El año 2018 que acaba fue de transición política. Terminó la era Santos y llegó Duque, cada quien dueño de sus elocuencias. El Nobel de Paz 2016, con su habitual fluidez verbal, concluyó: “Hay una Constitución mucho más poderosa, mucho más rica y mucho más inspiradora: la Biblia”. Una sapiente observación que contagió a su canciller María Ángela Holguín, cuando en medio de la avalancha de venezolanos a Colombia sentenció con precisión matemática: “Yo no diría masiva, porque los números no dan para llamarla masiva”.
Entonces se precipitó el debate electoral que dejó como ganador al joven y simpático congresista del Centro Democrático Iván Duque, distinto al talante cargado de tigre de su mentor Álvaro Uribe. En la lona quedaron tendidos sus opositores. Germán Vargas Lleras, que un coscorrón y su incomodidad ante las “preguntas chimbas”, lo dejaron sin decir ni mu.
Sergio Fajardo, que después de la derrota se fue a cumplir su sueño de muchos años: “Ir a ver las ballenas en el Pacífico. Lejos del mundanal ruido. En la selva”. Gustavo Petro prefirió la calle, no la de Humberto, que se quemó y salió endeudado. Entonces llegó Iván Duque con su combo, en medio de la despedida del decano de los congresistas, el senador conservador Roberto Gerlein, quien después de casi cuatro décadas en el Parlamento confesó su fórmula para sobrevivir a la política: “Cerraba los ojos para concentrarme y escuchar los debates”.
Entre tanto, diagonal al Congreso, desde el Palacio Liévano, el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, seguía tratando de explicar el principal problema de la ciudad: “Nadie nace ladrón. El ladrón es el que roba, entonces el que roba es un ladrón. La persona que roba no es una persona buena, que roba, es un ladrón”. A manera de presentación, el expresidente Uribe ya le había advertido al país el talante del nuevo mandatario: “El presidente Iván Duque, solito, acusó a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional”. En reciprocidad, Duque coloquialmente le dijo al Rey de España, Felipe VI: “¿Sabe quién le mandó saludos, que lo quiere mucho?”. Obviamente, era Uribe ensimismado en su Twitter.
En medio de la euforia de sus copartidarios, el presidente del Senado, Ernesto Macías, observó: “Uno a veces piensa que eso de los chamanes es cierto, porque ese ventarrón no lo habíamos sentido”. No quedó claro si fue el viento que despeinó a los invitados o la llegada del nuevo gobierno. Así que llegó Duque con voz cantante. No llevó la guitarra que se negó a prestarle Santiago, de Monsieur Periné, pero sí lo acompañaron los integrantes de su coro.
La ministra de Justicia, Gloria María Borrero, quien debutó resolviendo de qué manera aplicar la anunciada prohibición de la dosis mínima: “Su mamá o papá pueden decir si es adicto”. Adelantándose a los acontecimientos, el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, quien debutó en el atril de los señalados respondiendo por sus aventuras pasadas con los bonos de agua, admitió: “Algunas iniciativas que he propuesto, no el gobierno, resultan muy impopulares”.
Entonces Duque se consagró en la mismísima sede de la Unesco en Francia cuando le explicó al mundo su fórmula de la Economía Naranja: “Nos remontamos a lo que llamamos las siete íes. Siete es un número importante para la cultura. Tenemos las siete notas musicales, las siete artes, los siete enanitos. Mejor dicho, hay muchas cosas que empiezan por siete”. Hasta Caperucita Roja quedó estupefacta. Lo mismo que quedaron quienes oyeron al ministro de Defensa decir que estaba dispuesto a tomarse un galón de glifosato para demostrar sus atributos.
Presintiendo su final, Uribe remachó: “Si me olvidan, me amarro una piedra al cuello y me lanzo al Magdalena”. No lo ha hecho, entre otras razones, por estar atento a sus copartidarios, que no dejan de hacer cuentas alegres. Como la del senador Macías, cuando encartado en el debate contra el fiscal Néstor Humberto Martínez por el caso Odebrecht, observó: “El senador Petro habló 60 minutos, el senador Robledo 56, la senadora Lozano, 48. Suman más de 160 minutos. El señor fiscal empezó a las 8:20 y lleva 102 minutos”. El lío es que eran las 9:24 de la noche, y en el reloj de Macías hubo tiempo para escuchar la perla mayor de Néstor Humberto, que dejó grabada Jorge Enrique Pizano: “Jijiji jueputa, esto es una coima, marica. ¿Cuánto vale esto? ¿Usted le entregó esta mierda a quién?”.