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“En tiempos de Laureano y Gaitán se saludaban. Hoy no hay trato personal, sino odio”

Ramiro Bejarano, uno de los abogados más reconocidos de Colombia y profesor emérito de la Universidad Externado, analiza el presente y futuro del país desde la política y la justicia. El columnista de El Espectador ve graves peligros para la democracia.

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Nelson Fredy  Padilla
31 de mayo de 2026 - 01:00 p. m.
“Si ganan Cepeda o De la Espriella el país va a vivir unas horas muy terribles”, opina Ramiro Bejarano.
“Si ganan Cepeda o De la Espriella el país va a vivir unas horas muy terribles”, opina Ramiro Bejarano.
Foto: Nicolás Achury
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Cumple 50 años como abogado. ¿Qué significa para usted el Derecho hoy en Colombia?

Significa el único instrumento respecto del cual no he perdido la fe, porque he perdido la fe en la democracia, en las instituciones, en la justicia, pero no en el Derecho como elemento civilizador de cualquier sociedad.

¿Usted se graduó en 1975 y ha sido profesor desde el 76?

Sí. Me gradué el 20 de junio del año 75, o sea que ya cumplí 50 años de tener tarjeta profesional, y en el año 76 me vinculé a la Universidad Externado de Colombia, primero haciendo labores de investigación, luego dictando clases.

Y estudió en la Sorbona.

Sí. Derecho de propiedad intelectual. En Francia estuve unos años y volví al Externado. Inclusive cuando fui director del DAS, no dejé de ser profesor en el Externado alternando con la Universidad de los Andes. En la Facultad de Derecho de los Andes puedo decir que soy el profesor, no el más viejo, sino el más antiguo de la Facultad de Derecho.

Medio siglo como profesor. ¿Esa disciplina qué le ha dejado?

Una satisfacción muy grande de haber formado a mucha gente. Yo voy a cualquier sitio, en Bogotá y afuera, y me encuentro con exalumnos que me saludan con agradecimiento. Tengo la satisfacción de haber contribuido a que tengan una mejor vida.

Pero hay una expresión común que dice que Colombia es un “país de leguleyos”. ¿Eso, en parte, es culpa de los abogados?

Es verdad. Alguien decía con un humor macabro que “el Derecho es muy bonito, lástima que esté en poder de los abogados” (se ríe). Pero esa es una expresión difamatoria cuando uno respeta unos parámetros importantes frente a lo que es el derecho; la ética, la justicia, los límites, los imperativos categóricos de que hablaba Kant. Así, el Derecho se convierte en una forma de vida agradable y muy sincera.

Deme nombres de alumnos suyos que recuerde.

Por ejemplo, Juan Pablo Estrada, que tiene alguna figuración en medios; el doctor Pablo Felipe Robledo, que fue Superintendente de Industria y Comercio; el doctor Humberto Sierra, que fue magistrado de la Corte Constitucional; el doctor William Namén, Carlos Medellín. Es inmensa la cantidad porque cada año tenía 200 alumnos del Externado y unos cien de los Andes. Entonces calcule: 50 años con 300 alumnos anuales. Es un montón de gente.

El Externado cumplió 140 años. Defíname el poder de esa universidad en la historia de Colombia a través del derecho.

Diría que ha sido un poder que ha tenido sombras y luces, porque sin duda Derecho en el Externado ha sido importante en la conformación de las altas Cortes, en la preparación de un núcleo de profesionales muy importantes para que administren justicia y para que se desempeñen como litigantes. Pero también hay que reconocer que el hecho de que el Externado hubiera estado manejado tantos años por una misma persona creó una situación muy difícil para el futuro, porque la universidad no estaba preparada para asumir lo que estamos viviendo. Entonces hemos tenido dos rectores: Juan Carlos Henao, que ya murió y que fue rector nueve años después de la muerte del doctor Fernando Hinestrosa, y ahorita tenemos al doctor Hernando Parra, que parece que quiere retirarse. Ahorita se le cumple su periodo de seis años y no puede reelegirse, aunque allá hay algunos que dicen que sí puede y otros dicen que está entre el abanico de posibilidades, si el uribismo vuelve a ganar el poder, para ser considerado para ministro. No me parecería raro porque en el uribismo pueden nombrar de ministro a cualquiera.

¿Usted no debería estar dentro de los candidatos a rector?

No, por varias razones: primero, porque yo he tenido una actitud contestataria, firme, y he hecho allá unas manifestaciones que seguramente han generado enemistades. Y, segundo, porque yo no soy amigo de gastarme la vida en administrar. Eso me parece terriblemente fatigante.

Pero completó veinte años dirigiendo el Departamento de Derecho Procesal, aunque ahora lo está entregando.

Pero fíjese que yo no soy incoherente, porque a mí nadie me ha pedido la renuncia. Antes de ser director del Departamento de Derecho Procesal, fui fundador y director del Departamento de Propiedad Intelectual como nueve años y después director del Departamento de Derecho Comercial, cargos que nunca pedí. Ahora me retiro cuando considero que he formado la Escuela de Derecho Procesal del Externado, que es la más sólida en el país, para que otras personas continúen por la senda que nosotros hemos trazado.

¿Va a seguir de profesor emérito y dictando clases?

Soy profesor emérito, distinción que en el Externado se le da a quien tiene más de 25 años en el ejercicio de la docencia. O sea que como llevo 50 me podían nombrar doblemente emérito (risas). Además de eso, voy a seguir con las cátedras en pregrado y posgrado.

Y seguirá litigando desde su bufete.

Sí, porque no he tenido la fortuna que ha tenido, por ejemplo, un candidato presidencial que se volvió rico, inmensamente rico, ejerciendo la profesión a tan temprana edad. Como les digo a los estudiantes, y es mi filosofía, uno no debe aspirar a volverse rico sino a tener poca plata, pero altas creces. Así vivo tranquilo. No tengo fortuna para gastármela en campañas presidenciales, ni para comprar casas en Florencia, ni para vivir en Estados Unidos.

Habla del candidato Abelardo de la Espriella, que para usted no representa el espíritu de lo que debe ser un buen abogado.

Sí, y diría algo más. No solamente no representa lo que debería ser un buen abogado, sino un hombre de buenas costumbres.

Pero alguien le podría recordar a usted sus controversias en litigio y los años 90, por el proceso 8000, la época en que defendía a los funcionarios del gobierno de Ernesto Samper...

No. Eso no es cierto. Lo que pasa es que fui director del DAS del presidente Samper, desde el 27 de agosto del año 94 hasta el 17 de enero del año 96, y me persiguen diciendo que yo fui director del DAS los cuatro años del gobierno de Samper, lo cual no es cierto, ni he sido abogado de ninguna de las personas que estuvieron enredadas en ese proceso. Lo que pasa es que fui miembro del gobierno de Samper, y mis enemigos, por escribir verdades en mis columnas, no me lo perdonan y me viven echando puyas para faltarme al respeto.

¿Fue investigado por lo del DAS?

Cuando yo salí de la dirección del DAS no hubo una sola acusación, ni un reparo, ni absolutamente nada en contra de mi gestión. Fue absolutamente transparente. Pero, obviamente, el ejercicio de una actividad pública como la de escribir columnas genera enemigos. Es más peligroso escribir columnas y opinar que ser director del DAS.

Va a completar 30 años como columnista de El Espectador.

Sí. Empecé en marzo del 98. Estábamos en el gobierno de Samper y el director del periódico era Rodrigo Pardo.

Recuerdo defensas suyas que se volvieron muy públicas e históricas, por ejemplo, el proceso del magistrado César Valencia contra Álvaro Uribe.

Claro que fue un litigio muy público, porque fue la primera vez en la historia de Colombia en que un presidente de la República en ejercicio denunció al presidente de la Corte Suprema de Justicia. César Tulio Valencia Copete y yo somos compañeros de curso. Él me llamó y me dijo: “quiero que seas mi abogado”. Le dije “pero yo no soy penalista consumado”. Entonces decidimos integrar un equipo en el que Yesid Reyes ponía el conocimiento penal, Alfredo Beltrán ponía los aspectos constitucionales y yo la práctica de la prueba. Por eso me hice más notorio. Fue muy duro enfrentar la persecución por cuenta de Álvaro Uribe y de su gobierno. Finalmente, en la Comisión de Acusaciones terminaron archivando esa denuncia por atipicidad de la conducta.

Con respecto a esa época, ¿cómo ve al uribismo de hoy encarnado en Paloma Valencia?

Lo veo muy diezmado, porque ese partido no es un conjunto de principios, sino lo que simboliza una sola persona y, quiérase o no, la imagen de Álvaro Uribe se ha deteriorado ante muchos colombianos. Seguramente hay muchos que lo siguen queriendo y apoyando, pero es evidente que muchos otros no por el tema de los falsos positivos, casos de corrupción en su gobierno, el intento de haber pretendido reelegirse por segunda vez, cosa que le impidió la Corte Constitucional. Cada cosa que protagoniza Uribe en el plano nacional es una cuestión de tensión. El ejemplo es que en estos días unos tipos fueron a ponerle unos murales cerca de su casa actualizando la cifra de los falsos positivos, y Uribe montó una pelotera gigantesca que vimos todos por televisión. La gente ya empieza a cansarse de eso y es lo que se está reflejando.

¿Qué opina de la pelea del uribismo con De la Espriella?

No he podido descifrar cuál es la razón de la pelea entre dos uribistas recalcitrantes como son Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Ahí hay algo más que una disputa alimentada por las discordias de los hijos de Uribe, que parecen ser los tenientes legítimos del uribismo.

Con un abogado cuestionado como De la Espriella, el uribismo desgastado de Paloma Valencia y el candidato de Gustavo Petro, presidente que usted dijo en una columna que no lo nombraría ni como portero del Externado, ¿qué opción le queda al electorado colombiano?

Hay muchos indicadores están diciendo que va a ganar De la Espriella. Si el señor Abelardo de la Espriella llega a ser presidente, el futuro de Colombia está amenazado, porque es un hombre sin experiencia, una persona que representa todo lo que yo creo que no debe hacerse en el ejercicio de la profesión de abogado y, además, es una persona pésimamente rodeada.

¿A quiénes se refiere?

Es que lo último que hemos sabido es que a esa campaña de él se han sumado el doctor Iván Duque, Francisco Barbosa y todo ese siniestro combo de la Universidad Sergio Arboleda, de la más rancia ultraderecha. Entonces al electorado lo que le sigue sirviendo es elegir a una persona que esté lejos de los polos: Fajardo o, inclusive, Claudia López. La opción de “o es Uribe o es Petro” es nefasta para el país. Si eso ocurre, Colombia va a vivir unas horas muy terribles, muy complicadas.

¿A qué se refiere con “terribles”?

Si, por ejemplo, llega a ganar el señor Abelardo de la Espriella, ¿usted cree que el M-19 y el gobierno del Pacto Histórico van a aceptar fácilmente esa esa decisión? No sé, es que ya lo ha anunciado, ¿no? Y lo contrario: si gana el candidato del Gobierno, ¿usted cree que el uribismo va a salir a decir: “qué bueno, respetamos la elección”? El país está en una encrucijada complicada por cuenta de los extremos. Es que el presidente de la República es el principal promotor del desorden contra la Registraduría Nacional del Estado Civil y contra el proceso electoral.

¿La tensión es parecida a la de los años 90 cuando, ante el triunfo de Samper, Pastrana salió con los narcocasetes? ¿Algo así puede pasar otra vez?

Pastrana procedió a divulgar esos casetes para entregárselos al gobierno de turno, que era el de César Gaviria, que no quería a Samper. Pero la situación es diferente, porque en últimas Samper y Pastrana representaban el establecimiento. Lo de hoy es terrible. Es que por el presidente Uribe pasó una cosa en la política nacional que no había pasado antes: uno recorre las páginas de la historia de Colombia y encuentra que había trifulcas entre Alfonso López Pumarejo, Laureano Gómez, Gaitán y todos esos personajes. Pero se encontraban y se saludaban. Es decir, estaba destruida su relación política, pero no la personal. Hoy en día las distancias políticas acabaron con la posibilidad de amistades. No hay trato personal, sino odio.

¿Estamos en un país con un peligroso extremo de odio?

Sí, sí, sí. Creo que a eso ha contribuido esa actitud beligerante que principalmente ha tenido el doctor Álvaro Uribe, y por supuesto estos cuatro años de gobierno de Petro.

¿Qué hacer para evitar algo más terrible por culpa del odio?

Lo ideal es que las elecciones sean pacíficas, que no hubieran estado cruzadas con la permanente duda de que alguien se las va a robar. La gente está asustada, la gente está votando con miedo. Los de la derecha dicen que va a ser terrible, que el país se va a disolver.

En todo caso, la polarización llegará al máximo.

Si gana Cepeda, él es mayoría en el Congreso, pero no es la mayoría absoluta y va a tener que negociar. De la Espriella va a tener que negociar también. Y si gana Paloma van a tener que pensar en el apoyo de la izquierda. Cualquiera que gane va a tener una situación hostil, difícil para el ejercicio de gobierno.

¿Qué debe hacer el Gobierno que quede para garantizar lo que hablamos al comienzo: la importancia de la justicia a través del derecho?

Una reforma urgente al sistema judicial. Yo creo que la Constitución del 91 se equivocó en la manera como diseñó la elección de los magistrados de las altas Cortes. Eso hay que revisarlo.

Usted ha sido conjuez de la Corte Suprema y de la Corte Constitucional. ¿Qué haría?

Crear un organismo que sea capaz de llevar las investigaciones y juicios contra los altos funcionarios, porque lo que está sucediendo es que ni el presidente de la República, ni los ministros, ni los magistrados de las altas Cortes pueden ser llevados a juicio. Excepcionalmente, por presión de la prensa, se decidió el juicio contra Jorge Pretelt y el cartel de la toga, pero el ciudadano corriente debería tener un vehículo expedito para denunciar y llevar a investigar a los altos funcionarios del Estado.

¿Acabar con instancias como el Consejo de la Judicatura?

Crear una nueva institución de prohombres capaces de adelantar esas investigaciones y juicios contra los altos funcionarios del Estado, que no sean los mismos del Consejo Superior de la Judicatura, ni los magistrados de la Corte, ni los del Consejo de Estado. No. Un grupo de hombres distintos, como en la época cuando se creó el famoso Tribunal Disciplinario liderado por Jorge Gutiérrez Anzola.

Dice “prohombres”. Pero después de episodios de corrupción como el cartel de la toga y la politización de la justicia, expertos como Rodrigo Uprimny han dicho que la respetabilidad de la justicia está refundida. ¿Cómo recuperarla en el escenario de hoy?

Es verdad. El deterioro de la imagen de la justicia ante el ciudadano es fruto de eso, porque, por ejemplo, hoy están llegando a las altas Cortes personas que el país empieza a conocer cuando son magistrados. Yo no digo que no sean personas importantes, sino que el país tendría más confianza si fueran reconocidas en la academia; pero ahora llegan por cuenta de unas maquinaciones muy importantes. Ejemplo: me dicen que en la Sala Penal de la Corte Suprema tienen por seguro que van a nombrar como magistrada a una señora cercana a varios magistrados. Eso no puede estar sucediendo en un país libre, democrático. La selección de los magistrados no debe estar sujeta a componendas. Hay que quitarle el remoquete de club de compra y de privilegiados.

Otro experto, Mauricio García Villegas, publicó un libro llamando a profesionalizar de manera más rigurosa la profesión jurídica, incluyendo a los abogados, porque las universidades gradúan demasiados.

Es cierto. Las facultades de Derecho tienen que renovarse y tienen que cambiar los pénsums. Seguramente vamos a tener que pensar mañana en el futuro en que hay unos abogados que deben especializarse para ser jueces, otros para ser asesores y otros para ser litigantes. No puede seguir siendo que todos los abogados que salgan anualmente de las universidades sirvan para lo mismo. Eso hay que regularlo de una manera diferente.

¿Ustedes en el Externado están haciendo algo en ese sentido?

Nosotros estamos reformando y empezamos el próximo semestre con un nuevo catálogo de pénsum semestral.

¿Hasta cuándo va a seguir ejerciendo como abogado? ¿No le ha llegado la hora del retiro?

Pues no. No me ha llegado la hora del retiro. Hay una cosa que a mí me enseñaron cuando empecé a ejercer la profesión, que un viejo abogado me dijo: ‘Mire, señor, los abogados entre más viejos estemos, más clientes tenemos’. Entonces hay que persistir.

¿Y seguirá como columnista en “El Espectador”?

Espero que sí. No he dado motivo todavía para que Fidel Cano me eche. Quiero seguir opinando en este periódico, el único órgano independiente escrito que hay en el país. En parte dependerá de quién va a ser el nuevo presidente de Colombia, porque de pronto puede haber una sorpresa sobre el manejo de la libertad de expresión si llega a ganar Abelardo de la Espriella, que ha dado muestras de que no le gusta la crítica ni la opinión. Es el candidato presidencial que más demandas ha formulado contra periodistas y columnistas. Y ese vicio es posible que no lo pierda si llega a ser presidente.

Hasta lo ha demandado a usted.

Sí, pero por un asunto profesional que ameritó una distancia muy grave con él. Era un asunto en el que yo representaba a un banco y él formuló una denuncia que fue archivada y después nosotros lo denunciamos ante el Consejo Superior de la Judicatura y terminó archivado por prescripción.

Nelson Fredy  Padilla

Por Nelson Fredy Padilla

Periodista desde 1989, magíster en escrituras creativas, autor de cinco libros, catedrático de periodismo y literatura desde 1995, y profesor de la maestría de escrituras creativas de la Universidad Nacional, del Instituto de Prensa de la SIP y de la Escuela Global de Dejusticia.@NelsonFredyPadinpadilla@elespectador.com
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Admirado maestro Bejarano, le niego el derecho a jubilarse del Externado, de El Espectador y del litigio. Sus palabras siempre son luces en la tinieblas. Como Ud., siempre defenderé los valores democráticos, por eso le doy gracias a Claudia que nos permite votar por una opción completamente democrática. Rechazo totalmente la de Abelardo, quien por su pasado delincuencial, más la captura de Saab, tiene el estímulo de ser presidente para evitar un juicio y condena en EEUU.
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Magnífica entrevista y contenidos! Gracias
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