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El profe
En La Habana más de un político felicitó a Santos por buen negociador, cualidad de la que él se precia dándole crédito a Arturo Gómez Jaramillo, quien fuera gerente de la Federación Nacional de Cafeteros. El presidente dice que le enseñó a negociar y que “fue como un segundo padre para mí”, porque Santos estaba muy joven cuando empezó a trabajar en la Federación y el jefe le insistía: “Póngase en los zapatos de la otra personan y trate de ver cuáles son sus intereses antes de plantear una negociación”. Esa ha sido su estrategia con las Farc.
Buena memoria
Desde La Habana, a través de las redes sociales de las Farc, se difundió otra foto histórica: el encuentro entre el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el máximo jefe de las Farc, Rodrigo Londoño, Timochenko. El diplomático es surcoreano y un asesor suyo destacó que sabe de la participación de Colombia en la guerra de Corea, en los años 50, y paradójicamente ahora se da la de él en la paz. Por eso dijo en su discurso: “es un auténtico privilegio participar en este acontecimiento histórico en mi último año en Naciones Unidas”.
La cita
Los asistentes al anuncio de cese el fuego entre Gobierno y Farc coincidieron en aplaudir el discurso de Timochenko por conciliador, pero no cayeron en cuenta que su única referencia literaria fue para Álvaro Salom Becerra, de quien tomó la frase “al pueblo nunca le toca”, título de una novela del escritor, magistrado, diplomático y periodista bogotano (1922-1987), en la que hace una crítica mordaz a la clase política colombiana por corromperse en el poder. Salom Becerra también es autor, entre otras obras, de Un tal Bernabé Bernal, Don Simeón Torrente ha dejado de... deber y El delfín.
Gestos
No gustó entre la delegación del Gobierno Nacional el saludo militar de Timochenko al presidente cubano, Raúl Castro, a la entrada del salón de protocolo de El Laguito, firmes y con la palma de la mano en la sien, pero les gustó que cuando el jefe de Estado colombiano terminó el discurso el pleno de los negociadores de las Farc se pararon a aplaudirlo.
Ciertamente
A más de uno lo sorprendió la presencia del expresidente César Gaviria, quien se ubicó en primera fila frente a las partes, junto al presidente del Senado, Luis Fernando Velasco, estaba estrenando gafas para ver la firma de lo que no se creía posible tras medio siglo de guerra y se le notó realmente emocionado.
Con toda
La campaña del Gobierno por el “Sí a la paz” tomó más fuerza esta semana. Santos llegó a Cuba luciendo el botón con el letrerito y hubo detalles públicos simbólicos en Colombia, como una ofrenda floral a los pies de la estatua del Libertador, puesta el jueves en la Plaza de Bolívar. La corona tenía en el centro el “Sí” grande sobre fondo amarillo, azul y rojo. En una cinta violeta se leía en letras doradas: “Adiós a la guerra” y al lado un gran letrero blanco que decía: “QEPD la guerra en Colombia 1964-2016”. El mismo mensaje fue publicado en diarios nacionales en la sección de fallecimientos.
Perder es ganar
Quien se vio agotado en segunda fila fue al presidente del Partido Conservador, David Barguil, porque había viajado a Chicago a ver el partido de la selección colombiana, la noche anterior, que se alargó por la tormenta. Se le trastocó el horario y para llegar a La Habana le tocó tomar un vuelo hacia Bogotá con escala en Miami y llegó justo a tiempo para subirse al avión de la comitiva presidencial.
Gran personaje
A los 69 años de edad falleció esta semana el periodista norteamericano Jack Fuller, referente ético del periodismo continental y quien fuera presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) entre 2003 y 2004. Colombia siempre estuvo entre sus prioridades, razón por la cual vino varias veces al país como parte de la Comisión de la SIP contra la impunidad en los casos de periodistas asesinados aquí en medio de la guerra. Decía que don Guillermo Cano era uno de sus faros y su vida fue muy comparable con la de José Salgar, porque, como le pasó al “Hombre de la calle” en El Espectador, trabajó 40 años en The Chicago Tribune, donde comenzó a laborar a los 16 años de edad como mensajero de la Redacción.
En 1986 ganó el Premio Pulitzer y su libro más reconocido se titula Valores periodísticos.