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El día que el otro López abandonó la oposición

Hace medio siglo, Alfonso López Michelsen pasó de ser crítico del Frente Nacional, desde el MRL, para convertirse en el primer gobernador del Cesar por petición del Gobierno de Carlos Lleras Restrepo.

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Juan David Moreno B. / Especial para El Espectador
04 de mayo de 2016 - 10:03 p. m.
Alfonso López Michelsen y Clara López Obregón. / Archivo
Alfonso López Michelsen y Clara López Obregón. / Archivo
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La salida de Clara López Obregón de la presidencia del Polo Democrático, luego de ser nombrada ministra de Trabajo del presidente Juan Manuel Santos, evoca otro episodio en la historia colombiana. Hace medio siglo, Alfonso López Michelsen, pariente de la dirigente, abandonó la oposición que ejercía desde el Movimiento Revolucionario Liberal (MRL), tras aceptar la invitación del oficialismo de ser el gobernador del recién creado departamento del Cesar.
 
En ese entonces, el presidente Carlos Lleras Restrepo llegó a unos acuerdos programáticos con López Michelsen, quien hasta ese momento había practicado una férrea oposición al Frente Nacional desde la orilla de la disidencia liberal. López, conocido en el MRL como el ‘compañero jefe’, consideró en otros tiempos que el régimen de coalición estaba compuesto de “viejas clases políticas, del capitalismo y de la Iglesia” y participó en las elecciones presidenciales de 1962, aunque sabía que le iban a anular los votos porque el turno en ese momento era para un conservador.
 
De acuerdo con el sociólogo Francisco Leal Buitrago, López Michelsen “fue la persona que tuvo más éxito en plantear la oposición a los partidos tradicionales desde el MRL. Incluso, como en ese momento emergían las guerrillas, en las zonas en donde operaban estos grupos Alfonso López estaba en las páginas rojas de los organismos de inteligencia”.
 
La oposición era de tal tenor que López Michelsen representaba la ‘línea blanda’ del MRL, mientras que la ‘dura’ estaba encabezada por Álvaro Uribe Rueda, líder de izquierda radical que se oponía con vehemencia a los Lleras (Alberto, primer presidente del Frente Nacional, y Carlos, mandatario entre 1966 y 1970). La ‘línea dura’ no dudó en catalogar el designio del ‘compañero jefe’ como un “siniestro acto de venta principios”.  Aun así, el ‘cambio de camiseta’ de López fue tan temido por sus copartidarios como vaticinado.
 
El historiador Álvaro Tirado Mejía asegura que el MRL puso unas condiciones al Gobierno de Lleras para que ciertas cuestiones que proponía el MRL fueran incorporadas en la reforma constitucional de 1968. “Ahí lo que hubo fue un acuerdo político, con base en el cual el oficialismo aceptaba varias tesis del MRL y entonces López Michelsen entró al Gobierno”, asegura. 
 
En efecto, el 21 de diciembre de 1967 el presidente Lleras Restrepo y López Michelsen se fundieron en un abrazo que publicó El Espectador en su edición del día siguiente. La imagen, tomada en Valledupar, en el marco de la inauguración del departamento del Cesar, demostró el alborozo con el que la clase política recibió el regreso del hijo pródigo y presagió que él sería el candidato ganador por el liberalismo en 1974.
 
Por el contrario, una caricatura publicada por el semanario ‘Voz Proletaria’ el 22 de diciembre expuso el sentir del ala radical del MRL, que se reclamaba traicionada. En la representación aparece la figura desnuda y desnutrida de López Michelsen, quien arrodillado le rinde tributo a un Lleras Restrepo vestido de monarca en la cima de un pedestal, que se erige bajo los postulados de “represión, presos políticos, devaluación y reforma laboral”. “Realmente fue un sector marginal el que se opuso a la unión, a la incorporación del MRL al oficialismo”, agrega Tirado Mejía.
 
Leal Buitrago, por su parte, considera que este episodio permitió reforzar los aspectos negativos del Frente Nacional, en el que se “endiosó a un líder como López Michelsen –con una inteligencia política fuera de serie–, quien se aprovechó del régimen de coalición,  en el que jugó durante los 16 años y del 1que sacó partida de lo que quería: la presidencia de la República”. El otrora ‘compañero jefe’, 20 años después, dijo en su defensa que el entendimiento con el Gobierno fue un “camino inevitable”.
 
La fiesta continuó. Los periódicos simpatizantes del Gobierno aludieron con sus títulos a ocho columnas que al son de vallenatos López se encargaría de las riendas del nuevo departamento. Este hecho implicó inexorablemente el inicio del fin del MRL y el tránsito de López Michelsen por las sendas del oficialismo. 
 
 

Por Juan David Moreno B. / Especial para El Espectador

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