En el mes en el que se conmemoran los derechos de las mujeres, traemos perfiles de dos lideresas indígenas de Nariño, participantes de la iniciativa ProDefensoras, promovida por ONU Mujeres, la Embajada de Noruega y la Defensoría del Pueblo. Tanto Dalia Bolaños, de 21 años, como Zoila Valenzuela, de 38, le apuestan a la defensa de los derechos de las mujeres y sus comunidades en sus trabajos diarios. La primera como gobernadora suplente del resguardo Gran Sábalo; la segunda como presidenta comunal en el Cumbal. Estas son sus historias.
Dalia Bolaños, la joven mujer que está abriendo camino a sus predecesoras
El camino hacia el liderazgo lo emprendió de la mano de la comunicación, específicamente con la radio comunitaria. Caminando Unidos, como se llamó el proyecto, la acercó con las mujeres y sus derechos. Allí Dalia Bolaños encontró su lugar en el mundo, su lugar en su comunidad, su forma de enunciación. “Informábamos sobre tipos de violencias basadas en género, derechos de los niños, niñas y mujeres indígenas en awá-pit”, dijo la joven de 21 años que, hoy en día, es gobernadora suplente del resguardo Gran Sábalo, del predio El Verde, en el departamento de Nariño.
Dalia es la primera mujer y joven en llegar a un espacio de poder en el resguardo y lo hizo a través de su trabajo por las mujeres, a quienes ha empoderado para que se apropien de los espacios, más allá de los hogares y las actividades de tejido. “Nosotras podemos ser lideresas y aportar a los procesos organizativos y comunitarios”. Esa convicción en ella que ha depositado en las otras convenció a todos en Gran Sábalo de que las mujeres son fuerza y transformación.
“Ahora me reconocen y distinguen la labor que estamos haciendo, que es importante y aporta al tejido de la comunidad”, comenta Dalia, sin dejar de admitir que la posición que tiene ahora trae sus riesgos. Y es que no es solo desde adentro de su comunidad que algunos la ven como su amenaza a sus privilegios, sino el contexto que la rodea. La presencia de grupos armados guerrilleros y paramilitares la mantienen en alerta, pues su trabajo de liderazgo también apunta a que ningún joven sea captado por el crimen. “Si uno no habla, está mal porque terminan llevándonos. Y si uno habla, también malo, porque te ven como una amenaza. Entonces prefiero hablar”.
Eso le ha representado amenazas e intimidaciones y, en vez de pensar en irse, Dalia echa más raíces. “Radicarme en otro lugar sería darle la espalda a mi comunidad. Las mujeres y las juventudes me necesitan. Prefiero que me pasé algo en mi territorio, donde me siento bien y al lado de las personas que quiero, que a dejar todo lo que tengo acá”. Aunque su sueño es hacerse profesional, lo que le implica vivir en una ciudad, ella no renuncia a aprender para seguir entregándole a los suyos. Por ahora, continúa capacitándose alrededor del enfoque de género y, también, está estudiando inglés, para convertirse en la única trilingüe de su comunidad, para así convertirse en el puente entre el mundo globalizado y el Gran Sábalo.
Zoila Valenzuela, la lideresa innata del resguardo Gran Cumbal
El liderazgo lo lleva por sangre, que más que una herencia se convirtió, a la vez, en responsabilidad y pasión. El papá de Zoila Valenzuela fue gobernador indígena del resguardo Gran Cumbal (Nariño) y víctima del conflicto armado. Desde su asesinato, ella, prácticamente, quedó a cargo de su familia y más cuando su mamá falleció por cuestiones de salud. “Vengo de esa línea de trabajo comunitario”, dice Zoila. Y es que no es solo provenir, sino aceptar y honrar sus antepasados, asumiendo roles que guían y defienden lo que es ella y su comunidad.
Así fue como llegó a convertirse en concejala de Cumbal, porque vieron en ella la trayectoria de su familia de servir y trabajar por los otros. Y desde la corporación, a la que perteneció desde 2016-2019, fue la voz de los suyos y para los suyos, concentrando sus esfuerzos en mejorar las condiciones de vida de las poblaciones indígenas del municipio, además, de velar por los derechos de las mujeres.
Además de proveer de sistemas de acueducto a su comunidad, desde esa posición entendió el papel de la mujer en el liderazgo y en los cargos de poder. Y fue desde ahí que se prometió abonar camino para las suyas. “Después de mucho tiempo, tenemos una gobernadora indígena”, lo comenta como un logro del que participó y del que entiende que hay que seguir trabajando para que sean más espacios los que se les abran a las mujeres.
Mientras tanto, a sus 38 años y con un nombre que reconocen en su comunidad y municipio, Zoila se desempeña como presidenta de Acción Comunal, demostrando que las mujeres sí pueden cargar con grandes responsabilidades, aún más en situaciones tan adversas como una pandemia. “Las lideresas y defensoras de derechos humanos seguimos comprometidas con el desarrollo y cuidado de nuestros territorios. Nuestro deber con las mujeres y la comunidad nos moviliza para seguir construyendo paz, igualdad y bienestar”.