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Crucé por primera vez mi vida con Gustavo Petro por allá a finales del año 1987, siendo ambos militantes de la guerrilla del M-19. Un compañero común me dijo: “Hermano, hay alguien que acaba de llegar de Páez (Cauca), viene del cabildo indígena de Mosoco, donde realizamos el Campo Reencuentro, ¿usted lo puede recibir en su casa? Le dije: “Listo hermano”, me dijo: “Es un compañero que lo quieren mucho en Zipaquirá, cuando estuvo preso le llevaban las ollas de comida (la 40) a la cárcel, personas del Bolívar 83″. Recogí a Gustavo en Carulla de Pablo Sexto y nos fuimos caminando a mi apartamento del barrio La Esmeralda.
Hablamos de las conclusiones del Campo Reencuentro; hablamos de Cristina, mi hermana, desaparecida en el Palacio de Justicia. Cuando entramos al apartamento, Gustavo me contó que había aprendido a cocinar bien en la cárcel y preparamos un desayuno improvisado. Estuvo un par de días y habló con mi papá, recuerdo que engañé a mis papás diciéndoles que se trataba de un compañero de ingeniería que no tenía para pagar la habitación, que lo dejáramos quedar allí. Mi papá habló con él y recuerdo que me dijo: “De las personas que han venido a este apartamento, el último muchacho que trajiste es muy inteligente, pero es como muy sobradito, ¿verdad?”.
Gustavo se fue. Medio año después yo caí preso, volví a verlo en Santo Domingo (Cauca), en diciembre de 1989, en una reunión a donde curiosamente Pizarro no entró porque se quedó jugando futbol con algunas personas de la zona. ‘Aureliano’, como le decían en el M, ofició como secretario de la reunión. Unos días antes, ‘Gregorio’ (Eduardo Chaves López) nos recogió en un jeep Nissan Patrol a un grupo pequeño de guerrilleros que nos transportamos desde el departamento de Santander, en un avión de carga que aterrizó en Palmira. La reunión la concluimos con el grito “¡Bolívar, tu espada en pie ayer, hoy y siempre!”.
Después de vivir el segundo exilio en Uruguay, volví a ver a Petro en la Alcaldía Mayor de Bogotá, donde me recibió para trabajar como ingeniero de sistemas. Tuve la oportunidad de participar en varios proyectos de seguridad ciudadana, quizás uno de los más importantes fue el uso de drones para propósitos de cuidado de cerros y apoyo a vigilancia de redes de microtráfico. Trabajamos conjuntamente con Jairo Rubio, el hombre del Karina, célebre por ser partícipe del fallido ingreso del barco con armas y que inspiró el libro de German Castro Caycedo.
Finalizó la Alcaldía en 2016 y gané por concurso un cargo en el Estado colombiano, Petro comenzó su segunda campaña a la Presidencia 2022, ganó en unas elecciones atípicas y volví a verme con el amigo que nos relacionó en Carulla de Pablo Sexto 35 años después, amigo con el que compartí prisión semanas después de la desaparición de Jaime Bermeo y Fernando Erazo en 1988.
Desde mis épocas de estudiante de colegio, El Espectador me publicó soluciones a problemas de las Olimpiadas de Matemáticas en 1982. Siempre me apasionaron los números y miré con curiosidad en estos últimos días cómo Gustavo Petro nació un 19 de abril, pero aún más cómo la diferencia en semanas entre el día en que cae preso y el día que se va a posesionar como presidente es 1919 (2 veces 19). Definitivamente, la musa de la matemática está presente en nuestras vidas.
Si a Petro le va bien, a Colombia le va bien. Entre números, transiciones de la guerra a la paz, cárcel y construcción de una Colombia del tamaño de nuestros sueños, hoy la espada de Bolívar se debe alzar para unir al país alrededor de la nación que no estará dispuesta a vivir cien años de soledad. Éxitos, ‘Aureliano’, éxitos, Petro, vamos juntos por una Colombia mejor.
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