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2 Jan 2022 - 3:09 p. m.

Elecciones 2022: consolidación de las facciones

El panorama electoral se ha despejado bastante, pero faltan algunas piezas del rompecabezas. Cómo se movió el tablero de la política este año y qué podemos anticipar sobre los meses que vienen. Análisis de Razón Pública.

Yann Basset*/Razón Pública

La elección presidencial de 2022 será un pulso de coaliciones. En el escenario hay tres que pisan fuerte: el Pacto Histórico, la ahora llamada Coalición Centro Esperanza (foto) y el Equipo por Colombia o la coalición de la Experiencia.
La elección presidencial de 2022 será un pulso de coaliciones. En el escenario hay tres que pisan fuerte: el Pacto Histórico, la ahora llamada Coalición Centro Esperanza (foto) y el Equipo por Colombia o la coalición de la Experiencia.
Foto: Cortesía

Dónde estamos

El 13 de diciembre se definieron las listas que competirán en las elecciones legislativas y el 17 de diciembre venció el plazo para que los candidatos presidenciales que no fueron avalados por los partidos entreguen firmas a la Registraduría.

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Las listas para el Congreso quedaron conformadas, la presidencial comienza a depurarse con la renuncia de muchos precandidatos y las tres grandes coaliciones, que irán a consultas simultáneas con las legislativas de marzo de 2022, vuelven la carrera algo más previsible.

Las encuestas y los debates públicos se organizan en función de esta configuración tripolar que deja por fuera las candidaturas importantes de Rodolfo Hernández y Oscar Iván Zuluaga.

La izquierda: romper el techo

El Pacto Histórico se organizó temprano y detrás del favorito en las encuestas, Gustavo Petro. La consulta que organizará con Francia Márquez, Camilo Romero, Alfredo Saade y Arelis Uriana es la única que parece decidida, pero esto no perjudica la intención de voto; según la última encuesta de Invamer esta será la consulta con mayor número de votos.

La situación favorece a Petro, quien aparece a la cabeza desde hace meses y aprovecha las dificultades de organización de las demás fuerzas para reforzar su posición y comenzar una campaña de terreno. El margen es tan amplio que habla incluso de ganar en la primera vuelta, y aunque no sea así, las encuestas lo muestran como el vencedor de la segunda vuelta.

Aún faltan meses para las presidenciales, pero la situación no parece ser tan volátil como en 2017-2018, cuando la carrera comenzó a definirse con la escogencia del candidato uribista.

Gracias al liderazgo de Petro, el Pacto Histórico pudo organizar listas únicas para las legislativas (con la excepción de la disidencia de Fuerza Ciudadana que no parece quitarles muchos votos). Y aunque hubo turbulencias, renuncias ruidosas y acusaciones de autoritarismo, llama la atención que un sector acostumbrado a las divisiones y peleas fratricidas lograra organizarse.

Pero Petro es también el candidato que tiene más resistencia y por eso la izquierda no la tiene fácil. En primer lugar, aparecerán adversarios más sólidos. El proceso de depuración juega en su contra y hará que los votos se reporten sobre los candidatos más llamativos del centro y la derecha.

En segundo lugar, la izquierda no suele tener buenos resultados en las legislativas, por eso la etapa de marzo será la más difícil. La presentación de listas únicas y algunas veces cerradas apuntan a “presidencializar” la elección, una estrategia adecuada por la ausencia de candidaturas llamativas para el Congreso, pero que se enfrentará con las maquinarias tradicionales.

Finalmente, Petro enfrenta el reto de abrirse a sectores nuevos y tradicionales (políticos, económicos y sociales) para vencer la reticencia que suscita su candidatura fuera de la izquierda y adquirir un barniz de respetabilidad.

Sus jugadas comenzaron con la llegada de Armando Benedetti y Roy Barreras, siguieron con la integración del sector cristiano de Alfredo Saade y acabaron con las polémicas sobre la oportunidad de acercarse al exgobernador de Antioquia Luis Pérez. Estas estrategias fueron mal recibidas y pueden provocar rupturas y conflictos dentro de la coalición, abriendo un flanco de ataques desde el centro.

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El centro: la resistida unidad

Aunque la coalición Centro Esperanza comenzó a formarse hace más de un año, aún hay muchas dificultades para organizarse: casi todas las precandidaturas se definieron como de centro y los acercamientos y las rupturas fueron objeto de un gran ruido mediático. Así, la coalición corre el riesgo de cansar a la opinión.

Al final se logró una baraja de seis precandidatos que irán a consulta en marzo: Carlos Andrés Amaya, Juan Fernando Cristo, Sergio Fajardo, Juan Manuel Galán, Alejandro Gaviria y Jorge Enrique Robledo. Aquí la contienda parece definirse entre Fajardo y Galán; a Gaviria se le agota el tiempo para despegar y alcanzar a los punteros.

La coalición de centro es la segunda en las preferencias de los electores y Fajardo es el candidato con más posibilidades de acercarse a Petro.

Pero la coalición aún no consolida una oferta electoral única para las legislativas y esto le quita una carta importante, porque tiene más figuras reconocidas susceptibles de atraer votos en el Congreso.

La apuesta por listas únicas habría dado un golpe de opinión importante, pero esto no sucedió por el anhelo del nuevo liberalismo de los Galán de probar su capacidad de convocatoria con su recién recuperada personería jurídica.

La división estuvo a punto de ahondarse por el conflicto dentro de la Alianza Verde entre partidarios de la coalición Centro Esperanza y partidarios del Pacto Histórico, pero acabó con la decisión de “dejar en libertad a los militantes” para la presidencial y no se resolvió para la legislativa, porque los congresistas verdes están atados a su partido por la legislación sobre la doble militancia.

Si se presentaban como independientes, corrían el riesgo de ser barridos entre las listas de las coaliciones de izquierda y de centro. Pero si se presentaban en una lista de coalición con el Centro Esperanza, el ala izquierda quedaba en una situación incómoda jugando con dos aliados distintos en las dos elecciones.

Esta segunda solución fue elegida en el Senado, aunque con serias tensiones, pero sin dejar una sensación de malestar en todo el mundo. En la Cámara, la tensión se decantó en listas separadas en algunos casos.

El centro puede esperar resultados favorables en la segunda etapa que irá hasta marzo, superando las turbulencias de la organización de las candidaturas y atrayendo votantes a la consulta.

La coalición debe cuidar su mejor activo: tener al principal adversario de Petro. Sin embargo, la última encuesta del Centro Nacional de Consultoría (CNC) muestra que Rodolfo Hernández está a punto de quitarle este puesto y complicarle el camino.

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La derecha: hacia el posuribismo

La coalición de la derecha pretende reunir a los decepcionados del impopular gobierno Duque. Y contrariamente a las otras coaliciones, separa formalmente el escenario legislativo y el presidencial.

Los protagonistas del escenario legislativo son los partidos (Conservador, Cambio Radical y la U), cada uno por su lado y sin muchas caras nuevas más allá de la tentativa de la U de atraer votos para Catherine Ibargüen.

En el escenario presidencial, irán a consulta en marzo David Barguil, Alex Char, Juan Carlos Echeverry, Federico Gutiérrez, Enrique Peñalosa y Dilian Francisca Toro. Los favoritos son Char, Gutiérrez y Peñalosa.

Aunque esta consulta tendría menos votantes que las de izquierda y centro, su resultado es el más incierto y puede aprovechar el poder de las maquinarias que siguen dominando el tablero en las legislativas para atraer votos a la consulta.

La fuerza de las organizaciones partidarias vinculadas al sector es su gran ventaja y debería permitirle seguir dominando el Congreso. Pero esto no se traslada automáticamente al escenario presidencial, y ahí radica su mayor debilidad.

Ninguno de sus precandidatos despierta mucho entusiasmo en la opinión y aun sumando fuerzas detrás del vencedor de la consulta, la perspectiva de llegar a segunda vuelta no es favorable.

Por lo demás, la coalición de derecha debe resolver un tema delicado de “frontera”: integrar al Centro Democrático y a su candidato recién seleccionado por encuesta Oscar Iván Zuluaga. Esto parece un acercamiento natural, pero contraviene los esfuerzos de la coalición de derecha para evitar que la asocien con el gobierno Duque o el uribismo.

Pero aunque Uribe ya no es el gran elector, podría aportar un piso de simpatizantes que necesita la coalición. Durante sus últimos meses, el gobierno también podría favorecer a la coalición, y Zuluaga, que no parece en posición de ganarles a los favoritos de la consulta, puede aportar un voto uribista que se necesita para lograr más participación.

Por último, conviene mencionar la incógnita que representa Rodolfo Hernández, quien no se ha integrado a una coalición y sigue su campaña en redes sociales con un discurso antipolítico muy exitoso. Invamer lo ubicó en el tercer puesto detrás de Petro y Fajardo y el Centro Nacional de Consultoría en el segundo.

Si Hernández sigue así y se ubica como un adversario de Petro, podría ganar apoyos y desplazaría a los precandidatos de la derecha. Pero la que fue su ventaja puede convertirse en una desventaja. Tener la candidatura definida le permitió concentrarse en su campaña sin incurrir en el desgaste de las negociaciones para armar coaliciones, pero ahora los grandes medios se focalizarán en las coaliciones, relegándolo a un lugar menos visible. Habrá que ver hasta donde puede llegar Hernández con ayuda de las redes sociales.

*Director del Grupo de Estudios de la Democracia (DEMOS UR) de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.

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