Abelardo de la Espriella le pregunta a sus seguidores en la Plaza de Lourdes en Bogotá si están dispuestos a morir por su país. La respuesta de los Defensores de la Patria es, inequívocamente, que sí.
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Ese miércoles 20 de mayo está parado en medio de una pecera que lo blindaría de cualquier tipo de ataque con un arma de fuego. En ella se reflejan las linternas encendidas de una “manada” que lo estuvo esperando con fervor, blandiendo globos alargados de todos los colores. En el fondo resuena el coro de una canción que ya ha hecho rondas en las redes sociales, el espacio en el que el abogado ha potenciado su campaña. La imagen es de tres felinos bailando y el mensaje es simple: este 31 de mayo, “póngale la raya al tigre”.
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Minutos antes de que el candidato llegara al escenario, el animador del cierre de campaña de Bogotá estaba convocando una “histeria” del público. “Solo he visto esto en conciertos de Silvestre Dangond”, dice. No es una comparación al azar: cinco días antes, el cantante de vallenato había llenado El Campín con poco más de 30.000 asistentes. De la Espriella y Dangond son amigos de larga data y el artista ha dirigido mensajes directos en apoyo al abogado. “Te necesitamos, hermano. Aprieta, aprieta”, fue una de las frases que le dedicó en uno de sus más recientes conciertos.
El número de personas presentes en el cierre de campaña de De la Espriella frente a la Basílica Menor Nuestra Señora de Lourdes no alcanza el del estadio, pero el animador insiste en la masividad del evento. Tiene su celular en la mano y dice que le llegaron mensajes de la Secretaría de Transporte, que por la cantidad de “defensores de la Patria” van a tener que cerrar la carrera 13, algo que nunca se concreta. Recibe mensajes de De la Espriella, diciendo que el público con las linternas prendidas era “lo más bello que había visto”.
Es una escena que se repetiría en Barranquilla y en Medellín, las otras dos ciudades que escogió para los eventos finales de su campaña. En la capital del Atlántico, llenó el Malecón del Río, su campaña habla de 50.000 asistentes. La cantante Ana del Castillo cantó el himno de Colombia—”el presidente es hijo de Cristo, vamos para adelante”—; un mar de personas vestidas con la camiseta de la Selección gritó al son del “tigre”. En el departamento antioqueño alzaron una virgen en pleno discurso del candidato, con la catedral de San Nicolás el Magno de fondo, y en La Macarena llenó el recinto con fuegos pirotécnicos e imágenes de “Abelardo en primera”.
En Bogotá, la gente está a la expectativa. Un cúmulo de personas se reúne en la entrada de la carpa del candidato para recibirlo. Los frena un pasillo de honor hecho por reservistas de las Fuerzas Armadas que lo apoyan —el electo senador de Salvación Nacional Germán Rodríguez dice que es el abogado el que tiene el apoyo del grueso de la reserva—, con las caras pintadas y una mano en la posición del saludo militar. Es el “firmes por la patria” hecho carne y hueso, hoy uno de los eslóganes más “pegajosos” de la contienda política.
Todos quieren lograr un video de De la Espriella cuando llegue. Primero lo hace José Manuel Restrepo, la fórmula vicepresidencial. Las personas comienzan a empujar para alcanzar a tomarse la foto. El economista convertido en la sensación de los “Defensores de la Patria” se toma su tiempo en entrar, abraza a la gente, la saluda, les agradece. “Ahí llegó el vicepresidente”, dicen desde atrás. Se acaba la escena, pero todavía falta el abogado.
Un hombre se sube en una caneca de basura y se sostiene en un poste de luz para tener mejor vista. Hay una batucada esperándolo en la calle. En el edificio de enfrente hay personas asomadas en las ventanas. Los celulares comienzan a grabar apenas una Toyota blanca comienza a acercarse al andén. “Vamos, tigre”, se escucha antes siquiera de que se haya visto al abogado bajarse del carro. Cuando lo hace los empujones son más fuertes. Un muchacho comienza a sacudir el poste de luz de la emoción, le grita “mi presidente”, pero no alcanza a verlo, porque su esquema de seguridad dificulta la visibilidad. De la Espriella entra rápidamente y se queda en una carpa preparándose para salir al escenario.
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A la “urna de cristal” —como la bautizó su contrincante Paloma Valencia (Centro Democrático)— en la que se parará el abogado para hablarle al público la limpian cuidadosamente antes de que se suba. Lo hace un hombre con una camisa negra que dice “Lo quieren matar [sic]”, una clara referencia a las amenazas contra la vida del candidato en medio de la contienda presidencial, y en sus pies se alcanzan a ver los tenis que vendía el candidato para financiar su aspiración presidencial. También inflan una garra caricaturesca de un tigre mientras Nicolás, quien casi que está detrás de toda la producción de los eventos, se comunica con el equipo a través de un intercomunicador.
Para los incautos puede ser una sorpresa ir a un acto de campaña de De la Espriella y encontrarse con un showman. Tiene en todo momento el control del escenario. Se aprende sus discursos de memoria, le indica a la gente de sonido cuándo quitar la música —que suena cada vez que hace una pausa para tomar agua—, la pirotecnia está cuidadosamente controlada y con un solo movimiento puede indicarles a sus seguidores cuándo gritar más duro.
Quienes lo apoyan son fervorosos y fieles, en todo el sentido de la palabra. En Bogotá, los eventos del abogado a los que fue El Espectador ocurrieron, casi siempre, en lugares religiosos. Él mismo es enaltecido por un culto propio. Don Jorge, quien hace parte del grupo que apoya al candidato en Kennedy, dice que fue Dios quien le dijo que votara por el abogado: “Él es el Ciro de Colombia, yo le recé a Dios para esto”.
La campaña de De la Espriella y la fe son algo casi inextricable. Él se describe a sí mismo como un hombre de profunda fe —hoy es un “ateo arrepentido”— y en casi todos sus actos proselitistas está acompañado por un religioso que le da la bendición. Frente a la Basílica de Lourdes, por ejemplo, citó de memoria la oración “Colombia Patria Mía”.
Su llamado lo han atendido, en gran parte, los grupos religiosos. A Jorge, su pastor en la iglesia Manantial de Vida les dijo que el candidato elegido por Dios era De la Espriella, un hombre “temeroso de Dios”. Para Lidia, quien asistió al evento del cierre de campaña en Lourdes, su “Abelardito” pone la fe ante todo. Una gran parte de los presentes en esos actos de campaña llegaron allá por el mismo culto al que asisten, alentados por gente de confianza o por las redes sociales, en las que, como en sus discursos, mantiene un tono directo y confrontativo con sus contendores, incluso los que están en su misma orilla política.
Los promotores de ese tono están montados en el escenario. Se trata un trío de influenciadores que viaja siempre con el candidato: Vincent Ramos, Santiago Giraldo y Miguel Zárate son estrellas de los “defensores de la patria”. Entran al recinto como parte del equipo de prensa y el primero ha sido comparado por De la Espriella con Charlie Kirk, el asesinado activista de la derecha “trumpista” en Estados Unidos que hizo parte de la estrategia que ayudó a reelegirlo en 2024. Entre todos acumulan más de 44 mil seguidores en X: “Mantiene a toda la campaña rival atrapada en el desgaste digital”, dice Ramos sobre Zárate.
Son conocidos por sus videos en contra de Valencia y su fórmula vicepresidencial, Juan Daniel Oviedo; e incluso contra su hija, Amapola. Son expertos en comunicarse con la “manada”, que también los aclama esa tarde en Bogotá. Se pasean por la plataforma, con el celular siempre a la mano. Son parte de la andanada de cuentas en redes sociales que blindan al candidato de cualquier crítica y replican todo lo que puede favorecerlo. “Se llenan las plazas sin buses, sin tamales, con puro fervor”, es lo que repiten en sus cuentas.
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<></>Son frases sencillas, con mensajes simples. Es la misma fórmula que usa De la Espriella en sus discursos, que no duran más de media hora y que vienen precedidos por un corto video en el que delinea su estrategia para los primeros 100 días de su gobierno. Es hecho completamente con inteligencia artificial y detalla imágenes contundentes: a alias “Iván Mordisco” “neutralizado” con un bombardeo, alias “Calarcá” tras las rejas en una mega cárcel, una de las 10 que piensa construir en ese tiempo el abogado. Al final, aparece el candidato en un “balconazo”, una pancarta de “yo te protejo” detrás, y los ciudadanos hechos con IA aparecen llorando. La vehemencia se replica en el público que lo aguarda en Lourdes.
Cuando comienza a hablar, le habla directamente a la ciudad. Le dice que está olvidada, a pesar de ser la capital, que le va dejar las líneas dos y tres del metro aseguradas. Le dice que él fue parte del grupo de personas que llegó “cargado con una maleta de sueños”. “Bogotá es la ciudad de ‘los nunca’”, subraya el candidato, una de las frases que ha usado para calificarse a sí mismo y que casi que reproduce a “los nadies” que en 2022 usó la vicepresidenta Francia Márquez para referirse a un grupo relegado de la población que ella representaba y que nunca había tenido el poder.
Luego sube a Restrepo, lo llama un “tigre mitológico” y le indica cómo bailar con él en esa “pecera” con el paso de “póngale la raya”. “Hoy Bogotá es del tigre”, comienza el exministro, un cachaco de pura cepa al que le tocó acomodarse al ritmo de De la Espriella y le dio, para muchos, un cierto “academicismo” a la campaña más permeada por el show. Los dos mantienen una comunicación constante y esa dupla se replicó incluso en sus esposas: Ana Lucía Pineda y Tatiana Céspedes.
“Las tigresas” de esa campaña tienen una agenda paralela y su tarea es convocar el voto del sector femenino más a la derecha e impulsar la labor social. En Bogotá no estuvieron presentes en el cierre de campaña, pero esposas e hijos estuvieron en Barranquilla para uno de los eventos más multitudinarios del abogado en esta contienda, donde la hija menor del abogado, Francesca, llevó un juguete de tigre y, ante la multitud del malecón del río, dijo “firmes por la patria”. Refuerzan el mensaje de que la familia es lo más esencial, uno de los pilares de las creencias más arraigadas del sector político que representa.
<></>“Nunca le he fallado a una mujer. (...) Las mujeres van a tener el lugar de grandeza que se merecen en la ‘patria milagro’”, aseveró De la Espriella ese día, sin referirse directamente a los señalamientos que enfrenta por su comportamiento machista en entrevistas.
Antes de irse, el abogado cierra diciendo que él es el único candidato que puede hacer lo que Colombia necesita: “Tengo los cojones. Los cojones no me dejaron crecer”. Al final, deja rápido el escenario y entra casi que inmediatamente en la Toyota que se lo llevará del lugar. La sombra de las amenazas está presente en todo momento, policías armados están entre el público, subidos en los techos de los edificios que rodean el recinto.
El riesgo no le permite entrar directamente a la masa de personas que lo adoran, pero se quedan esperando. Esperando la foto con Enrique Gómez, el electo senador de Salvación Nacional y la primera persona de la clase política que dejó entrar De la Espriella a su campaña; con Restrepo, a quien le corresponde en gran parte ese trabajo “de masas” y recibe todo lo que le entregan; con el trío de influencers que sigue agitando a las personas; con Rodrigo Lara, el excandidato a la Alcaldía de Bogotá que ve en el abogado el único con posibilidades reales de derrotar al petrismo y enfatiza en que la masividad de los “Defensores de la patria” se logra “sin buses y sin tamales”.
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Comienza a disiparse la gente, la música se apaga, comienza a desmontarse el escenario. De la Espriella seguirá un maratónico recorrido que lo llevará en esa misma semana por Antioquia, por Santander, por el Atlántico, lugares en los que ha amasado un apoyo masivo, a pesar de haberse desligado —al menos en lo más público— de las maquinarias electorales regionales.
“Miren, yo no soy el candidato perfecto, porque nadie es perfecto, solo Dios lo es. Pero yo soy el presidente que Colombia necesita”, dice en todos sus discursos. Indudablemente, su público está de acuerdo.
¿Qué los lleva a votar por él? Los valores, su firmeza, su convicción en que no está “con los de siempre”. Pero sobre todo, la emoción. “Nunca me había sentido tan emocionada”, cuenta doña Lucila cuando se le pregunta por qué decidió votar por el candidato de “Defensores de la Patria”. Es un sentimiento que hace eco en su electorado, que también está convencido de que pueden ganar en primera vuelta.
La última medición de Invamer reportó un crecimiento de 10 puntos porcentuales de la intención de voto del candidato en comparación con la encuesta pasada (abril), pero sigue relegado al segundo puesto frente a Iván Cepeda (Pacto Histórico). La campaña también tiene el ojo puesto en otro tipo de “indicadores”: el tracking privado que contrataron con la firma Atlas Intel y plataformas de apuestas como Polymarket, que lo dejan mejor posicionado. No existe un ápice de preocupación entre los asistentes de que esta sí será la oportunidad del “cambio”, no el del presidente Gustavo Petro, sino otro que es, para ellos, “más real”.
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