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“Por qué votar por”: Carlos Ovalle, candidato al Senado

“Por qué votar por...” es un espacio de El Espectador para que los aspirantes al Congreso expongan sus propuestas y apuestas de cara a las elecciones del próximo 8 de marzo. Conozca a Carlos Ovalle, candidato del Partido Demócrata Colombiano.

Redacción Política

13 de febrero de 2026 - 02:48 p. m.
Carlos Ovalle, candidato al Senado.
Foto: Archivo Particular
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¿Cuál es su mayor motivación para ser congresista de Colombia?

Mi mayor motivación es dignificar el servicio público desde la autenticidad y el conocimiento. Soy payaso recreador de oficio y corazón, y esa labor me ha permitido conocer la Colombia profunda donde el Estado no llega. Pero también soy profesional, Especialista en Paz y Desarrollo Territorial y Magíster en Administración Pública, porque entendí que para transformar esas realidades necesitaba las herramientas técnicas del más alto nivel. Me motiva legislar para sanar a Colombia; nuestro país tiene un alto porcentaje de problemas en salud mental y creo que el ‘Ejército de la Risa’ debe jugar un papel fundamental en la recuperación de nuestra esperanza territorial. Aspiro al Congreso para demostrar que se puede hacer política con rigor técnico y administrativo, pero también con una sonrisa, sin perder la sensibilidad humana y la alegría que permite conectar con la gente y construir una paz real desde el bienestar emocional en Colombia.​

¿Ha tenido alguna investigación disciplinaria, administrativa o penal?

NO.​

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De obtener la curul, ¿cuál será su principal proyecto en el Congreso?

Mi principal apuesta será la creación de la Ley de Dignificación del Arte del Payaso y la Recreación, la cual busca reconocer formalmente este oficio en todas sus ramas y expresiones como una profesión de alto impacto social. Mi objetivo es que esta ley sea el motor para fortalecer la Ley 1616 de Salud Mental, integrando de manera técnica a estos sectores en los modelos de prevención y reparación emocional en los territorios. Como Magíster en Administración Pública, estructuraré este proyecto bajo tres pilares: Estatuto del Artista y Recreador: Unificar la normativa para que el payaso, en todas sus facetas, y el recreador profesional, cuenten con garantías de seguridad social, profesionalización y fin a la informalidad. Salud Mental Comunitaria: Institucionalizar el ‘Ejército de la Sonrisa’ como un programa nacional vinculado al sistema de salud, donde el payaso y el recreador sean gestores fundamentales de paz y bienestar emocional, especialmente en zonas vulnerables y de post-conflicto. Visibilización y Presupuesto: Asegurar que en los planes de desarrollo territorial se asignen recursos específicos para el arte y la recreación como herramientas esenciales de cohesión social y salud pública.​

A su criterio, ¿cuál es el principal problema de Colombia y cómo cree que puede solucionarse?

El principal problema de Colombia es la polarización política sistémica, que por décadas nos ha fracturado y ha impedido que el Estado funcione con eficiencia. Esta división ha priorizado las líneas ideológicas sobre el potencial de la gente, generando un estancamiento que no nos permite ver la inmensa riqueza que tenemos al frente. Como Magíster en Administración Pública y Especialista en Paz y Desarrollo Territorial, propongo solucionar esto a través de una reconciliación nacional basada en el bienestar emocional. Mi propuesta es sanar desde la risa y la lúdica para desarmar los prejuicios que nos dividen. Al lograr esta cohesión social y organizarnos internamente, podremos enfocarnos en lo que realmente importa: el potencial de nuestros territorios. Colombia es una potencia en recursos naturales y talento humano; si logramos integrarnos como país, podremos llevar toda esa riqueza al mundo y convertirnos en un referente global de desarrollo sostenible. La paz emocional es el primer paso para la prosperidad económica de nuestra nación.​

¿Apoyaría o no un proceso de asamblea constituyente y cómo justifica su postura?

Mi postura es de no apoyo a una Asamblea Constituyente en este momento. Como Magíster en Administración Pública, considero que el país ya cuenta con un marco legal sólido en la Constitución de 1991. Más que cambiar las normas, lo que Colombia necesita con urgencia es que las instituciones funcionen y que las leyes vigentes se traduzcan en bienestar para los ciudadanos. Justifico mi posición de manera prudente bajo estos puntos: Prioridad en la Gestión: Un proceso constituyente requiere una inmensa concentración de energía política y administrativa. Ese tiempo y esfuerzo deben estar enfocados hoy en solucionar las crisis de salud mental, la seguridad social y el desarrollo de nuestros territorios. Eficacia de las Herramientas Actuales: Como especialista en desarrollo territorial, estoy convencido de que la Constitución actual ya nos da las herramientas para transformar el país. Lo que necesitamos es voluntad administrativa para ejecutar los recursos con transparencia y eficiencia en las regiones. Unidad Nacional: El país ya atraviesa una fuerte división política. Mi apuesta es por la reconciliación y la sanación social desde la lúdica y la alegría, y considero que un proceso de este tipo podría profundizar las diferencias en lugar de unirnos en torno a la riqueza de nuestro territorio.​

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¿Acompañaría o no que en el país se reviva la figura de la reelección presidencial inmediata o que se extienda el periodo presidencial?

No la acompañaría. Como Magíster en Administración Pública, considero que la alternancia en el poder es un principio que debe garantizarse para mantener una democracia sana y equilibrada. Más que extender periodos o revivir reelecciones, el país requiere que el tiempo de gestión establecido por la Constitución se aproveche con absoluta eficiencia y transparencia. Mi postura es que las instituciones deben fortalecerse para dar resultados reales en salud mental y desarrollo territorial, promoviendo siempre la renovación de liderazgos por encima de la permanencia de una sola figura en el cargo.​

¿Le daría respaldo o continuidad a la política de paz total?

Sí, pero con ajustes estructurales. Como especialista en Paz y Desarrollo Territorial, creo que la búsqueda de la paz debe ser un propósito nacional, pero para que sea efectiva debe pasar de la voluntad política a la eficacia administrativa. Mis condiciones para este respaldo serían: Presencia integral del Estado: No basta con silenciar fusiles; la paz real llega cuando el Estado llega con salud mental, educación y oportunidades a los territorios. Reglas claras y justicia: Los procesos deben tener marcos jurídicos sólidos que garanticen la no repetición y el respeto a las víctimas. Desarrollo desde las regiones: La paz no se firma solo en oficinas; se construye desde el territorio, potenciando nuestra riqueza natural y sanando el tejido social con programas como el ‘Ejército de la Sonrisa’. Respaldaré una paz que se sienta en el bienestar emocional y económico de cada familia colombiana.​

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¿Está de acuerdo con que el Gobierno realice diálogos con grupos ilegales?

Sí, estoy de acuerdo, pero bajo condiciones de estricta transparencia y compromisos reales. Como Especialista en Paz y Desarrollo Territorial, entiendo que el diálogo es el camino para detener la violencia, pero este no puede ser un cheque en blanco; debe haber voluntad de justicia y reparación hacia las víctimas.

Mi postura se basa en dos pilares: Rigor y verificabilidad: Los diálogos deben tener metas claras y cronogramas que se cumplan. El Estado debe garantizar que estos procesos traigan seguridad y bienestar real a las comunidades más olvidadas. Reconciliación y perdón: Creo firmemente que la paz requiere sanar el corazón. Como hombre de fe, reconozco que Dios nos enseña el valor del perdón como la herramienta más poderosa para romper los ciclos de odio. Sin embargo, el perdón social debe ir acompañado de un compromiso de no repetición. Mi apuesta es usar la lúdica y la salud mental para preparar a los territorios para ese perdón, transformando el dolor en esperanza y permitiendo que volvamos a vernos como hermanos bajo un propósito común de país.​

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¿Apoya o rechaza la legalización de algunas drogas ilícitas, como la marihuana y otras, que incluya su producción y consumo?

Apoyaría una regulación responsable únicamente para la marihuana, bajo un estricto seguimiento de especialistas. Como Magíster en Administración Pública, considero que el enfoque debe ser de salud pública y desarrollo territorial, permitiendo que su uso medicinal e industrial sea una oportunidad de progreso para el campo, pero siempre con acompañamiento técnico que prevenga el abuso y proteja a nuestra juventud. Respecto a otras sustancias, mi postura es de rechazo, ya que su impacto ha causado graves problemas de seguridad y salud mental que el país aún no ha podido superar. Mi prioridad es fortalecer el bienestar emocional de los colombianos; por eso, cualquier avance en este tema debe ir de la mano con programas de prevención y una administración estatal eficiente que garantice que el remedio no sea peor que la enfermedad.​

¿Está o no de acuerdo con la eutanasia?

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Como hombre de fe, mi compromiso es con la vida, pero mi conciencia me llama a la compasión. Ante casos excepcionales de sufrimiento extremo e irreversible, respeto la voluntad de quienes piden una muerte digna. La fe no puede ser indiferente al dolor humano; defender la vida también implica respetar la paz y la dignidad en el final de la misma.​

¿Se requiere o no otra reforma tributaria?

No se requiere otra reforma para subir impuestos, sino una reforma para administrar mejor. Como Magíster en Administración Pública, considero que, antes de pedirle más esfuerzo a los ciudadanos y a las empresas, el Estado debe hacer su tarea en tres frentes: Lucha contra la evasión y la corrupción: Ahí es donde se están yendo los recursos que el país necesita para el desarrollo territorial. Eficiencia en el gasto: Mi enfoque es que el dinero rinda más a través de una gestión técnica y transparente. No se trata de recaudar más, sino de gastar mejor. Crecimiento desde las regiones: Si apoyamos a nuestros campesinos, emprendedores y aprovechamos nuestra riqueza natural, la economía crecerá sola. Mi apuesta es fortalecer la salud mental y la seguridad jurídica para que la gente quiera invertir y trabajar en paz. Colombia no aguanta más carga tributaria; lo que necesita es una administración que cuide cada peso y lo ponga al servicio del bienestar de la gente.​

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¿El salario de los congresistas y otros funcionarios del Estado debe reducirse?

Sí, debe reducirse de manera significativa. Como Magíster en Administración Pública y ciudadano que ha trabajado como payaso recreador, entiendo perfectamente lo que significa vivir con el salario mínimo. Si yo he logrado salir adelante y llevar alegría a las comunidades con recursos limitados, estoy convencido de que un servidor público puede vivir dignamente, visitar las regiones y ayudar a la gente con un monto mucho más austero y aterrizado a la realidad nacional.

Mi postura se justifica en:

Solidaridad y Equidad: No puede haber una brecha tan grande entre quienes legislan y quienes trabajan día a día por el mínimo. El salario debe ser digno, pero no un privilegio que nos desconecte de la realidad del pueblo.

Eficiencia del Gasto: Esos recursos ahorrados deben redireccionarse a proyectos de desarrollo territorial y salud mental.

Vocación de Servicio: El Congreso debe ser un espacio para servir, no para enriquecerse. Mi compromiso es demostrar que, con una administración responsable y austera, se puede hacer mucha más gestión en el territorio, llegando a donde nadie más llega para sanar con la risa y construir con resultados.​

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¿Está de acuerdo con que las iglesias paguen impuestos como el de la renta?

Como hombre de fe, aplico el principio de ‘dar al César lo que es del César’, pero propongo un modelo de retribución solidaria. Mi propuesta es que las iglesias tributen, a menos que certifiquen su inversión en lo que la Política Nacional de Libertad Religiosa denomina el bien común. Si una institución trabaja con poblaciones vulnerables y víctimas de flagelos sociales, está sanando el tejido social donde el Estado a veces no llega. En estos casos, esa labor debe ser compensable y permitir la reducción de impuestos. Sin embargo, si no existe un impacto social verificable en el territorio, deben pagar renta. Es justicia social: o se sirve directamente a los más vulnerables, o se contribuye económicamente para que el Estado lo haga.​

¿Haría alguna modificación al sistema político colombiano?

Sí. Propondría crear la Circunscripción Especial para la Cultura, el Deporte y el Cuidado Social, como unión de minorías. Como Magíster en Administración Pública, mi reforma busca que el sistema político otorgue 5 curules especiales a gremios que hoy están en el olvido y que no deberían competir bajo las reglas de los partidos tradicionales, sino por su vocación y servicio comprobado.

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Propongo que estos escaños sean ocupados por representantes de los payasos, recreadores, artistas, artesanos, madres comunitarias, cuidadores de personas con discapacidad, entrenadores deportivos de base y líderes de salud mental comunitaria. El acceso a estas curules sería mediante un sistema de aval por firmas y trayectoria social. No podemos legislar con rigor técnico si nos falta la sensibilidad humana; estos sectores son quienes sanan el tejido social en los territorios y es hora de que tengan voz y voto en el Congreso para defender sus derechos y el bienestar de todas las familias colombianas.​

¿Qué propuesta concreta tiene para garantizar la paridad y los derechos de la mujer?

Como congresista, mi prioridad será legislar para la autonomía integral de la mujer. Impulsaré dos acciones concretas: Ley de Presupuestos Sensibles al Género: Para que cada peso que el Congreso apruebe en el Presupuesto General de la Nación obligue a las entidades a demostrar cómo cerrarán brechas de desigualdad en el territorio. Fortalecimiento del Sistema Nacional de Cuidado: Legislaré para reconocer y remunerar el trabajo de cuidado, liberando tiempo para que las mujeres, especialmente las más vulnerables, accedan a la política y al empleo. La paridad no es solo un porcentaje en una lista; es garantizar, por ley, las condiciones económicas para que la mujer ejerza su liderazgo en paz.​

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La corrupción es un problema de primer orden en el país, ¿cuál es su propuesta concreta para hacerle frente a este flagelo y lograr resultados?

Necesitamos que las campañas se ganen con ideas, con votos y con respeto, y no con chequeras. Hoy la corrupción tiene dos caras: la de quienes pagan para inundar las redes con difamación y odio, y la de quienes gastan fortunas en publicidad y vallas para comprar voluntades. En ambos casos, quien paga para que otros lleguen, luego cobra ese favor con los recursos del Estado. Para frenar esto, propongo evolucionar hacia un sistema de financiación estatal organizada donde: El respeto sea la base: No podemos permitir que la política se haga a través de la difamación.

El Estado debe garantizar que la competencia sea por propuestas de bienestar social y no por quién genera más ataques financiados. Independencia total del dirigente: Al ser el Estado quien financia de manera equitativa, el líder llega al cargo sin deberle favores a nadie. Esto corta el ciclo de compromisos políticos que desvían el dinero público. Orden en la participación: Que el presupuesto se asigne para que todos compitan en igualdad de condiciones, asegurando que el ciudadano elija por la capacidad de gestión y la visión de paz territorial del candidato. Saneando la forma en que llegamos al poder, garantizamos que el dinero de los colombianos se quede en las obras y en la gente.​

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Las encuestas señalan que por lo menos tres de cada cuatro colombianos tienen una imagen desfavorable del Congreso. ¿Qué haría para contrarrestar esa postura negativa?

Para que la gente vuelva a creer, el Congreso debe legislar con los pies en la tierra y el corazón en el territorio. La desconfianza existe porque el senador llega, promete y se pierde. Mi propuesta es transformar la labor legislativa en un ejercicio de investigación endógena y trabajo comunitario: Leyes desde el Territorio: Propongo que la normatividad no se construya en escritorios fríos en Bogotá. Debemos estar en el campo, en la plaza y en la vereda para saber qué le duele al campesino y al ciudadano de a pie.

Solo así podemos crear leyes que respondan a las verdaderas necesidades del país y no a intereses lejanos. El ‘Ejército de la Risa’ como Herramienta de Conexión: Llevaré actividades de reconciliación, paz y salud mental a las regiones. No nos pagarán solo por sentarnos en una silla, sino por ser pedagogos sociales que sanan corazones y construyen tejido social directamente con la comunidad. Austeridad y Ejemplo: Bajar los sueldos y garantizar un gasto justo del presupuesto. El ejemplo de honestidad y el trabajo directo son la única vía para que el ciudadano vea que el senador sí sirve y sí está presente. Mi compromiso es que el Congreso no solo dicte leyes, sino que las nazca del territorio, sintiendo lo que el pueblo siente para legislar con verdad. Menos oficina y más investigación real con la gente.​

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¿Qué debe hacer Colombia con el manejo de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y Venezuela?

Nuestra diplomacia debe ser pragmática, enfocada en la paz territorial y no en la ideología. Como Magíster en Administración Pública, propongo: Con Estados Unidos: Evolucionar la agenda más allá de la seguridad. Debemos ser socios en salud mental, arte y tecnología, logrando que la cooperación internacional financie el desarrollo humano en nuestras regiones. Con Venezuela: Mantener relaciones institucionales firmes para proteger la seguridad fronteriza y el comercio. No podemos castigar al ciudadano de a pie por diferencias políticas; la prioridad es el orden y la dignidad en la frontera. Necesitamos una diplomacia que se traduzca en bienestar real para el territorio y no en peleas de escritorio.​

¿Cómo y con quiénes (particulares y/ privados) está financiando su campaña y cuánto le cuesta ese proceso?

Mi campaña es la más austera del país: la financio con 3 millones de mis ahorros. Como Magíster en Administración Pública, mi estrategia es caminar las calles hablando de frente con la gente. En lugar de repartir volantes que contaminan, entrego una tarjeta personal con un código QR. El ciudadano la escanea, accede a nuestras propuestas y de inmediato se enlaza con nuestras redes sociales para interactuar con nosotros. Es un proceso de comunicación orgánica y real: no usamos bots ni granjas de clics para inflar resultados. La tecnología nos permite estar conectados de forma inmediata y honesta, demostrando que para llegar al corazón de miles de colombianos no se necesitan chequeras ni insultos, sino ideas, respeto y trabajo de campo. Cero vallas, cero contaminación visual.​

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¿A quién respalda y por qué para la campaña presidencial?

Como candidato al Senado del Partido Demócrata Colombiano, en alianza con el Partido Verde, mi respaldo es para la decisión que tome mi colectividad. Mi partido confió plenamente en mi perfil de minorías como payaso y Magíster para representarlos en esta contienda; por eso, mantengo la disciplina de partido y acataré las directrices que la dirección nacional defina para la presidencia. Mi lealtad es con la institución que me avaló como minoría y con el proceso de unidad que estamos construyendo.​

De forma concreta, ¿qué política del presidente Gustavo Petro debería seguir después del 7 de agosto de 2026 y cuál tendría que acabarse? ¿Por qué?

Como Magíster en Administración Pública y especialista en paz, mi postura es técnica y territorial: Debe seguir: El Plan Nacional de Cultura. Respaldo la política que eleva el arte y la cultura a herramientas de sanación y paz territorial. El arte no es un adorno; es el motor para reconstruir el tejido social. Fortaleceré este eje para que el presupuesto llegue directamente a los artistas y gestores locales que transforman el dolor en esperanza en las regiones más olvidadas. Debe transformarse: La ‘Paz Total’. No podemos permitir que se quede solo en diálogos eternos con grupos armados. Debe evolucionar hacia una Paz con Gerencia y Reivindicación. La paz debe dejar de ser un discurso político para convertirse en una ejecución técnica que garantice salud mental, educación y tecnología en el territorio. Mi compromiso es pasar de la mesa de negociación a la tranquilidad tangible para el ciudadano; menos retórica y más resultados que le arrebaten la juventud a la violencia.

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