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“Por qué votar por”: Juan Fernando Reyes Kuri, candidato al Senado

“Por qué votar por...” es un espacio de El Espectador para que los aspirantes al Congreso expongan sus propuestas y apuestas de cara a las elecciones del próximo 8 de marzo. Conozca a Juan Fernando Reyes Kuri de la coalición Ahora Colombia.

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08 de febrero de 2026 - 08:30 p. m.
Juan Fernando Reyes Kuri es candidato al Senado. Va por la coalición Ahora Colombia.
Juan Fernando Reyes Kuri es candidato al Senado. Va por la coalición Ahora Colombia.
Foto: El Espectador
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¿Cuál es su mayor motivación para ser congresista de Colombia?

Mi mayor motivación para volver al Congreso es simple: quiero que en Colombia las cosas funcionen. Que el Estado deje de estorbar y empiece a servir. Yo ya demostré que sé cómo hacerlo: hice leyes que simplifican la vida de la gente, que modernizan instituciones, que protegen libertades. Hoy, cuando el país está atrapado entre el caos y la improvisación, estoy convencido de que necesitamos voces sensatas, con experiencia, que sepan qué hacer desde el primer día. Yo no voy a improvisar. Voy a gobernar con cabeza, con resultados y con rigor. Porque hacer las cosas bien no debería ser la excepción: debería ser la regla.

¿Ha tenido alguna investigación disciplinaria, administrativa o penal?

Ninguna.

De obtener la curul, ¿cuál será su principal proyecto en el Congreso?

Mi principal proyecto se llama “El tamaño sí importa”, y busca recortar el exceso, ordenar lo público y hacer que el Estado funcione. Propongo un paquete de tres leyes: primero, eliminar al menos 100 normas inútiles o contradictorias que hoy solo generan trámites innecesarios y frenan la actividad económica. Segundo, transformar, fusionar o eliminar entidades estatales que se repiten funciones, gastan más de lo que aportan y terminan siendo una carga para el país; recursos que deberían estar en salud, educación o seguridad, hoy se pierden en oficinas que nadie controla. Y tercero, racionalizar el proceso de autorizaciones médicas: el paciente no puede seguir siendo el mensajero del sistema. La vida de la gente no puede depender de una firma, una fila o una fotocopia. Este proyecto es una apuesta por la eficiencia, la dignidad ciudadana y el uso responsable de lo público. Porque hacer las cosas bien también es saber recortar lo que no sirve.

A su criterio, ¿cuál es el principal problema de Colombia y cómo cree que puede solucionarse?

El principal problema de Colombia es que estamos en manos de gente que no conoce el Estado, que improvisa con la plata de todos y gobierna como si esto fuera un experimento. Hoy tenemos más influenciadores que verdaderos servidores públicos. Y mientras tanto, el país se llena de discursos, pero se queda sin resultados. A eso se suma un Estado gigante e ineficiente, lleno de entidades que no sirven, normas que estorban y trámites que le dificultan la vida a la gente. Lo que necesitamos no es más protagonismo, es más capacidad. Gente que sepa qué hacer y cómo hacerlo.

¿Apoyaría o no un proceso de asamblea constituyente y cómo justifica su postura?

Mi respuesta es un rotundo no. No apoyo una Asamblea Nacional Constituyente. La Constitución del 91 es el pacto democrático que garantiza nuestras libertades, derechos y deberes. No podemos entregarle a este gobierno la oportunidad de reescribir las reglas a su antojo y abrirle paso a un modelo comunista que concentre el poder y destruya las instituciones. Colombia no necesita borrar la Constitución: necesita cumplirla y defenderla. Este intento de Constituyente es un riesgo real para la democracia. Y no lo podemos permitir.

¿Acompañaría o no que en el país se reviva la figura de la reelección presidencial inmediata o que se extienda el periodo presidencial?

Un rotundo no. No apoyo ni la reelección presidencial inmediata ni la extensión del periodo presidencial. La democracia se protege poniendo límites al poder, no abriendo la puerta para que se quede quien está de turno. En el Congreso voy a presentar un proyecto para delimitar aún más las funciones del presidente: no debe seguir presentando ternas para elegir a quienes tienen que controlarlo, como fiscales o contralores, y debe comparecer regularmente ante el Congreso a rendir cuentas. En una democracia sana, el poder no se alarga: se vigila.

¿Le daría respaldo o continuidad a la política de paz total?

No respaldo la continuidad de la mal llamada ‘Paz Total’. No por capricho, sino porque ha sido una política equivocada, sin controles, sin resultados y sin principios de justicia. En lugar de garantizar la seguridad de los ciudadanos, debilitó la autoridad del Estado y empoderó a los violentos. La paz no puede ser sinónimo de impunidad, ni puede construirse sobre el miedo de millones de colombianos. Creo en la paz, sí. Pero una paz con reglas, con justicia y con orden. No con alcahuetería.

¿Está de acuerdo con que el Gobierno realice diálogos con grupos ilegales?

No. Dialogar con grupos ilegales no puede ser la regla general del Estado. El Gobierno solo debería dialogar cuando hay voluntad real de desmovilización y sometimiento a la justicia. No podemos seguir premiando al que empuña un fusil mientras se ignora al que cumple la ley. Hay bandas criminales que solo entienden el lenguaje de la autoridad. Por eso mi posición es clara: diálogo sí, pero con condiciones y con resultados. No más alcahuetería para quienes siguen delinquiendo.

¿Apoya o rechaza la legalización de algunas drogas ilícitas, como la marihuana y otras, que incluya su producción y consumo?

Apoyo la regulación del cannabis de uso adulto. Fui ponente del proyecto que buscaba este objetivo en la legislatura pasada y estoy convencido de que la prohibición ha alimentado una guerra absurda que Colombia no se puede dar el lujo de seguir perdiendo. Regular no es promover el consumo, es arrebatarle el negocio a las mafias y poner reglas claras desde el Estado. Es cambiar una política fracasada por una estrategia inteligente, basada en salud pública, control y libertad con responsabilidad.

¿Está o no de acuerdo con la eutanasia?

Apoyo la regulación de la eutanasia. Fui autor del proyecto que buscó garantizar este derecho en condiciones de dignidad y respeto por la libertad individual. Creo que el Estado no puede obligar a nadie a vivir con sufrimiento. La vida debe ser protegida, pero también debe ser respetada cuando el dolor se vuelve insoportable. Regular la eutanasia no es promoverla, es darle a cada persona la posibilidad de decidir, con garantías médicas, jurídicas y éticas. Es un acto de compasión, libertad y humanidad.

¿Se requiere o no otra reforma tributaria?

Sí, Colombia necesita otra reforma tributaria. Pero no para seguir exprimiendo a los mismos de siempre, sino para simplificar el sistema. Hoy tenemos un modelo enredado, desigual y poco competitivo. Lo que se requiere es una tributación más simple, ágil y justa: menos impuestos para las empresas que generan empleo, más competitividad para atraer inversión, y reglas claras para que todos sepan a qué atenerse. Una economía fuerte necesita un Estado que no castigue al que produce.

¿El salario de los congresistas y otros funcionarios del Estado debe reducirse?

No creo que el problema sea el salario de los congresistas. El verdadero problema es elegir personas que no están preparadas para asumir esa función. Lo que necesitamos es que los cargos públicos los ocupen personas con experiencia, formación, carácter y vocación de servicio. Lo que debe bajar no es el sueldo: es la mediocridad. Un país serio no castiga el mérito ni la capacidad. La clave está en exigir resultados, rendición de cuentas y compromiso real con el país.

¿Está de acuerdo con que las iglesias paguen impuestos como el de la renta?

Sí, estoy de acuerdo. La pregunta no es si deben pagar, sino por qué no lo hacen. En Colombia todos pagan impuestos: el emprendedor, la empresa, el ciudadano de a pie. ¿Por qué habríamos de hacer una excepción con quienes generan ingresos, manejan patrimonio y, en muchos casos, desarrollan actividades económicas? Defender la libertad religiosa no es excusar el deber tributario. El Estado debe ser neutral, no permisivo.

¿Haría alguna modificación al sistema político colombiano?

Sí. Colombia necesita una reforma política urgente. Hoy tenemos un sistema con demasiados partidos, muchos sin ideología ni estructura, que solo existen para negociar avales o cuotas. Esto no es democracia, es una recocha institucional. Necesitamos fortalecer la democracia con partidos serios, responsables, con propuestas claras y rendición de cuentas. No más microempresas electorales. Una democracia sólida necesita menos partidos, pero más compromiso.

¿Qué propuesta concreta tiene para garantizar la paridad y los derechos de la mujer?

Colombia es uno de los países con una legislación más avanzada en materia de paridad y derechos de las mujeres, pero la realidad aún no está a la altura. Desde el Congreso voy a hacer control político riguroso para que se cumpla la ley, se garanticen cargos equitativos y se promuevan entornos donde las mujeres puedan participar, decidir y liderar. Además, apoyaré políticas públicas que fortalezcan el sistema de cuidados. La igualdad no se decreta, se hace cumplir.

La corrupción es un problema de primer orden en el país, ¿cuál es su propuesta concreta para hacerle frente a este flagelo y lograr resultados?

La corrupción se alimenta de un Estado enredado, sobrerregulado y lleno de trámites innecesarios. Por eso mi propuesta es clara: eliminar al menos 100 normas inútiles que hoy solo abren espacio para la coima, reformar los órganos de control que hoy no están sirviendo —incluso suprimiendo los que se volvieron botines políticos— y simplificar el Estado para que cada trámite tenga reglas claras, tiempos definidos y cero márgenes para la corrupción. Menos “tramititis” es menos corrupción.

Las encuestas señalan que por lo menos tres de cada cuatro colombianos tienen una imagen desfavorable del Congreso. ¿Qué haría para contrarrestar esa postura negativa?

Trabajar. La imagen del Congreso no se mejora con discursos, se mejora con resultados. Yo no llego a improvisar ni a figurar: llego a hacer lo que sé hacer, que es trabajar. Ya lo demostré con leyes útiles como la Antitrámites, la Historia Clínica Electrónica, el Viche y el Cáncer de Mama. Mi compromiso es claro: cero show, cero populismo y toda la energía puesta en legislar con rigor y sentido común. Al Congreso hay que devolverle la credibilidad haciendo bien la tarea.

¿Qué debe hacer Colombia con el manejo de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y Venezuela?

Colombia debe construir relaciones diplomáticas firmes con quienes respetan la democracia y rechazar a quienes impulsan modelos autoritarios. Con Estados Unidos, nuestra prioridad debe ser mantener una alianza estratégica que fortalezca seguridad, comercio y Estado de derecho, basada en respeto mutuo y cooperación. Con Venezuela, tenemos que promover una relación que favorezca la estabilidad, la legalidad y el bienestar de nuestros compatriotas en la frontera y más allá, sin legitimar gobiernos que vulneran derechos humanos y libertades básicas.

¿Cómo y con quiénes (particulares y/ privados) está financiando su campaña y cuánto le cuesta ese proceso?

Mi campaña se financia con recursos personales, familiares, créditos, aportes de empresarios comprometidos con la democracia y también con el apoyo del partido que me respalda. Todo el financiamiento será reportado de manera íntegra y oportuna al sistema Cuentas Claras.

¿A quién respalda y por qué para la campaña presidencial?

Respaldo a Juan Manuel Galán, porque el Nuevo Liberalismo hoy representa una forma seria, sensata y democrática de hacer política. Celebro, además, la Gran Consulta porque es una muestra de que en Colombia sí es posible conversar entre quienes piensan distinto, construir acuerdos y dejar atrás los extremos que tanto daño nos han hecho. Hoy más que nunca, el país necesita enrutarse con ideas, propuestas y liderazgo técnico, no con populismo.

De forma concreta, ¿qué política del presidente Gustavo Petro debería seguir después del 7 de agosto de 2026 y cuál tendría que acabarse? ¿Por qué?

Después del 7 de agosto de 2026 hay que reactivar Colfuturo: suspender un programa que forma a los mejores talentos del país fue un error imperdonable. Y hay que acabar con la alcahuetería de la mal llamada paz total, que empoderó criminales y debilitó la autoridad. Sin embargo, hay que reconocer que el gobierno actual visibilizó temas importantes, como la desigualdad y la exclusión histórica de muchas regiones. Esa discusión debe seguir, pero no solo con discursos, sino con acciones y resultados.

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