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El poder de la bancada costeña

Se dice que la orden de la Casa de Nariño fue dejar las peleas y escoger a alguien de la Región Caribe, que fue clave para la reelección.

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Redacción Política
17 de julio de 2014 - 12:50 p. m.
Hasta ayer, rivales en la lucha por la presidencia del Congreso. Hoy, “nuevos mejores amigos”: Mauricio Lizcano, José D. Name y Armando Benedetti. / Partido de la U
Hasta ayer, rivales en la lucha por la presidencia del Congreso. Hoy, “nuevos mejores amigos”: Mauricio Lizcano, José D. Name y Armando Benedetti. / Partido de la U
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El pasado 25 de mayo, en la primera vuelta de la elección presidencial, el candidato del Centro Democrático, Óscar Iván Zuluaga, le ganó al presidente candidato, Juan Manuel Santos, por una diferencia del 3,5% de los votos. Y aunque el primer mandatario se impuso en los siete departamentos de la Región Caribe, los análisis mostraron que los resultados no fueron los que se esperaban y la diferencia fue muy poca. La tendencia se revertió para la segunda vuelta, en la que Santos obtuvo en esa región poco más de dos millones de apoyos, contra los 951.000 de la primera vuelta. Es decir, el 25% de los votos para su reelección.

Un respaldo por el que la bancada costeña —como se le conoce en el Capitolio— comienza a “cobrar” ahora, y la primera “factura” al Gobierno es la presidencia del Congreso que, según los acuerdos de la Unidad Nacional, en el primer año de la nueva legislatura le corresponde al Partido de la U, donde se eligió al senador barranquillero José David Name como su candidato para ocupar tal dignidad a partir del 20 de julio. Tal decisión se dio después de un ir y venir de rumores y duros choques verbales, sobre todo entre quienes hasta ayer eran los más opcionados, por encima de Name: los senadores Armando Benedetti y Mauricio Lizcano. Entre tanto, anoche se cocinaba la designación del cordobés Fabio Amín como presidente de la Cámara.

Hijo del ya fallecido José Name Terán, histórico cacique electoral nacido en Sincelejo, pero que centró su poder en el Atlántico, José David es heredero de una casta política que durante más de 40 años ha tenido presencia en el Legislativo. Ahora asumirá la presidencia del Senado con el reto de impulsar reformas trascendentales para el país y comenzar a ambientar los proyectos que le darían un piso jurídico a la desmovilización y participación en política de las Farc tras unos eventuales acuerdos de paz en La Habana. Pero además deberá tener el liderazgo y el temple para lidiar con la anunciada y enconada oposición que el expresidente Álvaro Uribe y su Centro Democrático le harán al segundo gobierno de Santos.

“Voy a dar todas las garantías y a aplicar el reglamento con todo el rigor”, dijo el virtual nuevo presidente del Senado, quien en la práctica es considerado el del Congreso por ser la cámara alta de la corporación. Name fue elegido senador por primera vez en 2006, repitió en 2010 y en marzo pasado obtuvo 103.215 respaldos, siendo uno de los más votados de su colectividad. Es administrador de empresas de la Universidad Autónoma del Caribe y tiene especializaciones en gerencia, gobierno y asuntos públicos. Fue cónsul en Nueva York y como integrante de las comisiones económicas del Senado impulsó leyes como la antitabaco y la de vivienda militar y fue ponente de la reforma a las regalías.

Ahora, se podría decir que su postulación para la presidencia del Congreso se da como una tercería y una fórmula para conjurar la crisis que se veía venir por la ardua disputa entre Benedetti y Lizcano, que incluso ya estaba comenzando a tocar los linderos del Gobierno, pues el martes se escucharon versiones de que desde la Casa de Nariño se había dado la “orden” de respaldar a Benedetti, lo que generó molestia a muchos de los 21 senadores de la U, que —según se dijo— fueron los que terminaron propiciando la escogencia de Name. Al final, la bancada logró el consenso, se limaron las asperezas y todos terminaron como los “nuevos mejores amigos”.

Entre otras cosas, también se ha dicho que desde la Presidencia de la República se envió el mensaje de finiquitar acuerdos, pues no tiene presentación que el partido del primer mandatario estuviese resquebrajado y sumido en rencillas internas a cinco días de la instalación del nuevo Congreso, cuando el mensaje debe ser de unidad. Al fin y al cabo, en la actualidad el puesto de presidente del Congreso no implica mayores beneficios burocráticos o manejo de presupuesto y nómina —lo cual está en manos de la Dirección Administrativa, con vigilancia de una comisión de cinco senadores— y su valor es más simbólico por ser la cabeza de una de las ramas del poder público y tener interlocución directa con el jefe de Estado.

Eso sí, no se puede negar que el poder de decidir sobre el orden de discusión de los proyectos y de dar la palabra en las plenarias será de valor estratégico, teniendo en cuenta el escenario político que se avecina: el de la paz y la oposición uribista. No falta quien haga la lectura de que los costeños y la misma U ya comenzaron a mostrarles los dientes al Gobierno y que la novela de la escogencia del candidato a la presidencia del Congreso es un primer aviso y el augurio de que la legislatura no será nada fácil para Santos y sus intenciones reformistas.

Por Redacción Política

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