elegido alcalde de New York, muy a pesar de sus grandes diferencias. Para usted, ¿cuál de esas posibilidades es factible, dadas las circunstancias actuales?

Como sugiero antes, la impredecibilidad de los dos presidentes hace difícil anticipar cuál escenario es más probable, siendo todos posibles. Depende, entre otras circunstancias, de quiénes más participen en la cita, sobre todo, del lado estadounidense. No obstante, por más que termine la cita en abrazos, elogios mutuos y una ruta de trabajo mutuamente aceptable, - lo cual sería ideal -, ese resultado no necesariamente indicaría que, de ahí en adelante, no se presenten otros episodios críticos en el relacionamiento bilateral. Garantizar la continuidad de lo dispuesto, es lo realmente importante.

Entonces, ¿es mejor ser pesimistas y que ni el propio presidente ni Colombia esperen, de este encuentro, noticias positivas?

Todo lo contrario: obtener resultados, en cualquier sentido, es viable lo cual sugiere que, de conducirse el encuentro con la necesaria planeación y previsión, se puede lograr un efecto favorable. Desde la perspectiva colombiana, lo importante, creo, es que se tenga la capacidad de definir y negociar una agenda corta, específica, con objetivos claros; y persistir en ella frente a los condicionamientos que siempre impone Washington antes de este tipo de reuniones. Hay que anticipar y prepararse para todos los escenarios e insistir, como se viene haciendo, en los intereses en común que puedan adelantar los dos gobiernos.

Permítame reiterar el punto, pero desde otro lado: hay quienes advierten que la invitación de Trump a Petro puede ser una trampa para lograr su captura en cuanto pise suelo estadounidense ¿Esa probabilidad existe o es impensable?

Me parece totalmente impensable, comenzando por el hecho de que Petro no tiene requerimiento judicial alguno en Estados Unidos, tal como lo ha confirmado públicamente nuestra embajada. Sería un acto premeditado de agresión que rompería con las convenciones mínimas de la diplomacia. En vista de que Colombia tendrá elecciones presidenciales en mayo y que habrá relevo presidencial el 7 de agosto, también sería una torpeza estratégica infinita.

Usted ha sido funcionaria de la Cancillería actual, precisamente en New York y Washington pero ante todo, se caracteriza por ser experta en materias internacionales. Si el presidente Petro le pidiera un consejo sobre cómo prepararse y cómo actuar cuando esté frente a Trump, ¿qué le diría?

Mi principal recomendación sería que siga los consejos de nuestro embajador en Washington, Daniel García-Peña, cuyos conocimientos profundos sobre Estados Unidos y la relación bilateral, además de sus habilidades diplomáticas, han permitido navegar las aguas turbulentas que todo país ha tenido que enfrentar con Trump 2.0. El mío propio sería que el presidente dimensione bien la desventaja estratégica de la cancha en la que va a tener lugar el encuentro, en donde no jugamos de locales; y que no se deje provocar, si intentan hacerle una emboscada lo cual ha ocurrido con varios líderes, incluidos los de Ucrania y Sudáfrica. En ese caso, le diría que respire profundo; que cuente hasta diez y que responda serenamente, con su típico humor.

Trump no disimula; por el contrario, se ufana de su pragmatismo: aunque habla de combate al narcotráfico, también afirma que va por todo lo que es (o cree que es) negocio y ganancia económica para Estados Unidos y sus empresarios. En esa línea, ¿qué puede interesarle a Trump de Colombia y qué puede ofrecerle Petro?

Más que pragmático, me atrevería a decir que Trump es transaccional e instrumental, lo cual significa que se guía por el criterio básico de la ganancia, tanto propia como “nacional” en la toma de decisiones. Desde cuando se produjo la elección presidencial pasada en Colombia, el mensaje central que el Gobierno nacional ha transmitido a Estados Unidos es que, para nuestra nación, la relación bilateral es de fundamental importancia; y que, pese a los cambios de posición y de prioridades, es necesario insistir en la cooperación y el diálogo, siempre entre iguales, y aún en medio de las diferencias que son naturales. En concordancia con estas líneas de acción, durante el gobierno Biden se acordó priorizar los asuntos sobre cambio climático, transición hacia energías limpias, paz, drogas y migración. Si bien las distancias se han acrecentado desde el ascenso de Trump a la presidencia, el imperativo de buscar áreas de interés compartido sigue siendo el mismo, así como la reducción de las tensiones existentes. Tal vez, el mayor reto del presidente Petro consiste en poder definir, con su homólogo, un conjunto de acuerdos en el cual prime el gane-gane.

Como, ¿cuáles?

Se me ocurre que es posible llegar a entendimientos en temas como lucha frontal contra el narcotráfico, migración, seguridad, mediación y transición democrática en Venezuela, al igual que comercio e inversión (con excepción del tema sensible de recursos naturales) en función de objetivos distintos pero traslapados.

La semántica parece no ser tema central en esta discusión pero sí lo es, en el fondo, por los significados y los contextos: según las normas internacionales, ¿Estados Unidos “invadió” militarmente a Venezuela o “ejecutó una operación militar momentánea y necesaria”, como ha sido descrita por partidarios de la sorpresiva operación extranjera contra Caracas?

El operativo de fuerzas especiales en Venezuela - que por más “quirúrgico” que se diga que fue, cobró la vida de entre 75 y 80 personas entre fuerzas de seguridad cubanas, venezolanas y civiles - clasifica como una invasión o agresión violatoria del derecho internacional y de la carta de la ONU por varios motivos: 1. Violó la soberanía del país vecino mediante el uso de fuerza militar, acción que solamente se admite cuando haya autorización del Consejo de Seguridad de la ONU o como respuesta a un ataque militar directo a algún país miembro; 2. La usurpación de la custodia política de Venezuela y de sus recursos naturales por parte de Estados Unidos, constituye una clara violación de la integridad territorial, la independencia política y el derecho a la autodeterminación; 3. Por más ilegítimo y condenable que sean algunos jefes de Estado en ejercicio, como era el caso de Maduro, ellos gozan de inmunidad frente a la justicia de países extranjeros, aunque las cortes estadounidenses suelan hacer caso omiso de esa regla según se vio en casos como el de Noriega de Panamá. Y, finalmente, algunas de las medidas coercitivas unilaterales que venía aplicando Estados Unidos antes de la invasión, tales como el bloqueo naval y la captura de buques petroleros, contravienen principios centrales de la Carta ONU; además de que los ataques a lanchas vinculadas a actividades de narcotráfico en el Caribe y en menor medida el Pacífico (con la muerte de al menos 115 civiles), constituyen ejecuciones extrajudiciales.

En cuanto al sentido de los términos empleados en este caso: ¿Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flórez fueron “aprehendidos” como algunos califican la acción de detener y sacar de Venezuela a la pareja que presidía ese país, o fueron “extraídos” y “secuestrados” por Estados Unidos?

En lugar de “secuestrado” preferiría decir que Maduro y Flórez fueron “abducidos” (apoderarse de alguien) por la fuerza y llevados a Estados Unidos para ser enjuiciados. Como sugerí anteriormente, por más que Maduro sea dictador y para algunos, “se lo haya buscado”, esa situación no elimina el hecho de que se trata de un acto ilegal que el gobierno Trump ha tratado de justificar mediante el argumento de que se trató de una “misión de extracción judicial” ante la amenaza, a Estados Unidos, planteada por el narcoterrorismo supuestamente apoyado por Maduro.

De acuerdo con los síntomas geopolíticos actuales y con la presencia de Donald Trump en el gobierno de Estados Unidos, ¿el mundo está en el inicio de una nueva era imperialista con el dominio del propio Estados Unidos, además de China y de Rusia, cada una de estas con sus propios intereses expansionistas y proyectos de invadir a otras naciones?

Así es. Como lo afirmara recientemente un alto oficial del gobierno estadounidense, “vivimos en el mundo real, en un mundo en donde prevalece el poder y la fuerza”. Sin embargo, puede intuirse, a partir del “realismo flexible” y de la doctrina Donroe planteados en la Estrategia de Seguridad Nacional ya referenciada, que las ambiciones imperiales de Trump se concentran, sobre todo, en el hemisferio occidental del cual considera a Groenlandia una parte, pese a sus vínculos políticos con Dinamarca y Europa. En este sentido, el antiguo concepto de “esferas de influencia”, consistente en la repartición del mundo, posiblemente entre tres potencias (Estados Unidos, China y Rusia), y en la que cada una ejerce dominio político, económico y militar en su respectiva zona, cobra relevancia.

En consecuencia ¿el mundo está condenado a retroceder hasta la etapa en que los imperios se repartían el planeta y las poblaciones débiles solo tenían la opción de someterse y obedecer a sus “dueños”? ¿Latinoamérica debe prepararse para olvidarse de su soberanía y autodeterminación?

Como la historia no está escrita todavía, todo depende de la capacidad colectiva de reacción de otros países del mundo en búsqueda de un orden global, sea el actual, ya en declive, o de otro por construir, en el que se sigan respetando las reglas acordadas, entre ellas, la soberanía, la autodeterminación y la autonomía interna, así como otras por acordarse como el cuidado de la vida humana y planetaria. En este cometido, América Latina, en especial aquellos países que cuentan con gobiernos democráticos y progresistas, está llamada a desempeñar un papel protagónico.

El péndulo de la historia política del mundo, ¿se mueve en dirección a una era triunfal de partidos, movimientos, líderes y lideresas de extrema derecha como parecen indicarlo las elecciones en países representativos de varios continentes?

Sin lugar a dudas, el auge de la extrema derecha constituye uno de los fenómenos de mayor importancia - y preocupación, en mi opinión -, del mundo actual. Más allá de sus diferencias nacionales, se trata de un movimiento global que comparte un mismo proyecto ideológico y que se apoya en redes de actores políticos y comunitarios, iglesias, plataformas digitales, tanques de pensamiento y filantropías. Entre las estrategias narrativas que ha desplegado internacionalmente, se destacan la reivindicación de la familia y los valores patriarcales tradicionales, el rechazo y manipulación del género y la diversidad, la negación de la ciencia y la satanización de migrantes, personas no blancas y personas trans. Según estimativos recientes, la desfinanciación resultante en áreas como la salud y los derechos sexuales y reproductivos, tal como ocurrió con el desmonte de USAID en Trump 2.0, provocará millones de muertes que podían prevenirse, de mujeres, niños y de personas LGBTIQ+ en situación de vulnerabilidad.

Entre tanto, ¿cuál será el papel de la izquierda?

Las izquierdas enfrentan retos propios, incluyendo la adopción de narrativas comunes igual de seductoras que contrarresten las de derecha, el desarrollo de propuestas más contundentes en las áreas más “técnicas” del quehacer público como la economía, las finanzas y la seguridad, y el fortalecimiento de su compromiso con la democracia. En resumidas cuentas, sueño con una izquierda global, democrática, cosmopolita, decolonial y feminista que pueda confrontar esta avanzada retardataria.

Según usted ha podido observar de primera mano, la situación de los organismos multilaterales creados por consenso mundial para procurar una convivencia civilizada entre naciones fuertes y débiles, ¿es agónica? ¿Estamos en el preámbulo del fin de la ONU, la OEA, y de tribunales como la Corte Penal Internacional?

Desde hace años, si no décadas, las instituciones del multilateralismo atraviesan una agonizante parálisis y déficit de legitimidad, evidenciadas en una incapacidad palpable en cuanto a ejercer funciones básicas de mantenimiento de paz y defensa de los derechos humanos (como en Ucrania y Gaza); contener las guerras y conflictividad alrededor del mundo, la crisis del ecosistema, los aumentos alarmantes en el gasto militar y el crecimiento de las violencias de todo tipo, empezando por las de género y polarización ideológica. Si bien el deterioro del orden mundial basado en reglas, ha sido paulatino, el hecho de que uno de sus arquitectos y financiadores principales, Estados Unidos, haya decidido desconocerlo y quebrarlo, ha acelerado este proceso. Recuerde que anunció, hace poco, su retiro de 66 organismos internacionales, incluyendo 31 de la ONU dedicados a materias de cambio climático, paz, democracia y género.

En conclusión, ¿podemos decirles adiós a esos organismos reguladores de la convivencia del planeta?

Aunque considero prematuro dictaminar el fin de las organizaciones multilaterales que siguen ejerciendo funciones críticas de gobernanza global, el desacato abierto por parte de Estados Unidos, de las normas y reglas de juego del orden de posguerra, abre la puerta para que otras potencias hagan lo mismo y las violaciones se vuelvan la norma en lugar de la excepción.

“Absolutamente posibles, otros ataques militares de Estados Unidos”

De acuerdo con sus conocimientos sobre Estados Unidos, ¿cree probable y realizable que el gobierno Trump ordene ejecutar ataques militares contra otros países latinoamericanos como México, Cuba, Colombia u otros territorios en el mundo como Groenlandia?

Si se juzga por lo que el mandatario estadounidense ha dicho y hecho, es absolutamente posible que ordene nuevos ataques en lo que considera su “patio trasero” e, incluso, en Groenlandia como se está viendo. La recientemente publicada Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, es clara en cuanto a desempolvar la doctrina Monroe (ahora Donroe); en reafirmar su alegado derecho a la injerencia y la intervención en el hemisferio occidental en función de sus prioridades estratégicas; y en alertar a actores extrarregionales como China y Rusia, que su presencia en América Latina y el Caribe no será tolerada. A su vez, Trump ha afirmado, en varias oportunidades, que el único límite al ejercicio del poder global de Estados Unidos no es el derecho internacional sino su propia moralidad.

“Estoy cerrando un ciclo”

¿Cuándo estará usted de regreso a sus tareas académicas e investigativas y en cuánto tiempo dejará su cargo oficial?

Estoy en proceso de cerrar un ciclo de cuatro años que ha incluido la construcción de la propuesta programática de política internacional de la campaña de Gustavo Petro y Francia Márquez; el liderazgo del empalme en Cancillería desde donde facilité el primer encuentro entre el Gobierno electo y el de Biden; y el ejercicio diplomático, primero, como embajadora alterna en Naciones Unidas y, actualmente, en el cargo de embajadora para Asuntos de Género y Política Exterior Feminista. Pese a los desafíos y los múltiples obstáculos políticos, burocráticos y logísticos encontrados en el camino, tengo el orgullo de lo logrado, y gratitud con el presidente Petro por haberme confiado estas funciones de servicio a mi país adoptivo. Desde donde termine trabajando a mi regreso a Colombia, espero seguir aportando a la construcción de una política exterior crítica, proactiva y transformadora.

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Excelente entrevista.
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Muy buena columna: una periodista inteligente, conocedora y respetuosa y una entrevistada pensante, ilustrada y comprometida generosamente con su país de adopción y con las normas internacionales que rigen la relación de las naciones.
Daniel Santiago Jimenez Casas(pzmsm)Hace 50 minutos
Felicidades muy buena entrevista. Da gusto leer este tipo de miradas, que enriquezcan el diálogo.
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