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¿Cuál es su mayor motivación para ser congresista de Colombia?
Mi mayor motivación para ser congresista es simple: que Bogotá no vuelva a pagar los costos de la improvisación y la pelea política de otros. Yo nací viendo cómo a esta ciudad la frenan cada vez que cambia el viento en el Gobierno Nacional. Un día nos prometen plata para obras, al otro día la congelan. Un día anuncian proyectos, al otro día los enredan en trámites, caprichos o cálculos electorales. Y al final, el que pierde es usted: en tiempo, en seguridad, en oportunidades y en calidad de vida.
Por eso quiero llegar al Congreso, para que Bogotá tenga una voz firme, técnica y valiente que no se deje meter el freno de mano. Para defender los recursos de la ciudad, destrabar proyectos y poner reglas claras que protejan la inversión, el empleo y la tranquilidad de la gente. Yo no estoy buscando un cargo para hablar bonito. Estoy buscando una curul para resolver, para pelear por lo que le corresponde a Bogotá y para rendir cuentas con hechos, no con discursos.
¿Ha tenido alguna investigación disciplinaria, administrativa o penal?
No, ninguna. Tengo una hoja de vida limpia, sin una tacha.
De obtener la curul, ¿cuál será su principal proyecto en el Congreso?
Mi principal proyecto será una Ley de Autonomía Territorial para las ciudades, para que puedan tomar decisiones con más capacidad real —y menos tramitomanía— sobre seguridad, movilidad, vivienda y financiación de proyectos. Colombia no puede seguir con capitales y regiones “amarradas” a permisos eternos del nivel central. En el actual Congreso ningún representante a la Cámara por Bogotá defiende a Bogotá del freno de mano que le pone el Gobierno Nacional en diversos temas.
Por ejemplo, el pie de fuerza depende del Ministerio de Defensa, el tema de basuras de autorizaciones del Ministerio de Ambiente, las entradas y salidas de la ciudad igual… La autonomía no es capricho, es eficiencia, resultados y control ciudadano. Además, impulsaré dos causas complementarias: educación e inclusión financiera para todas las edades y en todos los ámbitos de la sociedad, y una política seria de vejez digna para el país.
A su criterio, ¿cuál es el principal problema de Colombia y cómo cree que puede solucionarse?
Colombia está frenada por dos cosas: un Estado que funciona lento y una justicia que no llega a tiempo. Cuando la administración es ineficiente, se pierde plata, se pierden oportunidades y crece la desconfianza. Cuando hay impunidad, gana el delito. La solución es una reforma de gerencia pública con metas medibles, menos burocracia y más ejecución, y una reforma a la justicia para acelerar decisiones, fortalecer investigación y reducir la impunidad. Sobre todo en delitos que hoy tienen a la gente viviendo con miedo.
¿Apoyaría o no un proceso de asamblea constituyente y cómo justifica su postura?
No la apoyaría. La Constitución del 91 tiene un marco amplio de derechos, libertades y controles. El problema de Colombia no es “cambiar el texto”, es cumplirlo. Abrir una constituyente en este clima político puede convertirse en una pelea por el poder, no en una solución para la gente. Lo responsable es hacer reformas puntuales por la vía institucional, con debate público, y enfocarnos en lo urgente: seguridad, justicia, crecimiento y calidad del gasto.
¿Acompañaría o no que en el país se reviva la figura de la reelección presidencial inmediata o que se extienda el periodo presidencial?
No la acompañaría. La reelección inmediata concentra poder, incentiva el clientelismo y polariza aún más al país. Cuatro años bien gerenciados alcanzan para hacer transformaciones si se trabaja con planeación y resultados. Lo que Colombia necesita no es alargar gobiernos, sino construir políticas de Estado que trasciendan personas, con indicadores y rendición de cuentas. Además, después de cuatro años un equipo de gobierno ya tiene un desgaste y la energía no es la misma para seguir solucionando los problemas del país.
¿Le daría respaldo o continuidad a la política de paz total?
No en las condiciones actuales. Lo actual es una negociación que no está bajo los marcos y las premisas de lo que se quiere de cualquier proceso de paz. No están claras las condiciones, no están claras las formas para sentarse en una mesa de diálogo, no hay cese al fuego, no existen ningún tipo de gestos por parte de las bandas ilegales y por parte del Gobierno Nacional para entender qué es lo que se está acordando.
Creo que la paz total también es una “salida” para aquellos que no quisieron aceptar el proceso de paz con las Farc, y me parece que el proceso de paz con las Farc fue un proceso mucho más estructurado, más aterrizado, pero que los que son disidentes no pueden tener una puerta trasera para tratar de meterse en la legalidad haciendo acciones ilegales.
¿Está de acuerdo con que el Gobierno realice diálogos con grupos ilegales?
Todos los gobiernos en cualquier parte del mundo pueden realizar comunicaciones y diálogos con cualquier grupo ilegal para tratar de salir de una manera pacífica y negociada de un conflicto o un espacio de violencia. Eso no es ningún problema, todos los gobiernos lo pueden hacer.
Yo respaldo la paz, pero la paz no puede ser un mensaje, tiene que ser un método serio. Sin reglas claras, verificación, compromisos reales y respeto a las víctimas, se vuelve una promesa sin resultados y con más violencia. Colombia necesita un modelo de paz con condiciones, plazos, mecanismos de verificación y consecuencias si el crimen continúa. Paz sí; impunidad y ambigüedad, no.
¿Apoya o rechaza la legalización de algunas drogas ilícitas, como la marihuana y otras, que incluya su producción y consumo?
Sí, sí estoy de acuerdo. Apoyo una regulación responsable del cannabis con enfoque de salud pública, prevención y control estatal, para quitarle mercado al crimen y proteger a los menores.
¿Está o no de acuerdo con la eutanasia?
Sí, con garantías estrictas, acompañamiento médico y respeto por la dignidad humana. El Estado debe proteger la vida, pero también respetar la autonomía y el sufrimiento de quien enfrenta una condición irreversible. Al mismo tiempo, hay que fortalecer cuidados paliativos para que nadie sienta que su única opción es morir por falta de atención y alivio.
¿Se requiere o no otra reforma tributaria?
Más que otra reforma para tapar huecos, Colombia requiere una reforma tributaria estructural: simple, estable y justa. Hay que combatir en serio la evasión, reducir la complejidad que castiga al que sí cumple y crear incentivos claros para empleo y productividad. Y tan importante como recaudar es gastar bien: si el Estado no muestra resultados, cualquier ajuste tributario pierde legitimidad.
¿El salario de los congresistas y otros funcionarios del Estado debe reducirse?
Sí. Y con seriedad. El debate no puede ser solo simbólico: debe ir de la mano con reglas de desempeño, transparencia y eliminación de privilegios. La gente no aguanta un Estado costoso y poco efectivo. Yo apoyo una reducción real y una estructura que premie el trabajo medible y sancione el ausentismo y la falta de resultados.
¿Está de acuerdo con que las iglesias paguen impuestos como el de la renta?
No, no estoy de acuerdo, porque las iglesias hacen una labor social que a veces el Estado no puede suplir.
¿Haría alguna modificación al sistema político colombiano?
Sí. Necesitamos más democracia interna real en los partidos, menos barreras artificiales para que surjan movimientos ciudadanos y más transparencia en la financiación y el funcionamiento político. Hoy la política expulsa a la gente decente por trámites, costos y maquinarias. Quiero reglas que abran competencia limpia, fortalezcan la deliberación y obliguen a rendir cuentas: menos negocio, más representación.
¿Qué propuesta concreta tiene para garantizar la paridad y los derechos de la mujer?
Paridad en serio: participación equilibrada en cargos de decisión y en listas, con formación y condiciones reales para que no sea una cifra de papel. Segundo, presupuesto y acciones contra violencias basadas en género, con rutas de atención y sanción que funcionen. Tercero, autonomía económica: acceso a crédito, empleo formal, apoyo al cuidado y corresponsabilidad.
Los derechos no se declaran, se garantizan con instituciones, plata y resultados.Además, mi fórmula al Senado es una persona que, al igual que yo, tiene muchos años de experiencia sin una tacha en la hoja de vida y que ha impulsado múltiples proyectos en pro de los derechos de la mujer. Es Gloria Díaz, candidata por la coalición Ahora Colombia.
La corrupción es un problema de primer orden en el país, ¿cuál es su propuesta concreta para hacerle frente a este flagelo y lograr resultados?
Golpear la corrupción exige dos cosas: transparencia total y consecuencias reales. Contratación pública con trazabilidad digital, datos abiertos, conflictos de interés publicados y control ciudadano; y una justicia que investigue y sancione rápido, para que robar no salga barato. También se necesita protección a denunciantes y castigos efectivos a redes que capturan el Estado. La corrupción no se derrota con discursos, se derrota con reglas, tecnología y sanción. Hay que reformar la justicia en Colombia.
Las encuestas señalan que por lo menos tres de cada cuatro colombianos tienen una imagen desfavorable del Congreso. ¿Qué haría para contrarrestar esa postura negativa?
Lo más importante es que la ciudadanía cumpla con su deber democrático y salga a votar por el Congreso eligiendo no el show ni los likes, sino el trabajo serio, las trayectorias dignas, limpias, éticas y con resultados demostrados. Estando allá, haré rendición de cuentas periódica y verificable: qué proyectos presento, cómo voto, en qué debates participo y qué resultados concretos se logran.
Abriré el trabajo legislativo al ciudadano con audiencias en territorio y control social. El Congreso recupera confianza cuando la gente ve trabajo útil, coherencia y transparencia. “Menos show, más resultados” ha sido una de las frases que más he repetido en campaña y que, además, ya he puesto en práctica por ejemplo en el Concejo de Bogotá, donde fui elegido el mejor concejal de la ciudad. No más ese show patético que vemos en las sesiones: hay que ir a legislar con conocimiento y seriedad.
¿Qué debe hacer Colombia con el manejo de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y Venezuela?
Activar los canales multilaterales de comunicación y de desarrollo. Colombia depende mucho en materia económica de Estados Unidos, es nuestro socio estratégico y no podemos cerrar los ojos ante eso. Colombia debe actuar con pragmatismo y dignidad institucional. Con Estados Unidos, fortalecer la relación estratégica en comercio, inversión, cooperación y seguridad, sin ponerla en riesgo por ideología. Con Venezuela, mantener canales diplomáticos para gestionar frontera, migración, seguridad y comercio, exigiendo respeto por los derechos humanos y usando escenarios multilaterales cuando sea necesario. Relaciones exteriores al servicio del empleo, la estabilidad y la seguridad.
¿Cómo y con quiénes (particulares y/ privados) está financiando su campaña y cuánto le cuesta ese proceso?
Mi campaña la estoy sacando con crédito, con ahorros y con donaciones de personas, de empresarios y de gente que cree en una política limpia, como ya lo he demostrado en mis campañas anteriores.
¿A quién respalda y por qué para la campaña presidencial?
Por ser parte del partido Nuevo Liberalismo estoy apoyando a Juan Manuel Galán en la consulta del 8 de marzo.
De forma concreta, ¿qué política del presidente Gustavo Petro debería seguir después del 7 de agosto de 2026 y cuál tendría que acabarse? ¿Por qué?
Ninguna me parece importante. Hay que hacer una reingeniería al daño que le hizo en materia de sistema de salud, en materia de pensiones, en materia de deuda externa y Marco fiscal de Mediano Plazo… toca hacer una reingeniería en materia social porque aumentó la pobreza extrema, la pobreza multidimensional y se abrieron las brechas de desigualdad.
Hay que hacer una reingeniería en materia del campo colombiano. No existe hoy un proyecto de ley que esté firmado y que mejore la calidad de vida del campesinado colombiano. Hay que hacer una reingeniería en el desarrollo de la seguridad en el país.
No estoy de acuerdo con todo lo que está pasando en materia de las metodologías para garantizar la prevención y reacción en cuanto a la seguridad en el país.Debe acabarse la improvisación en políticas sensibles y la lógica de gobernar a punta de confrontación y anuncios sin ejecución.
Se requiere corregir el rumbo en seguridad, recuperar confianza institucional, ordenar el sistema de salud y asegurar sostenibilidad en reformas sociales. Colombia no aguanta más experimento, necesita Estado que funcione y cumpla y no el desastre fiscal y social en el que nos hundió Petro.
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