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29 Jun 2022 - 9:53 p. m.

EE le explica lo que se ha publicado del Informe Final de la Comisión de la Verdad

Es catalogado por muchos como un documento histórico por el valor de su contenido tanto en la construcción de la realidad violenta de este país como por considerarse la base necesaria para lo que viene en materia de paz.
Edwin Bohorquez Aya

Edwin Bohorquez Aya

Economía, Negocios, Emprendimiento, Liderazgo, Tecnología.
Fotografía de archivo fechada el 29 de octubre de 2021 que muestra a Integrantes de la Comisión de la Verdad mientras navegan el río Arauca, en la población de Puerto Contreras, en busca de los testimonios que le permitan al país conocer y entender más de cinco décadas de conflicto y violencia.  EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda ARCHIVO
Fotografía de archivo fechada el 29 de octubre de 2021 que muestra a Integrantes de la Comisión de la Verdad mientras navegan el río Arauca, en la población de Puerto Contreras, en busca de los testimonios que le permitan al país conocer y entender más de cinco décadas de conflicto y violencia. EFE/ Mauricio Dueñas Castañeda ARCHIVO
Foto: EFE - Mauricio Dueñas Castañeda

Es miércoles, día de El Espectador le explica. Imagine usted poder escuchar y recopilar 28.543 testimonios de personas que han sido tocadas por el conflicto armado colombiano. Sí, el que muchos vivimos en carne propia, el que nos contaron nuestros padres, el que le hemos contado a nuestros hijos. Imagine que en esos 28.543 testimonios hablan miembros de la Fuerza Pública, políticos, empresarios, pueblos indígenas, afros, campesinos, miembros de grupos armados ilegales, gente que dejó las armas y hoy buscan un camino no violento para desarrollarse en sociedad. Imagine que cada uno de esos relatos es una pieza de rompecabezas que nos ayudará a construir todo el mapa de nuestro país, ese mismo que necesita conocer la verdad de una violencia que ha dejado mucha tristeza y dolor. Imagine que más de 60 años de guerra -y que no se detiene-, contados de manera fragmentada, ahora se intentarán juntar en un solo documento. O más bien, varios documentos porque tanta barbarie no se redacta en una historia corta. Pues eso fue lo que comenzamos a ver esta semana, cuando conocimos la primera parte del Informe Final de la Comisión de la Verdad y es la razón de este boletín: explicar lo que ya vimos y entregar todo el contexto necesario, previo, a la revelación de una histórica publicación que servirá, como han dicho quienes también llevan años documentando y analizando sobre los hechos violentos en Colombia, para ojalá trabajar en una reparación de las víctimas tomando como base esta construcción de memoria. No olviden entrar a todos los enlaces que dejaremos a continuación porque allí se podrá entender cada detalle contado por nuestros colegas de las redacciones de Colombia+20, Política y Judicial de El Espectador. Comencemos:

“Traemos un mensaje de esperanza y futuro para nuestra nación vulnerada y rota. Verdades incómodas que desafían nuestra dignidad, un mensaje para todas y todos como seres humanos, más allá de opciones políticas o ideológicas, de las culturas y las creencias religiosas, de las etnias o del género. Traemos una palabra que viene de escuchar y sentir a las víctimas en gran parte del territorio y en el exilio; de oír a quienes luchan por mantener la memoria y resistir al negacionismo, y a quienes han aceptado responsabilidades éticas, políticas y penales. Un mensaje de la verdad para detener la tragedia intolerable de un conflicto en el que el ochenta por ciento de las víctimas han sido civiles no combatientes y en el que menos del dos por ciento de las muertes ha sido en combates”. Con estas palabras el presidente de la Comisión de la Verdad de Colombia, sacerdote jesuita Francisco De Roux, presentó el informe final construido por el equipo que lidera y que era la noticia más esperada esta semana. El texto completo con sus palabras aparece aquí, pero en general fue un pedido de esos necesarios: “Llamamos a tomar conciencia de que nuestra forma de ver el mundo y relacionarnos está atrapada en un “modo guerra” en el que no podemos concebir que los demás piensen distinto. Hasta hacerlos enemigos y posibilitar que algunos fueran convertidos en humo en las chimeneas del horno crematorio de Juan Frío; el que los soldados devinieran trofeos de caza para la guerrilla y encontráramos en bolsas de basura despojos de políticos abaleados; que nos acostumbráramos a las muertes suspendidas del secuestro y a recoger los cadáveres diarios de líderes incómodos”.

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