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Desde que se retiró del servicio activo en agosto de 1998, cuando ejercía como comandante de las Fuerzas Militares, el general Manuel José Bonett Locarno manifestó su interés en el servicio público en algún escenario político. El pasado jueves, cuando se posesionó como Gobernador encargado del Magdalena en la Quinta de San Pedro Alejandrino en Santa Marta, empezó a cumplir su sueño aplazado. Hoy sabe que tiene la mejor oportunidad de contactarse con todas las fuerzas vivas del departamento, y servir a la gente de su propio terruño.
Nacido en el municipio de Ciénaga (Magdalena), segundo de una familia de 11 hijos, desde muy joven el general Bonett Locarno demostró su entusiasmo por el servicio público. Primero, como líder estudiantil del tradicional Liceo Celedón, de Santa Marta; y después como periodista de la emisora La Voz de Santa Marta, junto a su hermano Pedro. Sin embargo, cuando concluyeron su bachillerato, los dos hermanos dividieron caminos. Pedro se hizo empresario y llegó a ser Senador en 1991; y Manuel José decidió vincularse al Ejército.
Su carrera militar fu extensa. Empezó en 1960 cuando se graduó de subteniente y concluyó 38 años después como comandante de las Fuerzas Militares. Ya en calidad de general dirigió las brigadas en Cali y Bucaramanga y fue director de la Escuela Superior de Guerra, donde fundó la Cátedra Colombia en 1996, desarrollando otra de sus facetas de vida: la docencia. En 1997, en tiempos del presidente Ernesto Samper llegó al mando de las Fuerzas Militares, y le tocó vivir uno de los momentos más difíciles de la historia militar en Colombia.
A partir de agosto de 1996, las Farc habían puesto en marcha su estrategia de secuestrar miembros de la Fuerza Pública, al tiempo que empezaron a atacar unidades militares, como si el conflicto evolucionara de la guerra de guerrillas a la guerra de posiciones. Al general Bonett le tocó la dura tarea de responder militarmente tras los duros reveses en Patascoy (Nariño), Miraflores (Guaviare), El Billar (Caquetá) o Mitú (Vaupés). Bonett respondió con las operaciones Destructor I y II, desarrolladas en áreas estratégicas de las Farc.
El jueves 2 de octubre de 1997, el general Bonett ya había sufrido en carne propia la violencia de la guerrilla. A las 9:50 de la mañana, cuando se movilizaba en un BMW blindado en la vía que del Rodadero conduce al Batallón Córdoba, en Santa Marta, fue blanco de un atentado con una carga explosiva, que le costó la vida a Francisco Zuñiga Vives. En aquella ocasión, el general Bonett sólo advirtió que ese acto terrorista únicamente había logrado alentarlo para seguir combatiendo a los violentos.
Pero no sólo su ejercicio como comandante de las Fuerzas Militares fue un trajinar permanente con los grupos alzados en armas. Durante su gestión le correspondió ejecutar una de las decisiones más complejas en la historia militar: la desactivación de la Brigada 20 de Inteligencia Militar, debido a sus dilemas de credibilidad y asociación con episodios ilegales. La orden presidencial se complementó con el inicio de una transformación total de las Fuerzas Militares.
No fue sin embargo Bonett quien la puso en marcha pues su retiro llegó con el comienzo de la era Pastrana y los tiempos del Caguán. El general estuvo como embajador en Grecia hasta el año 2000, y un año después regresó a Colombia para desarrollar su faceta como docente y conferencista a nivel nacional e internacional. No obstante, nunca dejó de exteriorizar su interés por la actividad política y el servicio público. Por eso ha sido permanente animador de foros y debates sobre la guerra, la paz, y otras facetas de la sociedad.
Esta semana le llegó el momento.A pesar de que el gobernador encargado debía salir de una terna enviada por el partido que ganó las elecciones, el presidente Santos lo convenció de que asumiera el cargo en remplazo de Omar Díazgranados, destituido por la Procuraduría. Y lo explicó en estos términos: “Es una persona (a la) que muchos gobiernos le han hecho todo tipo de coqueteos, pero que nunca había querido aceptar nada y en esta ocasión dijo que se sentía obligado”. Un cienaguero ilustre se pone al frente de uno de los departamentos más golpeados por el invierno y la violencia.