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Luis Gilberto Murillo, el excanciller de Petro que busca espacio en medio de la polarización

El chocoano ya fue ministro, embajador y hasta gobernador, pero ahora quiere ser el reemplazo de quien fue su jefe cuando pasó por la Cancillería. Su apuesta es por la sostenibilidad, la autonomía regional y la inclusión social, pero se enfrenta al reto de una intención de voto que no supera el 1 %.

Redacción Política

19 de abril de 2026 - 08:05 a. m.
Luis Gilberto Murillo ya fue canciller, embajador y gobernador, pero ahora quiere ascender a la Presidencia.
Foto: El Espectador
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Esta es la segunda vez de Luis Gilberto Murillo en el tarjetón presidencial, pero ya fue canciller, ministro de Ambiente, embajador en Estados Unidos y, aunque brevemente, gobernador del Chocó. Esta vez tiene como competidor a quien fue entonces su compañero de fórmula, Sergio Fajardo, y se enfrenta a una intención de voto estancada que no supera el 1 %. Tiene la convicción de que su proyecto demuestra una nueva oportunidad para Colombia, más técnica, sostenible, conectada con las regiones, pero el reto es lograr un espacio en una contienda polarizada.

“Tengo un recorrido, unos contactos, una experiencia y unos resultados concretos, porque el electorado sabe que vamos a tener un gobierno serio”, le dijo a El Espectador.

Luz María Zapata, su fórmula vicepresidencial, dice que esas fueron las cosas que la acercaron a su campaña, a la que llegó por una entrevista del candidato que le pareció, en sus palabras, “muy bonita”. La exdirectora de Asocapitales lo conoció por primera vez cuando era ministro del gobierno de Juan Manuel Santos, y de allí guarda una foto con su sobrino que vino a recordar tiempo después, cuando ya le había dado el sí para acompañarlo por todo el país en giras maratónicas.

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El excanciller Luis Gilberto Murillo anunció como su fórmula para la Vicepresidencia a Luz María Zapata.
Foto: Archivo Particular

A Murillo lo conocen por ser un hombre tranquilo, pausado, que cada vez que puede recuerda a su pueblo, Andagoya, Chocó, y el compromiso que tiene con esa región. Ha pasado por Cambio Radical y Colombia Renaciente, de los que salió en medio de diferencias ideológicas, pero hoy su apuesta es por firmas, bajo el lema de “la oportunidad es Colombia”.

Él mismo ha dicho que su meta es “apartarse de las peleas” en esta contienda y varios le reconocen que es capaz de construir consensos, siendo incluso una de las figuras que la izquierda más purasangre aceptó sin mayores “peros” en el gabinete del presidente Gustavo Petro. Pero es precisamente ese cargo el que hoy le ha pasado factura en el campo político y por ello tiene encima una investigación disciplinaria de la Procuraduría “por las presuntas irregularidades en que incurrieron para garantizar la elaboración y distribución de los pasaportes de los colombianos”.

A ese puesto lo llevó una serie de decisiones que comenzaron con su adhesión a la campaña del hoy jefe de Estado en mayo de 2022, después de haber obtenido con Fajardo el 4,2 % del total de la votación (888.585 sufragios) en la primera vuelta. En ese momento, afirmó que buscaba “dejar las pequeñas diferencias a un lado” y su llegada a esa campaña era “un acuerdo para construir el país de la paz y la tranquilidad”. Junto con él llegó el que fue su partido, Colombia Renaciente, y le dieron el guiño de un sector de las comunidades afrocolombianas al Pacto Histórico.

En 2018, Sergio Fajardo, candidato a la Presidencia, se inscribió a la contienda con Luis Gilberto Murillo como su fórmula.
Foto: El Espectador - José Vargas

Eso le valió el que es quizás uno de los puestos más importantes en el servicio diplomático en Colombia: el de embajador en Estados Unidos. En septiembre de 2022 fue posesionado y, en ese momento, el presidente aseguró que tenía la tarea de “intentar variar cosas que no han funcionado bien” en la relación, especialmente en la lucha contra las drogas, y construir “conjuntamente los terrenos de la paz y de una democracia más sólida en todo el continente”. Su formación académica no sería lo más importante —con una beca llegó a ser ingeniero de minas de la Universidad de Moscú, donde conoció a su esposa, Barno Khadjibaeva—, sino su trayectoria en el exilio.

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Al gigante norteamericano llegó a inicios de este siglo, después de ser víctima de un intento de secuestro por parte de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) cuando todavía era gobernador del Chocó. Cuando estuvo en ese cargo —del que salió en 1999 por un fallo del Consejo de Estado tras encontrar errores en las actas electorales en las regionales— canceló todas las personerías jurídicas de las Convivir y se convirtió en uno de los enemigos de la estructura paramilitar en esa región. Tuvo que huir con sus hijos y su esposa hacia Detroit, Chicago, y rehacer su vida.

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Su paso por Estados Unidos lo llevó a trabajar como consultor internacional para el Banco Mundial, USAID, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Y allí afianzó relaciones con el Congreso de ese país que luego resultarían claves para su papel como embajador, por el que tuvo que renunciar a la ciudadanía gringa.

Fue la ficha clave de la diplomacia colombiana en medio de las crecientes tensiones alrededor de temas como el ataque de Hamás a Israel y el genocidio en Gaza, el cambio de políticas en la lucha contra las drogas. Desde la misión en Washington logró que al menos en cuatro ocasiones, el presidente Petro y el entonces mandatario estadounidense Joe Biden se reunieran. En el círculo del jefe del Estado colombiano se habló del “respeto” que tenía por el embajador y por ello fue que le confió una tarea clave: la de asumir el mando de la Cancillería, inicialmente de forma temporal, tras la suspensión de Álvaro Leyva por el escándalo de la licitación de los pasaportes.

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Murillo recibió un Ministerio de Exteriores en crisis. Tuvo que hacer un barrido que comenzó por sacar a varias de las fichas del sancionado de la cartera y se concentró en sortear las dificultades que generó la pelea del mandatario con Thomas Greg & Sons por el nuevo esquema de la expedición de las libretas.

Se posesionó oficialmente en mayo de 2024 —“queda en manos suyas, unas buenas manos y una buena bandera para seguir levantando en el mundo”, aseguró en ese momento el presidente— y tomó las riendas de una entidad en medio de las elecciones en Estados Unidos, que resultaron en la victoria de Donald Trump.

“El mejor resultado de la Cancillería fue de él”, le dijo a El Espectador Jorge Rojas, quien fungió como su viceministro. Y agregó que, incluso siendo una figura de centro, su posesión “fue bien recibida en general” y es vista “como uno de los aciertos” del gobierno Petro.

Pero su salida del cargo, muchos dirían, no fue en los mejores términos. Ya se hablaba de la posibilidad de que renunciara al cargo para buscar una aspiración presidencial, pero el “impase” con Estados Unidos por el retorno de los connacionales deportados, desatado por un trino del presidente Petro, derivó en una renuncia anticipada a los pocos días del choque que por poco conduce a una guerra comercial. En su tiempo como el encargado de la Cancillería, no estuvo de acuerdo con la diplomacia que conducía el mandatario vía X, pero en las horas más críticas de esa discusión entre ambos presidentes, los trinos desde la Casa de Nariño continuaban complejizando la situación.

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Llegados a ese punto, trabajó de la mano con quien sería su reemplazo, Laura Sarabia, y el embajador de Colombia en Estados Unidos, Daniel García-Peña, para sacar adelante una solución. Hicieron falta no solo sus contactos en el gigante norteamericano, también los guiños de figuras opositoras, como el expresidente Álvaro Uribe, para calmar las aguas del lado de la Casa Blanca. Tras un viaje a EE. UU., Murillo se apartó del cargo.

El entonces canciller de Colombia, Luis Gilberto Murillo (c), durante una rueda de prensa en Bogotá (Colombia). Allí, habló de que el Gobierno colombiano había dado por superado "el impase" que provocó una crisis diplomática con Estados Unidos, causado por la decisión del presidente Gustavo Petro de no permitir el ingreso de dos aviones con ciudadanos deportados de EE. UU. mientras esas personas no reciban un trato "digno".
Foto: EFE - Carlos Ortega

Esa candidatura a la Presidencia que se materializó mucho después tampoco cayó bien. Y ese es uno de los reparos que persisten en el Minexteriores, desde donde se le señala de haberlo usado como un “fortín político” para acercarse a las regiones. Externamente, se le criticó ampliamente por el manejo de las relaciones con Venezuela, en ese momento inmersa en el debate posterior a las elecciones en las que Nicolás Maduro —capturado por el gobierno de Trump a inicios de 2026— obtuvo una cuestionada victoria. Murillo ha negado haber tenido cualquier tipo de interés personal en su paso por el Palacio de San Carlos y defiende su gestión.

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En su tiempo por fuera de las reflectores, estuvo consolidando su campaña, en medio de viajes a Estados Unidos y el análisis de cómo construir una campaña, de la mano de su hijo mayor, Luis Gilberto Murillo (a quien llama afectuosamente “Lucho junior”). Al final, decidió irse por firmas y se apartó de Colombia Renaciente, por diferencias con el presidente John Arley Murillo.

Su nombre fue de los que sonó para hacer parte de la consulta del frente amplio, que en su momento buscaba medir a figuras como el senador del Pacto Histórico Iván Cepeda. Aunque criticó al Consejo Nacional Electoral (CNE) excluir a este último de la contienda, él mismo terminó por negarse a hacer parte de ella y afirmó que iría directamente a la primera. Sin embargo, ha buscado entablar diálogos con varios integrantes del tarjetón y, en la campaña de la izquierda, mantiene diálogos con Juan Fernando Cristo, excompañero del gabinete Petro, así como Mauricio Lizcano, con quien ha hablado de construir un “nuevo centro”.

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Es el único candidato afrocolombiano en el tarjetón y ha tratado de apartarse de la figura de Petro para ganar espacio como una figura del centro. Hasta la fecha, se mantiene en la contienda con la convicción de que podría aportarle algo diferente a Colombia.

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