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7 Nov 2021 - 2:00 a. m.

¿Dónde queda el centro en la política?

La mayoría de los candidatos se califican de centro. ¿Qué significa eso? ¿Qué es lo que los votantes quieren?

Rodrigo Pardo* / Especial para El Espectador

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erhui1979
"Matricularse en el centro es más productivo, porque en la última ronda los dos finalistas necesitan votos que no tuvieron en la primera".  / Getty Images
"Matricularse en el centro es más productivo, porque en la última ronda los dos finalistas necesitan votos que no tuvieron en la primera". / Getty Images
Foto: Getty Images - erhui1979

El centro es, hasta el momento, el puntero en la campaña para la Presidencia en las elecciones de 2022. Casi todos los candidatos reclaman esa posición como suya. Gustavo Petro, el candidato izquierdista que lidera encuestas, declara que “la verdadera coalición de centro-izquierda” es la suya, la del Pacto Histórico. El expresidente Álvaro Uribe, que ha sido coherente y valiente defensor de una posición de derecha, se autodenomina “de centro”. De hecho, su partido está inscrito con el nombre de Centro Democrático. Casi todos los líderes se autoproclaman de esa posición, de centro, lo cual suscita no pocas preguntas.

¿Llamarse de centro es realmente una manera de explicar una posición ideológica? Porque en algunos casos parece exactamente la contrario: una forma de esconder el verdadero ideario para asumir una posición más rentable desde el punto de vista electoral. O menos controvertida. En una elección a dos vueltas, como es la Presidencial en Colombia, el centro es más aconsejable que los extremos porque facilita un discurso de consenso. La izquierda y la derecha escuetas, en cambio, significan que se prefiere un punto del espectro. Ello implica que el candidato que las adopta renuncia, incluso, al apoyo de quienes están en otro lugar del espectro político y eso es exactamente lo contrario de lo que busca cualquier campaña.

En un sistema de dos vueltas, los candidatos no pueden olvidar que en la primera se vota con el corazón y en la segunda, con la cabeza. Y todo indica que la campaña electoral que está comenzando en Colombia es, en esencia, una lucha por controlar el centro. Desde el punto de vista del discurso, casi todos los candidatos están tratando de lograr apoyos gracias a sus discursos supuestamente convocantes, moderados. Pero vale preguntar: ¿qué significa el centro? ¿Por qué es tan atractivo en una campaña electoral? ¿Acaso no es nada?

Hay una respuesta simple: el centro facilita una convergencia de posturas. Un aspirante que se matricula con la derecha o la izquierda pierde posibilidades de lograr apoyos desde el centro o de la otra orilla del espectro. Y eso es una concesión de marca mayor en un sistema de dos vueltas.

El centro es un discurso rentable para la mercadotecnia electoral: permite enviar un mensaje amable, conciliatorio, acogedor. El discurso perfecto para convocar, generar apoyo y reunir fuerzas distintas. Como ocurrió esta semana con el apoyo del pastor cristiano Alfredo Saade, en teoría un conservador, a Petro, en teoría un progresista. De eso se trata una campaña, especialmente esta, marcada por los partidos débiles o ausentes.

El problema está en que lo que es rentable en la primera vuelta puede no serlo en la segunda. En el caso de Petro, la estrategia actual es sumar fuerzas, no importa de dónde vengan, para consolidar una coalición, dicen sus asesores, de centro-izquierda. Pero, ¿qué consecuencias puede tener eso en una segunda ronda? ¿Querrán sus electores progresistas —defensores, por ejemplo, del derecho al aborto— apoyarlo a pesar de su alianza con evangélicos? Según las encuestas, el discurso actual del exalcalde de Bogotá ha sido efectivo para liderar la competencia en la primera vuelta, pero, ¿podría posicionarlo como el enemigo a derrotar en la segunda? De alguna manera, ¿no fue eso lo que ocurrió hace cuatro años?

Los analistas y observadores del proceso electoral tienen una misión difícil: descifrar la posición de los candidatos, aquella detrás de sus discursos oficiales. ¿Qué representan y proponen? Porque si estos no les explican a los electores qué significa cada candidatura, ¿quién lo hará? Las campañas lo intentarán, desde luego, pero ellas son partes interesadas y tienen objetivos; legítimos, pero distintos a los de explicar con imparcialidad qué significa cada opción.

El centro, en fin, puede no significar mucho, pero es un concepto útil para entender una campaña con partidos débiles. Y tiene dos consecuencias diferentes y hasta antagónicas. De una parte, impide leer posiciones ideológicas: hay candidatos que no están con la izquierda pero hacen énfasis en la igualdad y tampoco están con la derecha pero hablan de seguridad. Y de otra, promueve un discurso político ambiguo que tiene como objetivo no perder la posibilidad de pescar en todos lados. Proclamarse de izquierda o de derecha es más honesto que rentable. Y matricularse en el centro es más productivo, porque en la última ronda los dos finalistas necesitan votos que no tuvieron en la primera.

En el fondo, la pregunta es quién tiene la credibilidad —y la función— para determinar cuál es la posición, en el espectro ideológico, de cada candidato. ¿A quién creerle? Los candidatos responderían según su estrategia electoral. Y la pregunta no es de poca monta, es la que sintetiza cuál es la oferta de cada candidato y qué tipo de presidente están eligiendo los colombianos.

* Periodista

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