Que las elecciones de autoridades locales y regionales son el primer pulso de las presidenciales es una realidad política desde hace rato en Colombia. Por eso, a la luz de los resultados de la jornada de ayer, se puede decir que el vicepresidente Germán Vargas Lleras, una de la cartas fijas en la baraja de la disputa por el poder en 2018, salió fortalecido. Cambio Radical, su partido, apostó duro con Enrique Peñalosa para la Alcaldía de Bogotá -aun en contra de la misma Unidad Nacional- y ganó. Además, se consolidó con fuerza en la Costa Atlántica, la región que históricamente inclina la balanza presidencial.
La expectativa corre ahora por saber hasta cuándo irá Vargas Lleras en el Ejecutivo. Una posición que es vista con recelo por parte de los demás sectores políticos -incluyendo sus compañeros de coalición, los partidos de la U y Liberal- que ven en su tarea de liderar las obras de infraestructura en el país un exagerado protagonismo y una posición de ventaja, pues maneja contratos y presupuestos por doquier. Unos cuestionamientos que levantaron ampolla en el proceso electoral que acaba de transcurrir y que, sin duda, se acentuará a medida que se acerque la hora de las definiciones para 2018.
De hecho, ya la U y el liberalismo le han mostrado los dientes al vicepresidente. Los dos han dicho que irán con candidato propio a la justa presidencial y que la Unidad tiene fecha de caducidad: dentro de tres años. Hay que ver ahora, con los resultados de ayer, cómo comienzan a acomodarse las fuerzas, pues es claro que las posibilidades de alianzas comenzarán a abrirse. Para el senador Roy Barreras, copresidente de la U, la elección presidencial de 2018 será a tres vueltas, y la primera serán las consultas internas que los principales partidos en el país ya plantean para escoger sus candidatos.
Ahora, es evidente también que el triunfo en estas elecciones locales y regionales de los partidos de la Unidad Nacional le da oxígeno político al presidente Juan Manuel Santos para la recta final de las negociaciones de paz con las Farc y para sacar adelante la legislación en el Congreso que busca afianzar las bases de un eventual acuerdo. Y es este escenario el que hace pensar en Humberto de la Calle, jefe negociador del Gobierno en La Habana y de línea liberal, como un candidato viable, así diga que esa opción no se le pasa por la mente.
Otro que tomó aire fue el gobernador de Antioquia, Sergio Fajardo, a quien muchos sacaban de la carrera presidencial cuando las encuestas daban por derrotados a Federico Gutiérrez en Medellín y Federico Restrepo en la Gobernación de Antioquia, los dos de su misma línea política. Pero el primero dio la sorpresa al imponerse al candidato del uribismo, Juan Carlos Vélez. Sin duda, Fajardo, quien ha dicho que quiere ser presidente, saldrá fortalecido de su actual mandato.
En cambio, quien tendrá que comenzar a remar contra la corriente será el actual alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, tras la derrota de la izquierda en Bogotá y se puede decir que en todo el país. Para nadie es un secreto que el objetivo político del Progresismo es el poder en 2018, pero lo sucedido obliga a repensar las acciones a seguir. En el juego de 2018 caben también Marta Lucía Ramírez, ganadora con Peñalosa, o el exministro Juan Carlos Pinzón, posible carta de la U. Falta tiempo, es cierto. Y si se firma la paz, cambiará la agenda política y todos, incluyendo el uribismo, tendrán que reacomodarse.