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21 Mar 2022 - 2:00 a. m.

“Llegamos al Congreso para continuar luchando por la dignidad”: Cha Dorina

Cha Dorina Hernández es la primera palenquera en la historia del país en llegar al Legislativo; pero su quehacer político no es nuevo: trabajó por el derecho a la propiedad colectiva de las comunidades negras en la Constituyente de 1991 y participó en la creación del Polo, Colombia Renaciente y Soy Porque Somos.
Laura Angélica  Ospina

Laura Angélica Ospina

Periodista Política
“Llegamos al Congreso para continuar luchando por la dignidad”: Cha Dorina

El 13 de marzo, el nombre de Cha Dorina Hernández quedó grabado en la historia del país: esa noche, cuando la Registraduría entregó el preconteo de las elecciones para elegir el Congreso que regirá entre 2022 y 2026, más de 82.000 votos le aseguraron un escaño en la Cámara de Representantes. Una de las 295 curules que configuran las fuerzas políticas en el Capitolio será ocupada por la primera palenquera que tendrá voz y voto para legislar en nombre del pueblo fundado por Benkos Biohó.

Después de la controversia que generó la inclusión de Sandra Villadiego, esposa del excongresista Miguel Ángel Rangel, condenado por parapolítica, Cha Dorina Hernández aterrizó en la lista del Pacto Histórico a la Cámara por Bolívar. El 10 de febrero la llamaron para preguntarle si le interesaba la posibilidad y el 18 aceptó la postulación ante la Registraduría. “Recibí una comunicación por parte de Francia Márquez, quien es mi compañera en la militancia afro, para aceptar la candidatura en la lista cerrada. A las pocas horas recibí el mensaje de Gustavo Petro. Esa misma noche nos reunimos de manera virtual y acordamos que no podíamos seguir con el discurso de que nos han excluido y no participar ahora, cuando había una posibilidad de ser incluida y asumir esa responsabilidad”, cuenta.

Realizó una campaña de menos de un mes y, bajo su experiencia y la estrategia del Pacto de endosar votos bajo el nombre de Petro, Hernández fue la única candidata electa de toda la lista de Bolívar. “El poder político, económico y social quedó en manos de los hijos de los españoles y son sus nietos y tataranietos quienes hoy siguen gobernando este país. Nosotros seguimos solamente contando para ponerlos en el poder con los votos. Esta victoria es llegar como palenquera, como pueblo y movimiento social, a esos espacios de poder a los que no habíamos tenido acceso, en los que han mandado las mismas familias políticas. Llegamos al Congreso para continuar luchando por la dignidad y la libertad, que es lo que significa ser palenquera”, dijo Hernández.

De Palenque de San Basilio

Cha Dorina Hernández tiene 55 años. Cuarenta los ha dedicado al trabajo comunitario y político en Bolívar, en especial en su natal Palenque de San Basilio —corregimiento de Mahates—, proclamado en 2005 por la Unesco como Patrimonio Cultural e Inmaterial de la Humanidad. Sí, Hernández es hija del primer pueblo libre de la América colonial. Su historia de vida está totalmente ligada a la historia de resistencia de los negros esclavizados entre los siglos XVI y XVII, quienes, bajo el liderazgo de Benkos Biohó, lograron el primer acuerdo de paz en el marco de la rebelión cimarrona contra los colonizadores esclavistas en lo que hoy es Colombia.

El profesor Vicente Cásseres, oriundo de Palenque de San Basilio, narró así ese hecho para Señal Colombia: “Los españoles no tuvieron otra que llamarlo [a Biohó] para establecer acuerdos de paz, a lo que Benkos aceptó y uno de ellos fue que nadie andara armado”. Lo pactado también estableció que no podían llegar más cimarrones y que Biohó podría tener libre movilidad en la Cartagena de la época. “Esto enfureció a un sector de los españoles y optaron por asesinarlo, pero fue nuestro máximo líder y héroe”, agregó Cásseres. En ese contexto, el historiador Javier Ortiz Cassiani aseguró para el canal público que, si bien los palenques habitaron en el Pacífico, el Caribe y el norte de Antioquia, Palenque de San Basilio, en Bolívar, “es el único pueblo de esa zona que mantiene cierto grado de autonomía cultural con relación al resto de la población”. Es ahí donde el papel de Hernández había cobrado mayor peso.

De la vergüenza al orgullo

Hernández es gestora cultural y etnoeducadora. Su aporte ha consistido en mantener vivo el palenque, la única lengua criolla de las Américas que, como dice la Unesco, “combina una base léxica española con características gramaticales de las lenguas bantúes”. En 2018, la hoy congresista electa recibió el reconocimiento de mujer Cha en el Festival de Tambores y Expresiones Culturales de Palenque, por el rescate de esta lengua. Llevar el prenombre Cha es una forma para identificar a los hombres y mujeres mayores que son sabedores y tienen autoridad en su comunidad. Mucho antes de ser honrada de esa manera, Hernández comprendió cómo la discriminación y las pocas políticas públicas para las poblaciones diferenciadas estaba matando su cultura.

Lo recuerda con una anécdota: “Cuando era niña, yo escuchaba mucho mi lengua. En la primaria en Palenque podíamos interactuar con nuestras prácticas culturales. Pero mi abuelito, que ya comenzaba ese proceso de españolización, le decía a una de mis tías: ‘Mira que afuera no nos entienden, se burlan de nosotros, y ustedes están enseñándole a esta niña que hable lengua palenquera’”. Hernández narra que en la década de 1970 llegó a Cartagena a estudiar el bachillerato. Allí entendió lo que criticaba su abuelo en Palenque. “Vimos que éramos totalmente diferentes, sí éramos objeto de burla”.

“Aquí a los niños les daba vergüenza hablar palenquero. Todos los profesores de la escuela eran foráneos, desde afuera nos decían que debíamos ser civilizados”, cuenta. Por ese malestar que se fue posando sobre las generaciones de jóvenes posteriores a ella, resistió desde su rol de educadora. “Cuando terminé el magisterio, eso hizo que me vinculara a la escuela para ser la primera maestra de mi comunidad. Lo hice porque no podía permitir que siguiéramos alienados de nuestra cultura. En ese ambiente entendimos que nosotros éramos muy ricos en medio de esa gran carga de racismo y discriminación, puesta sobre los que éramos corronchos y primitivos porque mirábamos desde lo local y el modelo era el de afuera, el foráneo”, relata.

Las batallas políticas

Aunque Cha Dorina Hernández debutará en el Congreso, su recorrido en la política es extenso, data desde antes de la Constitución de 1991 y lo ha realizado en la organización Procesos de Comunidades Negras (PCN). Junto con su esposo, Dionisio Miranda, fallecido por covid-19 el año pasado, participaron en la creación del Polo Democrático, Colombia Renaciente y Soy Porque Somos. Este último es el movimiento que representa Francia Márquez, tercera votación más alta de las tres consultas presidenciales. “Con ese contexto, venimos haciendo parte del Pacto Histórico con un movimiento social de la lucha afrodescendiente”, explica.

En ese sentido, Hernández manifiesta que legislar no es un asunto nuevo para ella ni para quienes representa. Cuenta, por ejemplo, que como los pueblos negros no tuvieron una participación plena en la Asamblea Nacional Constituyente, compañeros del Caribe y el Pacífico lograron incluir algunos avances mínimos para subsanar un poco las consecuencias del desprecio con el que se ha dañado a los afrocolombianos. “Unas horas antes de que se cerrara la Constituyente logramos meter en la Constitución el artículo transitorio 55”, recuerda. Dicho artículo le dio paso a la Ley 70 de 1993, que reconoce a las “comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la cuenca del Pacífico el derecho a la propiedad colectiva”, dice la norma, para que se les garanticen condiciones reales de igualdad.

“Es decir, Francia Márquez y muchas otras compañeras ya venimos de esta larga experiencia. Hemos sido garantes para el pueblo negro disperso. Con una historia de llevar el peso de la cruz por la esclavización y de no ser protagonistas, quedamos despojados de la tierra y logramos, con Francia y con muchos, levantar la bandera de consolidar un espacio que fuera para todo el pueblo negro. Nos tocó pararnos, concertar con el Gobierno. Te estoy hablando de una lucha que inicia en la Constituyente: nosotros en el Caribe, otros en el norte del Cauca, en el Pacífico, en el Chocó, en Nariño, nos juntamos en la ética de ubuntú: yo soy en tanto el otro también existe; por lo tanto, tenemos que trabajar por unas condiciones de vida colectivas que no abandonen los aspectos particulares y personales”, declara.

Su batalla política es la de todo un pueblo: participar con garantía total en los espacios de decisión. La creación del Ministerio de la Mujer, la dignificación del oficio de las palenqueras y la seguridad alimentaria son, por ahora, tres temas que quiere defender en el Congreso. Su identidad cultural, dice, se verá reflejada en su forma de legislar: “La identidad cultural no es solamente un tema de manifestación o de folclorismo; es un tema de tú saber que estás parado en una raya y no salir a parecerse a los políticos tradicionales. Tener claro tú a qué perteneces y tener una posición de tu historia y tu cultura es también seguir trabajando por esa misma senda de reivindicación de libertad”, concluye.

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