Que la nueva plaza de disputa política son las redes sociales no es una novedad. Tampoco lo es que desde la campaña presidencial de 2010, cuando internet empezó a ganar terreno en las discusiones, el nivel de debate se ha venido deteriorando y es cada vez menos profundo. Las consecuencias de haber preponderado los montajes, los insultos, las noticias falsas y, en general, lo viral se están evidenciando en la actual disputa hacia la Casa de Nariño, que se ha caracterizado por privilegiar las tendencias sobre las propuestas. Hoy por hoy, a nadie le extraña encontrar en las redes sociales de una u otra candidatura publicaciones similares a las que suelen hacer los simpatizantes políticos de internet. Muchas veces, incluso, con los mismos agravios que utilizan quienes basculan entre activistas e internautas.
Una explicación a ese fenómeno es que desde los mismos movimientos y partidos cada vez les abren más las puertas a los activistas digitales. Algunas veces como apoyo a las estrategias virtuales de las campañas, pero en otras para sumarse a la política electoral, confiando en que los números de redes sociales se pueden traducir en votos. Solo hay que recordar que en las pasadas elecciones varios youtubers, influenciadores y otras estrellas de redes sociales se postularon al Congreso, y que varios lograron mover su público digital a las urnas y alcanzaron una curul para el próximo período legislativo.
Como sea, es claro que ese traslado de la arena política a las redes sociales ha venido desdibujando la discusión sobre propuestas, programas y temas de país, que otrora fueron la clave para definir el voto de la ciudadanía. Ejemplos hay muchos, desde todas las orillas políticas, y vale mencionar algunos de los más recientes. Gustavo Petro, candidato presidencial del Pacto Histórico y que según la mayoría de encuestas es la primera opción para ganar la Presidencia, se tranzó en una fuerte discusión con un activista digital de la derecha a quien no vaciló en tildar como “neonazi”, a pesar de que se trata de un tuitero de origen judío.
A Petro le molestó una columna contra su trayectoria y con dicho calificativo expuso al activista digital ante la opinión pública. Nunca presentó excusas y, por el contrario, volvió a usar el calificativo contra algunos medios de comunicación. “La misma prensa ha descubierto la configuración de redes neonazis. Muchas de ellas ya se pagan con dineros públicos. Muchas son potenciadas desde los mismos medios de comunicación”, escribió el aspirante presidencial de centro-izquierda días después del primer episodio.
Pero quizás el suceso que mejor retrata cómo las dinámicas de redes sociales se han mudado al debate político fue cuando el presidente del Senado, Juan Diego Gómez, dijo nada menos que en la plenaria de la corporación que “las antiguas Farc y las disidencias”, así como el Eln, celebran la campaña vicepresidencial de Francia Márquez. El comentario de Gómez hizo eco a una noticia falsa que se propagó entre los círculos digitales de derecha, que aseguraba con una foto falsa que la candidata vicepresidencial había sido parte de la guerrilla. Eso sin contar los múltiples mensajes racistas y clasistas que se han hecho contra Márquez, pero también contra varios aspirantes a la Vicepresidencia en una contienda inédita en la que cinco de ocho fórmulas presidenciales son afrocolombianos.
Y es justamente eso lo que más inquieta a analistas y observadores políticos. Que si bien en anteriores campañas hubo ofensas graves, estas se limitaban a temas políticos, como el “castrochavismo”, el origen de extrema derecha o izquierda de algunos candidatos, la relación entre política y dineros calientes o los vínculos con estructuras políticas cuestionadas. Pero en la actual están saliendo a relucir temas de discriminación que nada tienen que ver con política, y que están dejando de lado las visiones de país de cada candidatura.
Una de las preocupaciones de la Misión de Observación Electoral (MOE) es que en la campaña está primando la descalificación del contrario y se está empobreciendo el debate. Así lo considera Alejandra Barrios Cabrera, directora de la veeduría, quien explica que desde que se inscribieron las fórmulas presidenciales empezó una guerra sucia sin precedentes. “Empezamos es a ver un debate basado en la discriminación, el sexismo, el racismo, el clasismo, entre otros. Veníamos de debates duros, pero este nivel tan bajo nunca había estado presente, y eso nos pone de presente la falta de comprensión real que hay sobre el país”, enfatizó.
Otra interpretación a lo que está sucediendo la da Jorge Iván Cuervo, investigador de la Facultad de Gobierno de la Universidad Externado, quien aseguró que los estrategas de campaña antes buscaban que determinado mensaje calara en la población, pero hoy se han enfocado en lo mediático y las redes sociales. “Ahora buscan cómo reforzar las emociones positivas y negativas. Se consolidan identidades, y en ese sentido el lenguaje cumple un papel muy importante. Y a eso les están apostando las estrategias de campaña”, explicó el analista.
Y aunque los medios de comunicación tenemos la misión de comparar y contrastar las diferentes posturas políticas, según Cuervo, esto cada vez se está haciendo menos y en su lugar algunos medios están deteriorando la poca cultura política que existe. “En los debates de acá importa más picarles la lengua a los candidatos, el rating y que se agarren. En las universidades quizá son más profundos los debates, pues al ser un ámbito académico el auditorio ayuda a que se civilicen”, añadió.
Cada vez el odio se sobrepone a los programas y los presagios de lo que viene no parecen ser los mejores. Andrés Dávila, director del Departamento de Ciencia Política de la Universidad Javeriana, quien había anticipado que después de las elecciones del 13 de marzo vendría una campaña crispada y de muchas agresiones, auguró que será muy difícil ponerle freno a esa dinámica. Según dijo, “así como está de fragmentado el sistema político, cuando se empieza a decantar la contienda electoral claramente entre Gutiérrez y Petro, hay un escenario polarizado y con mucha menos capacidad de escucha y discusión que hace cuatro años”.
En contravía de esa posición, Marcela Prieto, analista política, destaca que en realidad no hay polarización y que algunos candidatos están tratando, sin éxito, de explicar sus propuestas. Su postura es que, como la contienda se está centrando en un cambio de modelo, las posiciones son muy radicales en términos de estrategias de comunicación. “Los candidatos están tratando de decir qué proponen, pero hay una respuesta a posiciones muy radicales de cambio de modelo”.
Para Dávila, aunque el deseo es que de nuevo se discutan ideas, su pronóstico es que no se ve cómo puede cambiar, y que por el contrario va a empeorar. También es el presagio de Barrios, quien afirmó que es necesario que desde las mismas candidaturas se haga una revisión a cómo están llevando a cabo la campaña y que desde allí se haga el esfuerzo de controlar a los simpatizantes.
“El liderazgo radica en que hagan un llamado a abordar los problemas con respeto y tolerancia hacia el otro. Ellos no están por fuera de esto y son quienes tienen que poner el ejemplo. Si uno ve las redes sociales de los candidatos, se pregunta qué tipos de liderazgos hay en esa organización política. No se puede decir que hay candidatos maravillosos y seguidores terribles, porque los seguidores hablan del tipo de liderazgo que se ejerce. No hay que quitarles la responsabilidad, y el principal mensaje es a los candidatos, porque se lidera y se gobierna con el ejemplo”, concluyó la directora de la MOE.