Después de un agitado 2007, protagonizado por la consolidación de los partidos políticos —fruto de los resultados de los comicios del 28 de octubre—, las investigaciones de la parapolítica que pusieron a los primeros parlamentarios tras las rejas y la zozobra que generó la intermediación de Hugo Chávez en busca del intercambio humanitario, comienzan a destaparse las cartas en la partida para alcanzar la Presidencia de la República. Son varios los que anhelan manejar los destinos del país, pero sin duda el ganador será quien este año logre configurar las bases de una candidatura realmente sólida.
La coalición uribista, el as bajo la manga del presidente Uribe y con la que el primer mandatario logró consolidar su segundo mandato, no pasa por sus mejores momentos y muestra el debilitamiento de una fuerza política que, de ser una sola, no tendría muchos obstáculos para quedarse con la cinta presidencial. Hasta ahora, sin embargo, su única carta es el actual ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, quien de antemano sabe que cada positivo militar cuenta en su candidatura y más aún cuando fue el mismo Uribe quien le entregó el liderazgo del Partido de la U, el único movimiento aprobado directamente por él.
Pero este año será de desgaste, especialmente para el Presidente y la cartera de Defensa, que deberán enfrentar la presión que ya comenzó a ejercer la comunidad internacional para que se logre un acuerdo con las Farc que permita la liberación de los secuestrados. De su salida airosa dependerá la acogida que tenga el ministro Santos como candidato único de la coalición uribista. Una condición a la que también aspira el senador y líder nato de Cambio Radical, Germán Vargas Lleras.
A su favor no sólo tiene un enorme aparato político que ninguna otra figura representativa del uribismo ha logrado, gracias a su votación individual en las elecciones para Congreso de 2006 —más de 220.000 votos— y a los buenos resultados de las pasadas elecciones, donde logró consolidar su partido a nivel regional obteniendo 112 alcaldías, tres gobernaciones, 49 curules en las asambleas departamentales y 1.287 representantes en los concejos municipales. Por eso su apuesta por construir un partido fuerte y organizado es sinónimo de éxito, a tal punto que en la legislatura pasada los congresistas de Cambio Radical se mostraron como una de las bancadas más disciplinadas, al presentar 115 proyectos de ley.
Sin embargo, la reciente salida de dos se sus alfiles en el alto Gobierno, el zar anticorrupción Rodrigo Lara Restrepo y el nominado embajador en Holanda Carlos Medellín, deja un sabor amargo en el partido. Al respecto Alfonso Gómez Méndez ha dicho públicamente: “Si los hechos que generaron ese remezón al final del año hubiesen ocurrido en un país con sólido sistema de partidos, sólo quedarían dos opciones, o Cambio Radical acompaña a sus conspicuos líderes en sus motivaciones morales y se retira del gobierno, o aquellos abandonan el partido que no los acompañó en una causa esencial”.
Vargas Lleras ha preferido guardar silencio y, por el contrario, sus planes están enfocados en viajar al exterior y prepararse en tierras lejanas para una inminente candidatura presidencial. Eso sí, entre sus prioridades está resolver si dará la pelea por convertirse en el candidato oficial del uribismo o si preferirá irse a las toldas rojas y apostarle a una victoria sobre Rafael Pardo y el ex presidente César Gaviria, convirtiéndose en un aspirante único y sólido que contaría con los votos del liberalismo y de los militantes de Cambio Radical.
Al igual que Vargas Lleras, el ex alcalde de Bogotá Luis Eduardo Garzón, otra de las cartas de la baraja en el partidor presidencial, decidió salir del país para asistir a eventos internacionales. “En 2008 comienza el período de precampaña, en donde se resolverá el tema de financiamiento y de las coaliciones. Durante esta etapa los aspirantes con mayor perfil se van a retirar para no ser protagonistas de primera línea, porque el candidato que se exponga a estar en Colombia durante estos períodos tan turbulentos que vienen, corre el riesgo de desgastarse”, explica Fernando Giraldo, politólogo de la Universidad Javeriana de Cali.
El popular ex alcalde de Medellín Sergio Fajardo, en cambio, cree que lo más conveniente es mantenerse vigente frente a la opinión pública y por ello optó por aceptar formar parte del equipo periodístico que dirige Darío Arizmendi en Caracol Radio. “Para ser candidato en 2010, primero debo conocer muy bien el país y liderar una propuesta que permita crear un espacio para avanzar en esta sociedad”, dijo Sergio Fajardo en una reciente entrevista.
Aunque a los ojos de muchos analistas es el aspirante que más se parece al presidente Uribe, su decisión de permanecer tan activo ante la opinión pública podría ser equivocada y acarrearle un gran costo político. “Este año también tendrá que definir si se va por el uribismo o si sigue como una figura independiente. Posición que no lo deja con mucha capacidad electoral”, asegura el analista político Luis Carvajal. Y agrega que tanto Fajardo como Garzón comparten una misma condición: su fortaleza está en las ciudades que gobernaron. Sin embargo, esto no sería suficiente para conquistar los votos que les permitirían llegar a la Presidencia.
Por lo pronto, Luis Eduardo Garzón está dispuesto a enfrentar a los dirigentes del Polo Democrático y de ser necesario fundar su propio movimiento: el Partido de la Calle. Alejado de la colectividad que él mismo ayudó a fundar y que le permitió conquistar el segundo cargo más importante del país, ahora Garzón le coquetea al uribismo y se declara un reformista que representa la lucha por los derechos y no la lucha de clases. “Al Polo lo veo mal si no es con Garzón. Carlos Gaviria es bastante mayor para aspirar en 2010 y el partido necesita posicionarse en por lo menos las 12 ciudades más importantes del país”, concluye el politólogo Giraldo.
De esta forma, como lo ha manifestado el analista político Pedro Medellín, comienza un año en el que las aspiraciones presidenciales van a llevar irremediablemente a pugnas internas entre los partidos políticos. Una época en la que cada quien debe empezar a cautivar electores, pero sin duda, a la sombra de que el presidente Uribe defina si va a buscar o no una segunda reelección. La baraja de sus posibles sucesores está sobre la mesa y aunque apenas empieza la partida, sus protagonistas enfilan baterías para salir victoriosos en una de las apuestas más fuertes de su trayectoria política.