Publicidad

Crónica de una derrota electoral

“Un detallito para la gente”. “¿Un detallito?”, “¿Qué tipo de detallito?”. “Pues, doctor, un billetico de $ 50.000.oo”. Y así funciona. El “quemado” candidato al Senado Enrique Uribe Botero cuenta las peripecias de una campaña.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Enrique Uribe Botero, especial para El Espectador
11 de marzo de 2026 - 05:10 p. m.
Enrique Uribe Botero, candidato al Senado por la coalición Mira-NuevoLiberalismo-Dignidad&Compromiso, quien no logró ser elegido en marzo de 2026..
Enrique Uribe Botero, candidato al Senado por la coalición Mira-NuevoLiberalismo-Dignidad&Compromiso, quien no logró ser elegido en marzo de 2026..
Foto: Campaña Dignidad & Compromiso
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Cuando me presenté a las elecciones legislativas que escogieron el nuevo Congreso, muchos fueron los mensajes de amigos y amigas conocedores de mi pasión por la política preguntándome por qué no me había lanzado antes al ruedo electoral si tanto me interesaba. Razones miles, pero ya en uso de buen retiro y seguido de una generosa invitación de mi colega arquitecto Jorge Enrique Robledo, no digo “después de mucho meditarlo” -manido argumento de muchos para presumir importancia- sino que de manera inmediata, acepté la invitación.

A partir de ese momento, me arremangué a trabajar en mi candidatura con gran entusiasmo. Lo primero fue el lugar en el tarjetón. Escogí el número 96 que está en la esquina inferior derecha de la retícula por considerarlo un punto de gran peso visual. Diagonal al número uno. Ojo de arquitecto.

¿Mi programa para esta elección? Lo tengo en la cabeza desde mi adolescencia: cerrar las brechas que hay entre nosotros los colombianos; jamás podremos progresar si tenemos a 15 millones de compatriotas que no se comen las tres comidas del día, a la vez que -tal vez el ejemplo más visible- hay en Cartagena casas que se venden en millones de dólares al tiempo que hay muchach@s en las barriadas que no conocen el mar. Para medir la inequidad en el mundo existe un cálculo (índice Gini); en él ocupamos el vergonzoso tercer puesto entre los 190 países del mundo.

Lo siguiente fue abrir una cuenta bancaria para uso exclusivo de gastos de la campaña. Si se van a administrar más de cuatrocientos millones de pesos se exigen requisitos adicionales. Así las cosas, pregunto al encargado en el banco: ¿Hay candidatos que se gastan en dos meses cuatrocientos millones de pesos? (Qué ingenuidad). El hombre mirándome como a un niño me respondió: “mil, dos mil y más”.

Listo. Empieza la campaña. Contraté a un diseñador; pensemos en los mensajes, cuadremos con un sobrino, músico maravilloso -Felipe Uribe Gaviria-, para que componga un jingle de campaña. Chaqueta del partido y camisas bordadas con el nombre del partido y número en el tarjetón. Recorrido por el mágico barrio Ricaurte en Bogotá, paraíso mundial de las impresiones de todo tipo, un verdadero cluster industrial; los que no lo conozcan, vayan; es mágico.

Empiezan a entrar mensajes a mi teléfono del estilo: “doctor, yo soy presidente de la junta de acción comunal del barrio… Yo soy secretario del sindicato de… Estoy para servirle, le puedo ayudar a conseguir unos voticos". (No tengo idea como se consiguen mi contacto). Chévere, hablemos. Cita en una panadería en Chapinero o en un pueblo en el Valle, en el Quindío, el Tolima o en Risaralda, tres departamentos que por una u otra razón me son conocidos.

“Doctor, se necesita una platica para el celular, para la gasolina de la moto… Y claro, doctor, mi conocimiento del territorio y liderazgo cuentan”. Y eso sí, doctor, vamos con toda. Me muevo duro en el volanteo, reúno a la gente, usted me pasa sus volantes y videos y yo le hago con toda”. Esa “platica para el celular y la gasolina de la moto” puede llegar a costarle cuatro millones de pesos… “Claro, doctor, hay que pagar transporte para bajar a la gente de las veredas y darles el desayuno y el almuerzo. ¿Y si no cómo, mi doctor? Hasta ahí… entendible. Y, si usted accede… Lo siguiente es “un detallito para la gente”. “¿Un detallito?” “¿Qué tipo de detallito?”. “Pues, doctor, un billetico de $ 50.000.oo”. Y así funciona.

Se me llegó a presentar una señora que me ofreció los votos de las alumnas de una escuela deportiva. “Tranquilo, doctor, que yo le traigo fotos de cada uno de los tarjetones marcados”. “Señora, ¿usted sabe que lo que me está ofreciendo es un delito?”. Me miró con cara de: “¿y este marciano de donde salió?”

Partamos de la base que son muy pocas las personas en cualquier lugar del país o estrato socioeconómico que saben por quién votar para Congreso. Entonces, ¿se puede culpar al campesino o habitante del barrio a quien le ofrecen una tarde de fiesta, transporte, tamal y un detallito? Difícil. ¿Acaso a los mercaderes de votos les parece, aun cuando lo sepan, que vender votos es delito? Para cerrar, me queda claro que las elecciones, y sobre todo el día de la votación, son una fuente formal e informal de ingresos. Como a alguien le oí decir, es como la prima de cada cuatro años.

Lo que está mal es el sistema. Iniciemos por el tarjetón; los candidatos con nuestros equipos nos devanamos los sesos diseñando y concibiendo la manera más didáctica posible para guiar a los electores. ¿Por qué? Simple, porque el sistema está mal concebido. Lo primero son las listas abiertas. Nefasto, no solo porque induce a la compra de votos sino que lleva a equívocos.

Para estos casos, los intermediarios han diseñado un pequeño autoadhesivo que debe medir más o menos 1,5 x 2,0 cms. y que contiene el nombre del partido y el número de la casilla del candidato y que el votante se pega, supongo que en el puño de la camisa, antes de entrar al puesto de votación. Se llaman chismosos. Me pregunta la dependiente de la tienda de impresiones que si no voy a contratar la impresión de los “chismosos”. Con esa pregunta aprendí lo que eran.

Mi campaña la hice básicamente en las redes sociales con un profesional en la materia: una decena de videos en las redes más conocidas. Mal comienzo para mí, pues no soy de redes sociales y me tocó abrir desde cero una página de Facebook, de Instagram, de Twitter y de Tik tok. El opuesto al influencer.

Busque pues a los medios. Sea la oportunidad de agradecer a la vez que felicitar a Noticias Caracol por su espacio Plaza Caracol y a El Espectador por su iniciativa “Por qué votar por…”. Cadenas locales, amigos que te hicieran entrevistas privadas para publicar en redes y asi…

Nuestras grandes avenidas y hasta lugares protegidos de la instalación de vallas publicitarias, como son los sectores de la ciudad declarados Bienes de Interés Cultural de la Nación, inundados de vallas sin que la autoridad ambiental distrital haga nada para protegernos de esta nefasta contaminación visual. Llevo denunciando (más de 15 derechos de petición) desde hace más de año y medio la instalación de una enorme valla en el centro de un círculo de no más de cincuenta metros de radio, que contiene cinco Bienes de Interés Cultural de la Nación (El Museo Nacional, el Planetario, La Plaza de Toros, Las Torres del Parque y el Centro Internacional). Y la valla ahí…

Me decía un conductor de Transmilenio a quien conocí repartiendo volantes en un evento deportivo -sea la oportunidad para contar que en esta actividad es frecuente que se desarrollen agradables y enriquecedoras conversaciones-: “mejor estos volantes que esas benditas vallas; yo conduzco un Transmilenio y no se imagina el cansancio que produce ver ese reguero de vallas por todas las troncales”.

Este es un mensaje para quienes se lucran de la instalación de vallas en Bogotá: no se preocupen por sanciones u obligaciones de desmonte, disfruten en pesos, de la desidia de la entidad encargada; el artículo de nuestra constitución que determina como fundamental el derecho a un medio ambiente sano no pegó en actual administración distrital.

Vienen los sueños, los cálculos y la realidad. Punto de partida: tenía claro desde que acepté que no llegaría al Senado; mi nombre dentro de la vida política era inexistente hasta la fecha. Lo hice por convencimiento y amor al proyecto político de Sergio Fajardo. ¿El sueño? Cinco mil votos, eso me permitiría cubrir mis gastos de campaña mediante la reposición de votos; mis cálculos bien optimistas, pero basados en lo que yo creía una realidad… Dos mil votos. La realidad: 567 votos.

Un buen amigo, ese sí curtido en elecciones, desde el principio me dijo: “Dése por muy bien servido con 500 votos”. Me doy por muy bien servido y, sobre todo, como decía Pedro Vargas: “muy, pero muy, pero muy agradecido con estas 567 personas, y muy especialmente con dos generosos amigos quienes me ayudaron a cubrir gastos de campaña; y también a quienes me aportaron buenas ideas.

Por Enrique Uribe Botero, especial para El Espectador

Conoce más

Temas recomendados:

 

Mario OROZCO G.(16018)13 de marzo de 2026 - 04:21 p. m.
Muy buena columna donde se expone la difícil tarea de hacer política en este sistema corrupto.
Cordillerano(64187)12 de marzo de 2026 - 12:45 p. m.
Muchos puntos comunes, anécdotas conocidas, la historia de siempre en un escenario de clientelismo y un frustrado sin un trabajo político previo, que seguramente convencido de su "tradición", "apellidos" y "credenciales", académicas, sociales y referentes políticos, tuvo la imprudencia de hacerse contar con el desconcierto ya referido: 567 votos.
RODRIGO LOPEZ(61244)12 de marzo de 2026 - 12:15 p. m.
Por eso estamos como estamos. Esclarecedora y amena columna. ¿No hay cupo para los honrados en ese ambiente?
maría(52338)11 de marzo de 2026 - 06:46 p. m.
¡Tremendo! Sería chévere conocer las ideas o propuestas del candidato/cronista para una nueva campaña, ¿qué cosas corregiría?, ¿qué cosas haría que no hizo?, etc., para seguirse pensando una forma de hacer campaña que no caiga en la trampa acostumbrada.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.