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14 Jun 2022 - 7:56 p. m.

¿Petro o Hernández? Dos tipos de cambio

Los electores no votarán por un partido ni por un tema de debate, sino (otra vez) por quién puede modificar la política.

Rodrigo Pardo

Gustavo Petro y Rodolfo Hernández se enfrentarán en las urnas el próximo 19 de junio.
Gustavo Petro y Rodolfo Hernández se enfrentarán en las urnas el próximo 19 de junio.
Foto: AFP - YURI CORTEZ JUAN BARRETO

Las elecciones presidenciales de este domingo, según parece, serán una de esas en las que los analistas pasarán tiempo tratando de explicar el porqué de lo que ha ocurrido. Los partidos tradicionales vienen en caída libre desde hace varias elecciones, eso es claro, pero hasta ahora habían preservado un liderazgo en la competencia para el Congreso, y habían mantenido cierta influencia en las presidenciales. Hoy no aparecen por ningún lado.

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Más bien, se impone el liderazgo personal. Gustavo Petro y Rodolfo Hernández llegaron a la final, en la segunda vuelta, de manera solitaria, que parece ser la fórmula que los electores prefieren en esta coyuntura de 2022. Los partidos tradicionales, y los más nuevos, habían venido cediendo terreno desde hace años, pero en esta ocasión perdieron aún más y su desgaste se extendió incluso a la composición del Congreso. Ni qué decir a las elecciones presidenciales, en las que se corroboró una pérdida de influencia que se había expresado desde hace varios años.

Vale decir, en esta final resulta difícil decir cuál de los dos candidatos viene de afuera hacia adentro a buscar un cambio. Ambas lo son a su manera. Un escenario inédito en un país que durante años ha preferido la estabilidad sobre los ensayos de cambio, que con frecuencia se condenaban con el rótulo de ‘saltos al vacío´.

Ahora, todo indica que tales saltos no asustan tanto como en el pasado. Los partidos tradicionales no son actores de primer orden en las elecciones, ni en las de presidente ni en las de Congreso. Y en cambio, los nuevos actores tienen el camino abierto hacia adelante. Lo tiene Hernández y lo mantiene Petro, que llegan a la segunda vuelta con el apoyo de las encuestas distribuido entre ambos, casi por partes iguales.

El gran sacrificado, hasta ahora, es el famoso ´centro´ que en los comienzos del largo debate y de una campaña eterna -y por momentos inocua en términos programáticos- parecía convertirse en el preciado tesoro al que todos querían acceder. Solo que esta vez la campaña condujo a una preferencia por las alternativas más definidas, Petro, o más nuevas, Hernández, un candidato de una edad que, en la era de los Duque, Uribe, etc, parecía demasiado alta pero que se volvió viable, paradójicamente, por su experiencia limitada en la vida pública. El electorado prefirió alternativas más definidas. ¡Son los tiempos del cambio!

Además, lo invitamos a ver “el último NO debate”, el único duelo de Petro y Rodolfo Hernández antes de la segunda vuelta.

Vale decir, los electores están enviando un mensaje contundente. ¿Acaso como cuando Alfonso López bautizó su cuatrienio como el del ‘Mandato claro´?. Al fin y al cabo, el estado de un ciudadano corriente, en estos tiempos de secuelas de la crisis y con temores generalizados de que se puede volver atrás, es de desesperanza y, en consecuencia, crítico. Porque ni el desempleo ni la actividad productiva consolidan su recuperación. El ansia por un cambio de rumbo es evidente y por eso, hasta el momento final de la campaña, las preferencias de los electores que se quedaron con Petro o Hernández. Dos rostros que encarnan el famoso anhelo de cambiar el rumbo.

No es de extrañar, entonces, que la segunda vuelta gire entre dos competidores que tienen una bandera de cambio de rumbo, aunque el significado de ese concepto sea distinto para cada uno. Porque ambos, Petro y Hernández, si fueran elegidos, llegarían con la convicción -y la bandera- de que ganaron las elecciones para modificar el rumbo. No importa, incluso, que falte claridad sobre hacia dónde quieren llevar la nave.

Porque, por una vez, la competencia entre Petro y Hernández no es entre un defensor del cambio y otro que defiende el status quo, sino entre dos ideas -con diferencias- sobre cómo modificar el rumbo. ¿Efectos de la pandemia? Hernández sostiene la rentable bandera de la crítica a la política (y el arrasemos con todo) y Petro, quien ha perdido varias elecciones por sostener una posición muy radical, consolida ahora el apoyo a su visión sobre cómo enderezar el camino. O mejor, sobre cómo encontrar uno nuevo.

La segunda vuelta por la presidencia, en fin, no será como las del pasado, que se definían por la filiación partidista (liberal vota liberal), o por una bandera (la paz de Andrés Pastrana o de Juan Manuel Santos en la segunda vuelta) o por la lucha contra la subversión (Álvaro Uribe). Todo indica que Petro y Hernández están disputando dos maneras de liderar un cambio en la política, y que las creencias de los electores están muy divididas. El país, sin duda, está ingresando a rumbos desconocidos.

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