Presidente Abelardo de la Espriella durante el comité de emergencia realizado en la UNGRD tras el terremoto.
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos
No habían transcurrido 72 horas de su juramento como jefe de Estado cuando Abelardo de la Espriella ya estaba haciendo borrón y cuenta nueva de los primeros planes que había diseñado durante casi dos meses para asumir el principal cargo de la nación. A un lado quedó la idea de despachar desde la llamada “Casa Blanca” de Barranquilla, acondicionada en cuestión de días como sucursal de la Presidencia en un batallón de esa ciudad. Lo mismo ocurrió con los consejos de ministros en el Caribe, los retiros espirituales y los anuncios con videos de...

Por David Efrén Ortega
Periodista de la Universidad Javeriana. Tiene experiencia en el cubrimiento de política, paz y memoria. Premio CPB en la categoría de Medios Digitales.@davidortegasodortega@elespectador.com
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