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10 Sep 2015 - 3:33 a. m.

“El pasado de la Unión Patriótica pesa mucho”: Imelda Daza

Tras más de 28 años en el exilio, Imelda Daza vuelve a la arena política colombiana para disputar la Gobernación. Su estrategia: unir los sectores alternativos y de izquierda de la región.

Marcela Osorio Granados

Imelda Daza es candidata a la Gobernación del Cesar por el Partido Unión Patriótica. / Cortesía “El Pilón”
Imelda Daza es candidata a la Gobernación del Cesar por el Partido Unión Patriótica. / Cortesía “El Pilón”

Una noche cualquiera, de las miles que pasó exiliada en Suecia, Imelda Daza se dio cuenta de que la hora de volver a Colombia había llegado. Se lo hizo saber a su esposo y a su familia, y emprendió el retorno al país del que tuvo que salir sin quererlo, bajo amenazas de muerte, mientras veía el exterminio de su partido: la Unión Patriótica. Regresó hace un año con la convicción de seguir en la brega política, su gran pasión, y ahora que el camino se le abrió lanza su candidatura a la Gobernación del Cesar.

¿Por qué decidió regresar a Colombia?

Durante el largo exilio siempre soñé con el retorno, que era para mí la liberación de un exilio que sentí como un castigo. En Suecia hice política, fui concejal social demócrata y en 2014 me uní al partido de izquierda del que soy directiva regional. Todo eso lo hice buscando ejercitar allí lo que es mi pasión, la política, pero definitivamente eso no me agarró. Pudo más la preocupación y el dolor por mi país, por mi gente. Vi que las condiciones en Colombia habían cambiado, que con el proceso de paz entre el Gobierno y las Farc en Cuba era posible otro futuro. Y sentí que tenía que ayudar en este proceso histórico. A mí que la muerte me sorprenda tratando de cambiar mi país.

Pero con la experiencia pasada de la UP a cuestas y con las cicatrices del exilio, ¿por qué volver a la política?

Es una jugada arriesgada, lo sé, pero creo que el país algo ha cambiado a raíz del proceso en La Habana. El nivel de la guerra se ha rebajado y eso ayuda a generar otro ambiente político. El pasado de la Unión Patriótica por supuesto asusta, pero no es lo mismo hoy que hace 28 años. Me fui porque no tenía alternativa y si me quedaba la fatalidad era lo que me esperaba. Hace unos años vine de vacaciones y mis amigos y conocidos no me saludaban, preferían evadirme. Hoy es diferente e incluso el candidato a la Alcaldía de Valledupar, que es del Centro Democrático, Sergio Araújo Castro, ha sido uno de los que más ha celebrado mi retorno. Vine a oxigenar la democracia, a presentar una alternativa distinta.

¿Ha sentido el respaldo político de otros sectores a su candidatura?

El pasado de la Unión Patriótica pesa mucho y por eso decidí que no quería ser solamente candidata de la UP. Estoy por la unidad del movimiento alternativo en Colombia. Logré el apoyo de algunos sectores del Polo Democrático, el Partido Verde y los progresistas. Eso me alivia un poco la carga de ser candidata de la UP, porque es un partido estigmatizado, derrotado, que da una imagen muy pesimista y a la gente no le gusta votar por perdedores.

¿Persisten en el Cesar los mismos problemas que usted veía antes de salir al exilio?

Todavía hay mucha inseguridad, actúan reductos de grupos paramilitares que tuvieron control aquí con mucha fuerza durante algunos años, pero que ahora operan de manera aislada y da la impresión de que no están articulados entre sí. Estos grupos tienen ahora un perfil más de delincuencia común, por eso persisten los boleteos y las extorsiones. Otra cosa que no ha cambiado es la concentración de la riqueza. La pobreza ha crecido.

¿Es posible decir que los nexos entre grupos paramilitares y la clase política, que tanto afectaron al departamento, son cosa del pasado?

Hay estructuras paramilitares menores a las que hubo y su accionar se siente menos intenso que en la época de la violencia cruda. Existen, operan y amenazan a la gente e incluso hay municipios a los que me han dicho que no vaya porque todavía están esos que mandan y ordenan. Los vínculos entre las estructuras paramilitares y la clase política fueron reales y quedaron en evidencia hace algunos años, pero creo que esos lazos son hoy más débiles y se dan de manera más local. No se trata de un gran proyecto político ordenado y pensado. Pero creo que existen todavía.

Usted dice que el escenario político derivado del proceso de paz de La Habana fue una de sus motivaciones para volver, ¿ve usted posible un acuerdo final?

Siempre he creído en el proceso, pero hay que tener claro que la firma del acuerdo en La Habana pone fin a la confrontación armada, pero no al conflicto. El conflicto social sigue y si no lo resolvemos se corre el riesgo de que años después las causas que dieron origen a esta guerra que queremos terminar se repitan. El tema de fondo es la construcción de justicia social.

 

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