Si se miraran los mapas de cada elección presidencial de Colombia durante la primera parte del siglo XX, se vería el territorio dividido de acuerdo con la filiación política de cada región. Los departamentos estarían repartidos entre liberales y conservadores, con variaciones dependiendo de la hegemonía en vigor. Para la segunda mitad del siglo se vería un mapa de un solo color, pues el país salía a votar para confirmar al escogido por el Frente Nacional. Y hacia finales de la centuria se observaría nuevamente el mapa entre liberales y conservadores. Sin embargo, las reglas del juego político que estableció la Constitución de 1991 debilitaron el sistema bipartidista y trajo un revolcón que favoreció a un sistema caudillista que hasta hoy se siente.
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Como señaló Antonio Navarro Wolff en una entrevista para este diario, una de las principales consecuencias de la Constituyente de 1991 fue la ruptura de la dualidad conservadora-liberal que dominó la segunda mitad del siglo XIX y casi todo el siglo XX. “Veníamos de un bipartidismo totalmente cerrado, donde solo era el partido liberal y el partido conservador, y nada más. La Constitución permitió el pluripartidismo. Eso ha hecho que tengamos una política. Al principio eran muchos partidos, por número de partidos a aquellos que conseguían al menos el 3 % del Senado o el 3 % donde hay 15 partidos, pero indudablemente eso es muchísimo mejor que la situación anterior, donde solo teníamos dos”, comentó el entonces presidente a la Asamblea Nacional Constituyente.
Sin embargo, los efectos de la Constitución no se sintieron de inmediato. Las siguientes dos elecciones presidenciales (1994-1998) se mantuvieron en dicho orden bipolar de liberales y conservadores. Lo que sí fue evidenciable desde el principio fue el impacto de la instauración de la segunda vuelta presidencial en caso de que un ganador no alcanzara más del 50 % de los votos. Desde que entró en vigor esta reforma, el país ha ido a cinco segundas votaciones en los siete procesos electorales presidenciales que se han realizado. Únicamente en 2002 y 2006, cuando Álvaro Uribe resultó ganador, la victoria se adjudicó en primera vuelta.
Los mapas de las segundas vueltas en el país también son una muestra de lo complejo que es revertir una primera victoria. De cinco segundas elecciones, solo en dos el ganador fue diferente: Andrés Pastrana en 1998 y Juan Manuel Santos en 2014. En ambos casos la paz fue el factor diferencial. El primero logró revertir el resultado con los anuncios de acercamientos a las Farc para un proceso de paz, y el segundo, Santos, obtuvo el apoyo de los sectores alternativos ante el riesgo de que el uribismo no siguiera con las negociaciones en La Habana. La segunda vuelta ha introducido nuevas dinámicas políticas, como lo comenta el politólogo Javier Duque Daza, en su artículo sobre estas: “La doble vuelta propicia mayor pluralismo al darles cabida a otras alternativas, a pequeños partidos y a candidatos que entran en el juego de posibilidades, que pueden proyectar sus nombres entre la opinión pública y sus agrupaciones políticas”.
Tanto la inclusión de la segunda vuelta como la apertura del sistema político a más partidos hizo que el tarjetón se poblara de casi una decena de candidatos por proceso. Aunque esta tendencia vino desde la boleta electoral de 1990, las siguientes campañas afianzaron las múltiples candidaturas. Sin embargo, como lo demuestran las distintas gráficas y mapas que acompañan este texto, ello no implicó una mayor competencia presidencial. En varias ocasiones, dichas aspiraciones no llegaron a sumar ni siquiera el 10 % total de los votos. Los ejemplos más fehacientes son los de 1994 y 1998. En ambas elecciones hubo más de 12 aspirantes presidenciales, pero los votos se concentraron en los dos primeros lugares y otros más se quedaron con el tercer lugar. Las demás candidaturas, sumadas, ni siquiera llegaron al 5 % de los votos.
Las elecciones desde 1994 hasta 2018 demuestran la dificultad que ha implicado consolidar una tercería en cada votación. Solo en dos ocasiones se ha llegado a consolidar una tercera opción con verdadero caudal electoral: 1998 y 2018. En el primer caso, Noemí Sanín le hizo pelea a Horacio Serpa y a Andrés Pastrana, y llegó a ganar en Bogotá y Cundinamarca. Incluso este diario registró ese hito y llegó a decir que “los votos de Noemí serán la clave”. En el segundo caso, Sergio Fajardo estuvo cerca de la segunda vuelta al quedar a poco más de 300.000 votos de Gustavo Petro, el que pasó con Iván Duque. En esa ocasión, Fajardo ganó en Bogotá. En 2010, Germán Vargas Lleras también rompió la tendencia de mapas electorales de solo dos colores al ganar Norte de Santander. Sin embargo, en el resto del país los votos no le dieron para consolidarse como tercera opción.
Los mapas de cada una de las elecciones desde 1994 hasta 2018 también son una muestra del debilitamiento del sistema partidista y el paso a un caudillismo que hasta los pasados comicios fue dominado por la figura de Álvaro Uribe. A finales del siglo XX se mantuvo el orden liberal-conservador, aunque la elección de Pastrana, en 1998, ya demostró el debilitamiento de este sistema, pues ganó a través de la Gran Alianza por el Cambio, que incluyó un amplio sector de los liberales. No obstante, el panorama cambió completamente a principio del siglo XXI con la llegada a la lucha electoral de Uribe. Desde entonces, los dos partidos tradicionales no han sacado un solo presidente. Lo más cercano ha sido el segundo lugar de Horacio Serpa en 2002 y las adhesiones a las candidaturas de Juan Manuel Santos e Iván Duque.
Sin importar la orilla política en la que se esté, es preciso reconocer que Uribe ha sido el que les dio forma a los últimos 20 años de la política colombiana. Desde su sorpresiva victoria en 2002, marcó la pauta. No solo ganó sus dos elecciones en primera vuelta, sino que sus candidatos tuvieron victorias en 2010, 2014 y 2018. En el caso de 2014, Óscar Iván Zuluaga, aspirante del uribismo, ganó en primera vuelta. En la segunda se impuso Juan Manuel Santos, gracias a la convergencia de los partidos alternativos. Fue este el único gran golpe electoral presidencial que ha sufrido Uribe. No obstante, todo parece indicar que en 2022 la situación le será adversa, tanto que su apoyo ha sido velado al candidato de la derecha.
Por otro lado, los mapas igual demuestran el avance que han tenido la izquierda y los sectores de centro en la política colombiana. El tradicionalismo y el bipartidismo han sido desplazados por aspirantes de este espectro. Por ejemplo, en 2006, el contendiente de Uribe fue Carlos Gaviria, del Polo Democrático. Aunque fue derrotado en primera vuelta, llegó a ganar en Nariño y La Guajira. En 2010 el escenario fue similar, donde el entonces candidato del uribismo, Santos, tuvo que enfrentarse a Antanas Mockus. Estos llegaron a segunda vuelta y el exalcalde capitalino ganó en Putumayo, Bogotá y Cundinamarca. En 2018 se dio el más claro ejemplo de este crecimiento, pues Gustavo Petro pasó a segunda vuelta y tuvo la más alta votación jamás alcanzada por un candidato de izquierda.
Más allá de estas observaciones, los gráficos y mapas electorales demuestran la importancia electoral que tiene el centro del país, ante la densidad poblacional y la tradición de salir a votar. De los siete procesos electorales, en cinco de ellos los candidatos que han ganado en esta zona son los que se han quedado con el poder. Esta tendencia no se cumplió en 1994 y en 2014. En estos casos, Ernesto Samper y Juan Manuel Santos no tuvieron necesidad de imponerse en la parte central, sino que ganando el norte, el sur y el occidente, y sacando una buena votación en el resto del país, llegaron a la Presidencia.
En este mismo sentido, las votaciones representadas en cada departamento permite ver las tendencias de las regiones. El centro del país ha sido históricamente más cercano a las ideas y candidaturas tradicionales. Antioquia, Cundinamarca, Tolima, Santander, entre otros, han reportado victorias de aquellos más afines al establecimiento. No obstante, Bogotá ha roto esa dinámica, pues allí han ganado Sergio Fajardo, Noemí Sanín y Antanas Mockus.
Los departamentos externos, a su vez, han sido terreno fértil para las candidaturas de orden liberal o alternativo. Fue en estos donde ganó Horacio Serpa en 1998 y 2002. En 2006, Carlos Gaviria obtuvo victorias en Nariño y La Guajira. Cuatro años después, la mayoría del mapa le perteneció a Santos, excepto en Putumayo, donde ganó Mockus. En la siguiente elección, con el apoyo alternativo, el entonces presidente-candidato Santos perdió en el centro del país, pero ganó en el norte, occidente y sur. En 2018, Petro le ganó a Iván Duque en buena parte del occidente y el norte de Colombia.
Así fueron las elecciones entre 1994 y 2018:
2018
Las más recientes elecciones enfrentaron a Gustavo Petro e Iván Duque. La oposición al acuerdo de paz, evidenciado en la victoria del No en el plebiscito de 2016, fue la plataforma con la que el uribismo volvió al poder a través del actual presidente. Por primera vez una candidatura de izquierda, representada en Gustavo Petro, tuvo una amplia acogida en la población y pasó a segunda vuelta.
2014
Juan Manuel Santos buscó la reelección alejado de las bandera con las que lo eligieron: la seguridad democrática y el uribismo. Precisamente se enfrentó al candidato del expresidente Álvaro Uribe, Óscar Iván Zuluaga. Aunque el candidato presidente perdió en primera vuelta, en segunda consiguió el apoyo de las fuerzas alternativas que le apostaron al continuismo del proceso de paz.
2010
Después de ocho años de gobierno de Álvaro Uribe, este puso como su sucesor a Juan Manuel Santos. Las banderas de la seguridad democrática lograron que el exministro de Defensa tuviera victorias cómodas en primera y segunda vuelta. Antanas Mockus fue el candidato alternativo por el Partido Verde. Su campaña, la Ola Verde, fue una de las campañas más recordadas en el último tiempo por su impacto en redes sociales, pero no tuvo tanta acogida en las urnas.
2006
Álvaro Uribe fue el primer presidente en reelegirse de forma consecutiva en casi un siglo. Su lucha contra las guerrillas le generaron una gran aceptación que le permitió tramitar en el Congreso, de una forma catalogada como irregular por la Yidispolítica, una reforma constitucional para poder repetir mandato. Su principal oponente fue Carlos Gaviria Díaz, del Polo Democrático. Fue la primera vez que una figura proveniente claramente de un partido de izquierda fue segundo en una elección presidencial.
2002
El gobierno de Andrés Pastrana dejó como resultado un amplio descontento ante el fallido acuerdo de paz del Caguán y el fortalecimiento de la guerrilla de las Farc. Este ambiente fue propicio para que se posicionara Álvaro Uribe, una persona que no figuraba en las encuestas y que hasta el momento era más conocido por ser el exgobernador de Antioquia. Uribe venció a un Serpa que ya había sido derrotado por Pastrana en 1998.
1998
Andrés Pastrana ganó en gran parte por la pesada carga del desprestigio que tenía Horacio Serpa por haber sido parte de la administración de Ernesto Samper. A pesar de ello, Serpa se impuso en primera vuelta y el delfín solo pudo darle vuelta cuando anunció sus intenciones de tener una negociación de paz con las Farc. Fue la primera vez que se revertía el resultado de la primera ronda.
1994
Fue la primera elección presidencial con la Constitución de 1991 en vigor. Ernesto Samper continuó con la tendencia de gobiernos liberales de la última década. En dicha justa se estrenó la figura de segunda vuelta con el choque entre Samper y Andrés Pastrana. Tras la derrota en segunda vuelta, este último dio a conocer los narcocasetes en los que se hablaba de la entrada de recursos irregulares a la campaña del que resultó electo como presidente.