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Convertido en la principal viga de soporte sobre la cual el presidente Álvaro Uribe ha edificado sus dos mandatos, el Partido Conservador Colombiano, aquel que en los años 90 arrastró una de las crisis más agudas de su historia por la que muchos llegaron a imponerle los santos óleos, ha renacido de sus cenizas. Hoy se puede decir que comparten hombro a hombro el poder ante la mirada recelosa de los demás movimientos políticos que conforman la coalición uribista, que lo tildan de “garoso” y de andar al “remolque” del Gobierno.
Desde un comienzo, el presidente Uribe decidió que iba a gobernar de la mano de los azules y éstos, en reciprocidad, se convirtieron en sus fieles escuderos y en la bancada más disciplinada en el Congreso de la República. Una estrategia que ha dado buenos frutos. Hay conservadores al frente de los ministerios del Interior y Justicia, de Agricultura, de Minas y Energía, y de Protección Social.
También en la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo, la Secretaría General de la Presidencia, las Superintendencias de Notariado y Registro y la de Sociedades, el Instituto Nacional de Concesiones (Inco), el Incoder, la Aeronáutica Civil, la Dirección Nacional de Estupefacientes, Ingeominas, el Inpec y la presidencia del Congreso. A la lista habría que agregar embajadas clave como las de Venezuela, la de la OEA, España, Italia, el Reino Unido, Holanda y El Vaticano, entre otras.
En una América Latina sacudida por una ola de movimientos populistas y de partidos de izquierda que llegan al poder —como los casos de Hugo Chávez en Venezuela, Rafael Correa en Ecuador, Evo Morales en Bolivia y hasta Inácio Lulla en Brasil—, en Colombia el conservatismo ha recuperado su espacio en el escenario político hasta el punto de plantear ir con candidato propio a las elecciones presidenciales de 2010, eso sí, siempre y cuando Uribe decida no buscar su segunda reelección.
“En los tiempos que corren, las ideas conservadoras han recobrado su capacidad de influencia en el mundo, de tal manera que se ve un arrinconamiento de las ideas de izquierda, las cuales, como ocurre en Europa, para no dejarse avasallar han tenido que llegar a lo que en boxeo llamarían un clinch, cooptando y asumiendo posiciones de derecha para ejecutar programas de desarrollo y de crecimiento”, diagnostica Carlos Holguín, ex ministro conservador de Uribe, hoy con aspiraciones presidenciales.
Y es que amparados bajo la sombra del Jefe de Estado, los conservadores se muestran vigorosos y dispuestos a pelear por que se les reconozca su puesto en la historia del uribismo. Dicen que el riesgo de desaparición se fue, como en algún momento lo vaticinaron varios analistas ante la crisis de los partidos tradicionales y la pérdida del respaldo popular. Y los resultados de las elecciones regionales de octubre de 2007 son para ellos la respuesta a aquellos que los ven como una colectividad anclada sólo en el clientelismo y la burocracia.
En efecto, el Partido Conservador fue el gran vencedor en lo que tuvo que ver con las alcaldías: 240 en todo el país, superando al Partido Liberal (206). En cuanto a las gobernaciones, ganaron cinco: Guaviare, Huila, Norte de Santander, Risaralda y Tolima. Asimismo, los resultados a nivel de concejos y asambleas fueron halagadores: 2.156 concejales en todo el país y 76 diputados.
Es tal el frenesí que no falta quien rememore la época de Misael Pastrana Borrero, en 1970, quien más que el último presidente del Frente Nacional fue el último presidente puramente conservador de Colombia. Porque si bien después llegaron al poder Belisario Betancur Cuartas y Andrés Pastrana Arango, lo hicieron a través de movimientos interpartidistas, el primero con uno que se llamó Partido Movimiento Nacional —que incluso recogió fuerzas de izquierda—, y el segundo con una coalición denominada Nueva Fuerza Democrática —que incluyó a liberales—.
“El Partido no es que haya resucitado, sino que ha despertado su fervor en la base popular. Es un partido moderno que interpreta la nueva política a través de la participación real y directa de la ciudadanía y que ha marcado la pauta en los temas sociales del presidente Uribe”, manifiesta el representante a la Cámara Carlos Ramiro Chavarro. “Aquí se habla de la representatividad de las fuerzas políticas en el Gobierno, pero la verdad es que el Presidente ha designado a sus funcionarios por sus calidades personales y no por su afiliación política”, agrega el senador Alfonso Núñez Lapeira.
El ex senador y ex presidente del Partido Luis Humberto Gómez Gallo acepta sin tapujos: “Hay una gran discusión por el tema burocrático, pero el conservatismo tiene un derecho ganado por formar parte de un gobierno que comparte su concepción ideológica y que ha ayudado a elegir y a gobernar”. Y el senador Efraín Cepeda remata con orgullo: “Hemos constituido una bancada disciplinada que ha apoyado irrestrictamente al presidente Álvaro Uribe”.
En la otra orilla, las críticas arrecian. “El conservatismo lo que está es viviendo como esos seres de la naturaleza que se pegan a otros para sacarle toda la sangre y mantenerse vivos. Ni ganas tienen de postular un candidatos propio a la Presidencia. Simplemente quieren tener la mayor tajada burocrática y por eso quieren que Cambio Radical se vaya del uribismo”, afirma el senador liberal Camilo Sánchez. Y Jorge Robledo, del Polo Democrático, sentencia: “Bien lo dice Ómar Yepes, es un partido cobardón, que no aspira a la Presidencia, sino que quiere ser parte del reparto del botín burocrático”.
Y hasta en el mismo conservatismo se encuentra resistencia: “En muchos campos se ha desdibujado. Sería mucho más recomendable que el Partido mantuviera una identidad propia y que no fuera siempre al remolque del Gobierno”, dice Juan Camilo Restrepo, ex ministro y quien ha sido ex candidato conservador a la jefatura del Estado.
En Cambio Radical y el Partido de la U, los otros dos bastiones del uribismo, se sienten incómodos. Tanto, que se dice que la demora del Presidente para designar su candidato en la terna a la Procuraduría se debe a que no aguantan un azul más en los altos cargos del Estado, lo cual lo han hecho saber en la Casa de Nariño. Lo cierto es que nadie puede negar que los conservadores han sabido jugar en el tablero político y hoy están a la diestra de un Presidente de origen liberal que los revivió.
La ideología conservadora
De visita en Suiza, escribía recientemente Héctor Abad Faciolince que ser conservador en ese país significaba defender algunas tradiciones que durante siglos habían servido como medio probado de convivencia pacífica: las buenas maneras, el orden meticuloso, la puntualidad, la cortesía, la higiene personal y la limpieza de las cosas, el cumplimiento en los negocios, el preciso uso de las armas, entre otras. Y señalaba, en cambio, que en Colombia el adjetivo “conservador” significaba “mojigatería sexual, defensa de los privilegios de la propiedad de la tierra y fanatismo religioso”. Por eso, en el terreno de lo
político, una de las luchas del conservatismo ha sido desligarse de esa imagen de extrema derecha que siempre le han endilgado y que algunos tratan de reformar con el argumento de la parapolítica. “Da tristeza ver la mitad del directorio en la cárcel”, dijo hace poco el ex presidente Andrés Pastrana. Las cifras muestran que de los 48 parlamentarios conservadores, 9 han sido relacionados con paramilitares, 1 fue condenado, 4 están en investigación, 2 en indagatoria, 1 a la espera de juicio y 1 fue absuelto.
Pulso interno en la consulta
Las tres corrientes del conservatismo se medirán el pulso el próximo 26 de octubre, cuando la consulta interna demuestre si son más los que apoyan a los candidatos cercanos a la experiencia política de Carlos Holguín Sardi, a la figura presidencial del ex mandatario Andrés Pastrana o a la renovación política de uno de los “consentidos” del presidente Álvaro Uribe, su ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias.
Pastrana ha manifestado su oposición a algunos de los planteamientos de Uribe y por encima de esas diferencias, en un movimiento de coalición, un grupo de congresistas le pidió tomar las riendas del partido sin que hasta la fecha les haya respondido; pero recientemente dijo que los conservadores deberían tener su propio candidato en las elecciones de 2010.
El ex ministro Holguín es uno de los conservadores con más trayectoria política, pero se comprometió a guardar sus intenciones electorales a 2010 en caso de que el Presidente se decida por un tercer período. Lo mismo ha manifestado Arias, reconocido también como “Uribito”, aspecto que no todos consideran muy favorable porque le quita autenticidad; pero su fortaleza es el liderazgo.
El abanico presidencial de los conservadores
A pesar de que mucho se ha hablado de la necesidad de tener un candidato propio, el Partido Conservador, durante una cumbre desarrollada al inicio de este mes, se mostró dispuesto a participar en una consulta interpartidista entre la coalición uribista para escoger un aspirante único a la Presidencia en 2010.
Sin embargo, a pesar de tener una amplia participación en cargos clave del Estado y de la amplia gama de posibles precandidatos, los azules no cuentan con una figura poderosa, al menos por ahora, que aglutine fuerzas y permita pensar en la posibilidad de ganar la Presidencia. En la lista aparecen los ex ministros Carlos Holguín y Fernando Araújo; el actual ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias; el hoy embajador en España Carlos Rodado; el ex ministro Juan Camilo Restrepo y hasta la embajadora en Londres, Noemí Sanín, en algún momento del pasado declarada conservadora. Y hay quienes se atreven a meter en la baraja al ex presidente Andrés Pastrana.