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3 Jun 2022 - 8:59 p. m.

Análisis: y el cambio llegó…

En las elecciones para el Congreso y la primera vuelta presidencial se han modificado muchas cosas. Lo que sigue: ¿un salto al vacío o una nueva era feliz?

Rodrigo Pardo / Especial para EL ESPECTADOR

Gustavo Petro y Rodolfo Hernández encarnan dos formas distintas de 
 "cambio" en el país. / AFP
Gustavo Petro y Rodolfo Hernández encarnan dos formas distintas de "cambio" en el país. / AFP
Foto: AFP - JOAQUIN SARMIENTO

El cambio, esa figura que siempre intentó sobresalir en elecciones, finalmente llegó. En la Colombia que durante muchos años fue bipartidista y en donde era difícil ganar elecciones si no era desde alguna tribuna de los partidos o con fuerzas tradicionales, habrá una segunda vuelta el 19 de junio entre dos candidatos de fuerzas poco o nada conocidas: Gustavo Petro y Rodolfo Hernández. Poco o nada de los factores tradicionales del poder electoral: los partidos, los expresidentes, los jefes políticos locales.

En el tarjetón de la segunda vuelta no aparecerán símbolos tradicionales y conocidos, y el rojo y el azul brillarán por su ausencia. El Pacto Histórico, encabezado por Gustavo Petro (62 años) y Rodolfo Hernández (77 años), de la Liga de Gobernantes Anticorrupción. Los dos candidatos lejanos a las tradiciones y a los partidos.

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Son de poca tradición en el juego electoral. Incluso Petro, que ha participado en política desde lejos de las fuerzas tradicionales y, sobre todo, con discurso, métodos y formas lejanas a las tradiciones. En eso se parece Rodolfo Hernández, aunque este solo en los últimos años encontró mayor atracción por la lucha política que por los negocios del sector privado.

En un país con sólidas tradiciones y costumbres arraigadas, este cambio de rumbo tiene explicaciones. La coyuntura mundial, en la que están saliendo a perder algunas de las tradiciones más arraigadas (y apreciadas). En Estados Unidos, después de finalizado el cuatrienio de Donald Trump -tan cuestionado y provocador- ya se preguntan si volverá a estar en las elecciones primarias de la era post-Biden. En las Américas, los presidentes se salen de los moldes tradicionales y, en las relaciones interhemisféricas, abundan las provocaciones al orden conocido. La política, en general, está afectada por el deseo del cambio.

Otra cosa es que los anhelos de cambiar el rumbo se pueden expresar por caminos diferentes. Algo va, por ejemplo, de Donald Trump a Nicolás Maduro. No todos los proyectos para reconstruir el futuro pueden ser valorados de igual manera por todo el mundo. En el proceso electoral en el que está envuelta Colombia llegaron a la segunda vuelta dos modelos de cambio. De hecho, otras se quedaron en el camino. Fajardo, y el propio Petro, hace cuatro años, eran vistos como una opción temprana en la búsqueda de un camino diferente.

La gran pregunta, por supuesto, es cómo votarán las hordas de electores perplejos. Ellos mismos, los votantes, están afectados por la perplejidad. ¿O la incertidumbre? No es exagerado decir que Colombia ha entrado en una etapa nueva en la que las tradiciones políticas están en entredicho. Aunque cabe preguntarse, también, si la búsqueda de un nuevo rumbo será una tendencia de largo plazo o la flor de un día, una creación de la pandemia y ya.

Habrá que ver qué sigue y cómo se moverán los grandes actores. ¿Darán un paso al costado los jefes políticos? ¿Podrán Petro o Hernández consolidar un proyecto duradero? ¿Estamos frente a un cambio de rumbo o a una más simple respuesta a una coyuntura compleja pero pasajera?

Pues lo cierto es que se prevé, a corto plazo, un fuerte debate sobre la interpretación de lo que está pasando. Para unos, Colombia ha dado un gran paso adelante que permitirá hacer reformas largamente pospuestas. Para otros, lo que hay es un salto al vacío, producto de las consecuencias de la pandemia y el temor y la desesperanza que ella dejó. Y que afectaron sin clemencia al gobierno de Iván Duque, el mandatario con más bajos registros en las encuestas. Y más golpes colectivos: el desempleo incrementado, la amenaza de una inflación que vuelve a niveles que se creían superados, la pérdida de esperanza ante un mandatario que termina su cuatrienio en niveles de insatisfacción históricos (…) el ánimo colectivo está fuertemente golpeado.

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Y a más largo plazo hay aún más interrogantes. Los dos candidatos de segunda vuelta -Petro y Hernández- tienen perfiles ideológicos diferentes. ¿Funcionan todavía las categorías de izquierda y derecha? ¿Qué importancia tendrán las alianzas que se construirán antes de la elección, el 19 de junio? ¿Habrá coaliciones formales con otros partidos?

Lo cierto es que el ambiente es de cambio. ¿Será un fenómeno estructural o flor de un día? Hay nuevas realidades en un Congreso donde las fuerzas tradicionales han perdido terreno y el próximo presidente tendrá un nombre que no pertenece a la política partidista acostumbrada. ¿Llegó el cambio esperado? Y el peligro de siempre: los anhelos se estrellan con la realidad de una tendencia en la que, al final, se impone la misma desidia de siempre.

Petro y Hernández. Dos políticos distintos, lejanos a los partidos, fuertemente motivados en hacer las cosas de una manera diferente y, por esa razón, favorecidos por un electorado que claramente quiere un cambio de rumbo. Y que por eso, seguramente, será muy exigente.

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