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Un día con Cepeda en campaña: así es como llena plazas y apuesta por la primera vuelta

El candidato que aspira a suceder a Gustavo Petro y poner en marcha un segundo gobierno de izquierda reúne a viejos y jóvenes que reclaman cuatro años más de cambios sociales. En esta apuesta, está rodeado por bases sociales y políticos tradicionales que siguen fervorosamente cada discurso y movida política de cara al pulso en las urnas de este domingo.

David Efrén Ortega

29 de mayo de 2026 - 07:03 a. m.
Así es un día en la campaña de Iván Cepeda.
Foto: Laura Salomón Prieto
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En la esquina nororiental de la Plaza de Bolívar, justo sobre las escaleras de la Catedral Primada de Colombia, Jorge, que está a punto de salir del colegio y aún no ha cumplido los 18 años, levanta animado una bandera roja con una estrella amarilla y la sigla “JUCO”, de la Juventud Comunista Colombiana, en el mismo color. Está con algunos amigos, todos muy jóvenes. Varios de ellos están vestidos con una camiseta negra que lleva estampada una ilustración de Yira Castro y Manuel Cepeda, los padres del hoy candidato presidencial al que todas las encuestas dan como ganador de la primera vuelta. La prenda cuesta COP 40.000 y desde el pasado 1° de mayo la venden en redes como “la percha” para las manifestaciones populares que impulsa este proyecto político.

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A escasos metros de ellos, con el Palacio de Justicia a su derecha, Doris, que ya pasó de los 60 años de vida, mira hacia la tarima principal. Está apoyada en un bastón que le permite mantenerse de pie mientras agita su otra mano al ritmo de los cánticos de “Cepeda, amigo, el pueblo está conmigo” que dirige, enardecida, la senadora Aída Avella. Tiene una camiseta morada con las fotos de Iván Cepeda y Aida Quilcué y dice que se dedica al hogar, que está ahí sencillamente porque quiere que “sigamos por la misma línea de Gustavo Petro”. Jorge piensa igual y agrega que para él y sus amigos es “lógico” votar por las propuestas de Cepeda, que, según él, se resumen en educación pública bien estructurada y un país que busque la paz.

Es viernes, 3:00 de la tarde, pero el sol arde aún como si fuera mediodía en la Plaza de Bolívar de Bogotá. Hasta este lugar, corazón de la capital, han llegado Jorge, Doris y miles de personas para el cierre de campaña de Cepeda. Muchos de los asistentes sienten que desde hace dos décadas este lugar se ha consolidado como el baluarte de la izquierda y el petrismo. Fue aquí donde Gustavo Petro se posesionó, hace 14 años, como alcalde de la ciudad, mientras algunos de sus seguidores gritaban consignas como “Viva Carlos Pizarro”. Y fue este el lugar que el mismo Petro eligió, casi dos años después, para recibir el respaldo de sus seguidores luego de que la Procuraduría de Alejandro Ordóñez lo destituyera.

Esta plaza también fue escenario, el 1° de mayo de 2024, del anuncio de la ruptura de relaciones diplomáticas con Israel, “por tener un gobierno y un presidente genocida”, según dijo ese día el mandatario. Así mismo, fue el lugar desde donde Petro lanzó, varias veces, duros dardos contra el Congreso por la negativa a sus reformas, promovió una constituyente, blandió la bandera de guerra a muerte de Simón Bolívar y se enfrentó a Donald Trump.

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El Pacto Histórico también la utilizó para cerrar su campaña al Congreso y ahora Iván Cepeda lo hace para despedir los eventos públicos en su ciudad antes de medirse en la primera vuelta. Todas estas manifestaciones tienen un sello similar y esta no es diferente. Antes de las 2:00 de la tarde llegan los sindicalistas y colman el centro de la plaza con las banderas de la Confederación General del Trabajo (CGT) y la Central Unitaria de Trabajadores (CUT). Luego aparecen las banderas de los liberales, los verdes, del Partido Comunista, del M-19, de Palestina, de la comunidad LGBTI, organizaciones de víctimas, la Wiphala de los pueblos indígenas y varias más que reflejan la diversidad del movimiento. Hay estudiantes de colegio, universitarios, parejas, pensionados, padres de familia con sus hijos, viejos y jóvenes, negros, blancos e indígenas.

Es la misma escena que se ha visto en otros 117 eventos del candidato, que, según cuentas de la campaña, han reunido a unas 650.000 personas en varias capitales y en lugares como Carmen de Bolívar, Pitalito o Santander de Quilichao. También será la imagen de eventos posteriores en los que el aspirante y su equipo rozarán el incumplimiento de la norma que les impide a las candidaturas hacer manifestaciones públicas una semana antes de la apertura de las urnas, particularmente en Sucre y Córdoba. Toda esta agenda, además, coincide llamativamente con una gira del presidente Petro por el Caribe colombiano —región que podría inclinar la balanza de las votaciones— en la que el foco es demostrar resultados.

De vuelta a la Plaza Bolívar, los bajos y el bombo de una batería mantienen eufóricos a los asistentes que ya empiezan a sentir la incomodidad del tumulto. Varios gritan “Cepeda, Cepeda, Cepeda”, reclamando la presencia del candidato, y los presentadores y artistas que se van turnando la tarima responden con un “vamos a ganar en primera vuelta”, que calma las ansias y devuelve los ánimos.

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Integrantes de la Alianza por la Vida en el cierre de campaña de Iván Cepeda en la plaza de Bolívar.
Foto: Laura Salomon

En este punto empieza una pasarela de políticos de la izquierda a quienes les dan hasta un minuto para figurar en el escenario. Concejales, representantes a la Cámara, senadores, jefes de centrales obreras, víctimas de “falsos positivos”, exfuncionarios de gobierno y hasta un expresidente tienen su momento. Ninguno cumple los tiempos; hablan de Cepeda, de Quilcué y, una vez más, de ganar en primera. Los apellidos Petro y Uribe no faltan; de hecho, son los que más despiertan los gritos y logran que se desplieguen las banderas.

Tras bastidores, la senadora María José Pizarro, jefa de debate del presidenciable, y Susana Muhamad, exministra de Ambiente, controlan los detalles. Ambas van de un lado al otro de la tarima revisando en un computador y con las presentadoras el programa de la jornada. Pizarro, además, está pendiente del teléfono, hace y recibe llamadas y está pendiente de la llegada de Cepeda, pues será la encargada de presentarlo a la multitud.

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La desesperación vuelve a impregnar la plaza; ya pasaron las 6:00 de la tarde, más de cuatro horas de espera, y ahora es la lluvia la que espanta a varios. La solución de los organizadores es evacuar a todos los invitados y llamar a los cantantes Edson Velandia y Adriana Lizcano, creadores de las “rimas presidenciales”, un juego de palabras con algunas de las principales consignas del petrismo o con los nombres de los candidatos: “que rime con horario… el mejor salario” o “no rima con petardo ni rima con violencia”. Después de siete canciones y un poema, los artistas se van y regresan los políticos.

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Es el turno de los integrantes de la llamada “Alianza por la Vida”, figuras que respaldan al candidato, pero que no se identifican como petristas “purasangre”, un apelativo que en los últimos cuatro años ha acompañado a esos alfiles incondicionales del presidente Petro, quienes además son reconocidos por no llevarle la contraria al jefe de Estado.

Los nuevos aliados llegaron en los últimos meses, incluso algunos como Luis Gilberto Murillo y Juan Fernando Cristo declinaron aspiraciones propias de llegar a la Casa de Nariño, y ahora se dedican a tender puentes con el centro o las disidencias de partidos tradicionales que están con Abelardo de la Espriella o Paloma Valencia. Para ellos, es necesario un segundo gobierno progresista que defienda las reformas sociales, pero también hay líneas rojas como la convocatoria a una asamblea nacional constituyente. Cepeda se comprometió con todos a bajarle el ruido a esa apuesta, pero lo cierto es que por toda la plaza hay promotores del comité que busca cinco millones de firmas para presentar el 20 de julio.

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Son tantos los integrantes de esta “Alianza por la Vida” que alcanzan a llenar la tarima de extremo a extremo en una línea. Todos se forman como en una especie de calle de honor para recibir a Cepeda y uno a uno van tomando el micrófono principal. Gustavo Bolívar, exdirector de Prosperidad Social, propone un coro que dice “Con Iván y con Cepeda, el pueblo en el poder se queda”; Luis Gilberto Murillo, excanciller, asegura que “afro que se respete no vota por la derecha”; y Ariel Ávila, senador del Verde, recuerda que los datos de las encuestas y fija una meta del 42 % de los votos válidos de Bogotá para ganar este 31 de mayo.

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También hablan otros verdes del sector de Carlos Amaya, gobernador de Boyacá, como su hermano, el electo senador John Amaya, o la senadora Carolina Espitia. Hay espacio para el expresidente Ernesto Samper, chiflado por algunos, y para otros líderes de bases sociales. Todos resaltan la labor de Petro y sus ministros, de los congresistas del Pacto y de varios funcionarios. En un momento de la noche, un asistente cae en la cuenta de que ninguno menciona a la vicepresidenta Francia Márquez; lanza el comentario al aire: “¿Y Francia?”, desatando un torrente de risas y murmullos.

El tedio de tantos discursos se rompe de repente cuando al escenario suben los encargados de tocar el himno de la Guardia Indígena, que con sus primeros acordes y voces de “fuerza, fuerza” desatan una algarabía que crece aún más con la aparición de Aida Quilcué. Con su brazo izquierdo al aire y rodeada por sus compañeros del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), recuerda con emoción cuando, en 2008, llegó a esa plaza para una minga de resistencia social y comunitaria.

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Quilcué arranca saludando a Petro, resaltando que se “paró en la raya” para defender al país, incluso pese a lo que llamó un “bloqueo” en su contra. Luego se refiere a Paloma Valencia, que recientemente la señaló de azuzar algunas violencias, a lo que responde asegurando que “yo no soy despojadora de tierras ni he excluido al pueblo y no soy de esa clase que ha dejado a este país en la miseria”. Y agrega que “este proyecto político no tiene retroceso, pueden ponernos talanqueras, pero aquí hay un pueblo que ha tomado conciencia y vamos a ganar esta primera vuelta”.

Aida Quilcué en evento de cierre de campaña de Iván Cepeda.
Foto: Laura Salomón Prieto

La lideresa indígena no ha terminado y se empieza a sentir nerviosismo y miradas hacia todos lados de quienes están en la tarima. El candidato Iván Cepeda llega a la plaza, cerca de las 8:00 de la noche, rodeado por media docena de escoltas que lo siguen paso a paso con pesados escudos antibalas. Vistiendo su tradicional camisa de cuello Mao, sube las escaleras con una sonrisa discreta y mientras la senadora Pizarro se apropia del micrófono para presentarlo: “ha llegado el momento, el digno sucesor de Gustavo Petro, el hombre de luchas, honesto, coherente, el hermano, el amigo, el compañero, el próximo presidente de Colombia”.

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Durante más de cuatro minutos, la plaza es júbilo absoluto, gritos y agravios contra la oposición que se confunden en medio del humo de los fuegos artificiales que se lanzan desde todos los costados. Finalmente, Cepeda puede hablar y resalta lo que muchos de sus simpatizantes ya han dicho: están congregados en una plaza que es “corazón de nuestra vida política y social”.

Dice que, más allá de las encuestas de opinión, en las que, sin distinción, sale siempre ganador, han demostrado su músculo popular en las calles y veredas. Luego llegan el saludo y los “vivas” para Petro, seguidos por la pulla al expresidente Uribe. “Vamos a asegurar nuestro triunfo no dejando un solo rincón del territorio por recorrer, una sola casa por visitar, un solo mensaje por enviar a través de las redes sociales, una sola ventana sin un afiche y, atención a esto, una sola pared sin nuestros murales”, dice mientras estallan de emoción sus fervorosos seguidores, que ya cumplen más de ocho horas al sol y al agua.

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Iván Cepeda en la plaza de Bolívar
Foto: Laura Salomon

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Cepeda, como ha hecho Petro en los últimos meses, les pide cuidar que no “les vayan a quitar ni uno solo de nuestros votos”. Su discurso, previamente escrito y titulado “Por el bien de todos, primero los pobres”, dura unos 25 minutos. Las menciones a Uribe, a quien incluso llama “fascista”, son recurrentes, igual que las referencias a términos como “fascismo”, “genocidio”, “masacre”, “neoliberal”. Hay espacio para una suerte de autocrítica, pues dice que deben reconocer avances, pero también errores y limitaciones, al tiempo que vuelven a un camino en el que la política es servicio y no vanidad.

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El candidato, de 63 años, cierra con un nuevo llamado a defender el legado de Petro e incluso propone arrancar el empalme con un homenaje al primer mandatario de izquierda. “Y entonces comenzaremos nuestra segunda gran marcha, nuestro nuevo gobierno progresista”.

Cepeda termina, con la convicción de ganar en primera vuelta, y rápidamente es rodeado por su seguridad, pero también por todos los políticos que lo quieren abrazar o buscan una foto. Abajo, algunos lloran, gritan, intentan hacerle llegar algún regalo. El candidato se va, envuelto en escoltas y escudos, y la gente se preocupa por buscar una salida rápida de esa plaza abarrotada, la que se ha convertido en el escenario predilecto de la izquierda.

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Así fue el cierre de campaña de Iván Cepeda

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Por David Efrén Ortega

Periodista de la Universidad Javeriana. Tiene experiencia en el cubrimiento de política, paz y memoria. Premio CPB en la categoría de Medios Digitales.@davidortegasodortega@elespectador.com
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